Un violador en (nuestro) camino

“Y la culpa no era mía, ni donde estaba, ni como vestía, el violador eras tu”

Esta famosa consigna ha recorrido el mundo en los últimos días como forma de protesta a través del canto y del baile, y además ha generado que muchas mujeres compartan su testimonio en redes sociales. Este performance fue creado por el grupo chileno llamado “Las Tesis”, su creadora ha referido al explicar el nombre de este grupo: “Nos llamamos “Las Tesis” porque nuestra premisa es usar tesis de teóricas feministas y llevarlas a puestas en escena para que se difunda este mensaje”.

“Un violador en el camino” es producto de una investigación que han hecho las cuatro mujeres sobre la violación. Esta canción forma parte de un performance feminista mucho más amplio que iba a ser estrenado en octubre, pero que se pospuso por el estallido de protestas sociales en el país. Como dato interesante, una de las estrofas de la canción es un extracto del himno de los carabineros en Chile, siendo una forma de protesta frente al uso de la violencia sexual para sembrar miedo por parte de los carabineros.

La letra se ha escuchado por todas las redes sociales, desde los muchos videos de réplica en distintas ciudades, hasta publicaciones que utilizan la letra para compartir testimonios. En los últimos días, a través de Twitter, muchas mujeres han utilizado esta letra para compartir sus testimonios de violación o abuso sexual utilizando la ya conocida estrofa: “Y la culpa no era mía (insertando edad en la que ocurrió), ni dónde estaba (lugar), ni cómo vestía (ropa que llevaba)”. La letra continúa con un contundente “el violador eres tú”. Esto ha generado distintas reacciones en redes sociales, muchas de apoyo y solidaridad, pero también otras a las que les ha parecido ofensiva la fuerza de esta frase.

La misma fuerza de esta estrofa recae en dos principales cosas:

  1. Visibiliza al agresor, lo que muchas veces es omitido cuando hablamos de denuncias de violencia sexual.
  2. Ataca la idea de que las víctimas de violencia sexual tienen la culpa, idea sumamente reforzada por los típicos “quién sabe dónde andaba”, “cómo iba vestida”, “seguro se dejó”, etcétera.

Me parece que, en conjunto, la letra ha sido un apapacho para todas las víctimas de violencia. Se ha logrado colectivizar el dolor a través de esta letra, pero sobre todo, ha sido un grito enorme para todas las mujeres víctimas de violencia.

Anteriormente, en mi primer artículo en este blog (No es nuestra culpa), les compartí un poco sobre una relación en la que viví distintos tipos de violencia, y de la que poco a poco he podido hablar. El tiempo inmediato después de haber terminado esa relación fue un periodo confuso y complicado, en el cual intentaba entender y procesar lo ocurrido. Una abogada a la que le tengo mucho cariño (no solo por esto, sino por muchas enseñanzas que me ha dado), un día me dijo que quería platicar conmigo. Al momento de la plática me preguntó qué estaba pasando, me dijo que le parecía que, a pesar de verme trabajar y esforzarme, realmente no estaba presente. Terminó con un “¿sucede o sucedió algo?” Intentando contestar su pregunta, comencé a dar vueltas a los últimos acontecimientos en mi vida, sin profundizar en detalles. La verdad es que, en ese momento, ni yo sabía bien la respuesta. Sin embargo, ella vio algo, no sé qué habrá sido exactamente, pero sus siguientes palabras fueron “lo que haya sucedido, no fue tu culpa”.

Ese “no fue tu culpa” fue un parteaguas para mí, fue el inicio de un proceso de reconciliación conmigo misma, pero sobre todo, fue el inicio de comenzar a entender, nombrar y perdonarme las violencias vividas. Veo en esta estrofa ese “no fue tu culpa” que muchas mujeres no tuvieron la oportunidad de escuchar, y que además, ha abierto un canal a través del cual nos hemos podido encontrar.

En muchas ocasiones el silencio de nuestras historias se encuentra condicionado por el miedo, vergüenza y por la idea de que al hablar, seremos señaladas, criticadas o culpabilizadas. Un ejemplo ha sido el caso de Karen, quien fue encontrada viva tras la denuncia de su desaparición, y en cuyo caso, medios de comunicación se han encargado de exponer y humillar, ignorando que, en un país feminicida como México, el hecho de que haya sido encontrada viva es un alivio. Por otro lado, este caso lo han utilizado para minimizar todos los demás casos de desaparición, feminicidio y violación.

La culpabilización que realizan los medios de comunicación también afecta a aquellas mujeres que aún no se sienten listas para hablar, porque llenan el espacio público de los ataques y cuestionamientos que muchas víctimas de violencia temen, fortaleciendo el miedo a hablar.

La ola de tweets de denuncias fue enorme. No podemos ignorar lo alarmante que es ver tantas denuncias y tan variadas, desde edades muy pequeñas a edades adultas, en espacios públicos o privados. Ojalá esta muestra sirva no solo para sentir(nos) acompañadas, sino también para que todas aquellas personas que aún culpan a las víctimas se den cuenta de que este es un problema estructural, que no es una, somos muchas, que estamos juntas y que justo por eso: lo personal es político.

Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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