Vivamos y amemos mientras tanto

Lo que digo es, si el futuro es negro y blanco, que vivamos mientras tanto

es una de las frases que más me gustan de la canción “Mientras Tanto” de Tommy Torres, el cantante favorito al que me la vivo persiguiendo desde que tengo 15 añitos. Me la sé de memoria y, casi casi, podría cantarla en reversa si alguien me lo pidiera. Siempre me ha gustado y, de alguna manera, también me ha esperanzado. Pero fue con el desarrollo de la pandemia por el Covid-19 que le agarré un poco de resentimiento y la razón detrás empieza con esta estrofa:

Vienen tiempos buenos… No lo dudo

¿Pero qué hacemos mientras tanto?

Me di cuenta de que estaba cansada de esperar. Porque, ¿esperar precisamente qué? Si algo nos ha demostrado la pandemia es que, a pesar de la solidaridad, resistencia y lucha diaria que haya a nivel individual y colectivo, existen fuerzas, sistemas y estructuras más grandes que alejan esos “tiempos buenos” aún más. Nuestros avances en materia de derechos y dignidad humana parecen ser frágiles y, sin importar que hayan tardado décadas o siglos en construirse, bastaron unos cuántos meses (en el caso del covid-19) para retroceder o, incluso, derrumbarse, como sucedió con las dobles/triples jornadas laborales a las que se enfrentan las mujeres alrededor del mundo.

Entonces, con eso mente, he de reconocer que mis emociones respecto a una de mis canciones favoritas se marchitaron cual plantita sin agua. Y vaya, no es nada contra ella. Es, más bien, el cansancio y la frustración de saberse pequeñitititita en medio de un sistema cruel e injusto que no parece querer mejorar, o al menos no en acciones, porque discursos hay muchos y, a veces, medio convencen, pero luego se olvidan o quedan sólo ahí, en el papel.

Vivimos con el miedo del último día

Desde que murió el último dinosaurio

Se acercan grandes cambios según los optimistas

Mejor no dar un paso, por si acaso

El pasado es cuento

El futuro no ha llegado

Se nos va la vida esperando

Todo el mundo apuesta

A que algún día saldremos de ésta

Y a mi lo que me interesa es el mientras tanto

fue la estrofa que hizo que me cayera el veinte mientras ponía mi altar de muertos hace unos días. Al escucharla, en lo que estiraba el papel picado en mi mesa, pensé en lo afortunada que era por el hecho de que a mi altar del 2021 no se le sumaran personitas queridas, al igual que en el de 2020. Más de cinco millones de muertes en el mundo por covid y, a pesar de ello, mi familia completa y mis personas más queridas a salvo. Comprendí que, aunque me queje mucho y aunque definitivamente me interpelen varias luchas y desigualdades, soy una persona sumamente afortunada y reconocí que, durante esta pandemia que ha arrebatado tanto, lo he sido aún más. Con esto no pretendo romantizar la vida de nadie, ni mucho menos quiero hacer que un problema tan grande trate sólo de mí o minimice el sufrimiento de otras personas, sólo busco reconocer que me siento agradecida y, también, que no siempre lo he sido.

Estoy agradecida por haber tenido dónde pasar un confinamiento seguro, sin violencia y con el suficiente ingreso día a día. Estoy agradecida por no haber sido víctima de las ineficiencias del sistema de salud y por el hecho de que tampoco ningún familiar lo haya sido. Estoy agradecida por las personas que, a través de la virtualidad, entraron en mi vida para llenarla de aprendizajes, risas y apoyo. Estoy agradecida por las vidas que me rodean y que sostienen la mía. Y, definitivamente, estoy agradecida por el amor que constantemente recibo.

Estoy muy agradecida y, en medio de esa gratitud, también reconozco las raíces de lo que me indigna, como el hecho de que no todas las personas puedan contar la misma historia que yo y, sobre todo, que los organismos que tienen el deber y responsabilidad de cuidar la seguridad y dignidad de todas las personas, principalmente las más vulnerables, hayan fallado tan rotundamente (y sigan haciéndolo).

No sé qué venga a continuación. No sé cómo siga avanzando la pandemia actual o qué virus nuevo esté por aparecer. Sólo sé que, si hoy me correspondiera hacer un corte de caja, los dos párrafos anteriores serían mi declaración.

Volviendo al Día de Muertos, me gustaría añadir un último apunte. Hace unos días vi que en redes sociales se estaba hablando sobre “las cosas que nos gustaría que pusieran en nuestro altar” y, entonces, la gente compartía imágenes de su comida favorita, de los objetos que representan las actividades que más aman, etcétera; así, de nuevo, me vino a la mente la canción de Tommy Torres y pensé que seguramente a eso se refería con el “vivamos mientras tanto”. Me di cuenta de que, antes de que a mi altar se sumen más fotos y objetos, quiero honrar tanto como pueda las vidas que hoy me rodean y conforman; honrar a mi mamá con los alcatraces que tanto le encantan; honrar a mi novio con muchísimo pan; honrar a mi Nala con los paseos más largos que me sean posibles; honrar a las personas que tengo lejos con un mensajito que les recuerde que las amo; honrar a mis amigas tomando el café o té favorito juntas; honrar a cada ser que está en mi vida con el lenguaje de amor que mayor comodidad y seguridad le genere, dentro de los recursos que me sean posibles; y, también, honrar mi vida con todo el cuidado, paciencia y comprensión que pueda.

Vía: emmiartbook

Dudaba mucho de escribir este texto. En gran medida porque no quiero caer en el típico error de “agradecer lo malo porque me hizo reconocer lo bueno”, esa no es mi intención ni objetivo y espero que no se entienda así. Soy partidaria de la idea de que hay muchísimo dolor que es innecesario, de que el aprendizaje nunca debería venir “a la mala” y de que, definitivamente, no todo “pasa por algo”, pues hay muchísimas injusticias, tragedias, tristezas y sufrimientos que  no deberían ocurrir bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, y por el otro lado, con las emociones que el fin de año siempre trae consigo, sentía la necesidad de compartir un cachito de esta gratitud y de las ganas de cuidar lo que me rodea mientras me sea posible, desde el entorno, hasta las personas, seres vivos, emociones y cosas.

Tengo 22 años, soy feminista y estudio Economía en El Colegio de México.
Me encantan las ciencias sociales, aprender sobre desigualdad y cuestionar todo desde lo estructural y sistemático.
Creo firmemente que todo aquello que se hace desde la empatía resulta mejor.

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