Violencia sexual: un arma de guerra que también afecta a los hombres

La violencia sexual es un término amplio que se refiere a cuando una persona es obligada a realizar o soportar una actividad sexual no deseada, como violaciones, torturas genitales, matrimonios impuestos, embarazos forzados, acosos, circuncisiones o abortos sin consentimiento. Este tipo de agresiones siempre han estado presentes en los conflictos armados y en las guerras, en donde pueden adquirir un carácter sistemático al formar parte de las estrategias que los bandos beligerantes desarrollan en contra de sus enemigos. Es decir, cuando tales atentados se emplean para debilitar al grupo contrincante o mantener el poder sobre una comunidad, éstos dejan de ser actos individuales para considerarse como un conjunto de procedimientos planeados, dirigidos y autorizados por alguna cadena de mando oficial, con el objetivo de vencer en el conflicto. En los últimos años, la comunidad internacional, en particular la Organizaciones de las Naciones Unidas (ONU), cada vez presta más atención a combatir la violencia sexual como arma de guerra, especialmente aquella que afecta a mujeres y a niñas, pues son un grupo particularmente vulnerable a padecerla; sin embargo, hace falta expandir la conversación acerca de las maneras en que la violencia sexual también se dirige en contra de los hombres y las formas en las que les afecta.

A pesar de los avances que se han logrado en cuanto a investigaciones relacionadas con la violencia sexual en contextos de conflicto armado, todavía existe un discurso simplista que divide este asunto sobre líneas de género: hombres en el rol de perpetradores y mujeres en el rol de víctimas. Lo anterior es evidente en cómo los medios de comunicación masiva tratan el tema: cuando un hombre sufre tortura los genitales, por ejemplo, usualmente es etiquetado bajo “actos inhumanos”, mientras que hay más probabilidades de que se le vea como violencia sexual si le sucede a una mujer; lo cual tiene consecuencias importantes en el caso que se elabora contra los responsables y la condena que reciben a la hora de buscar justicia. De hecho, en el sistema legal de algunos países, como Pakistán, las leyes referentes al crimen de violación no contemplan a los hombres en el papel de víctimas. También, es necesario llamar la atención al hecho de que la mayoría de las políticas públicas que buscan atender este problema, tanto a nivel global como en el ámbito nacional, se han enfocado en comprenderlo principalmente de las maneras en las que se reproduce en contra de las mujeres. Mantener esta visión rígida ha propiciado que se invisibilice la complejidad de este fenómeno.

Para luchar de manera efectiva contra la violencia sexual en ámbitos bélicos, hay que reconocer las dinámicas socioculturales que favorecen que la violencia sexual en contra de los hombres esté rodeada de tabús que hacen más difícil conseguir información, colocar este tema en la agenda pública y brindar atención a quienes sufren. Los estereotipos de género que vinculan los masculino con el poder y la agresividad explican por qué tantos sobrevivientes hombres tienden a no reportar sus experiencias, ya que al encontrarse en un papel de víctima que comúnmente se reserva a las mujeres, se presentan sentimientos de haber sido “feminizados” u “homosexualizados”, lo que añade una carga de vergüenza a su situación. Además, esas mismas ideas sobre masculinidad pueden vincular el haber “resistido” la tortura con nociones de honorabilidad o patriotismo, y así contribuir al silencio de los sobrevivientes. Aunque en las guerras hombres y mujeres padecen estos abusos de manera distinta, se trata de dos caras de una misma moneda: la utilización de los abusos sexuales para subyugar con fines políticos y militares. Por eso, hay que normalizar que la violencia sexual es una cuestión que atañe a los hombres de múltiples formas y en distintas dimensiones; así será más fácil dejar atrás su encasillamiento en la imagen de victimarios, para poder sanar verdaderamente a las comunidades que buscan  renacer de estos horrores.

Me llamo Ramón Fernando Stevens Martínez y soy estudiante de la maestría en Ciencia Política de El Colegio de México. Me dedico a temas de política exterior de México, así como sexualidades y teoría queer vistas desde las Relaciones Internacionales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *