Vacunas contra COVID-19: el caso de CanSino Biologics

Por Alonso Ortega Gurrola ( Twitter: @AlonsoOg )

En las distopías literarias que nos regalan Orwell en 1984 y Huxley en Un Mundo Feliz, se presentan dos escenarios diametralmente opuestos. Orwell pensaba que, en el futuro, los libros serían censurados y la información sería restringida para la población, mientras que Huxley pensaba que no habría necesidad de censurar libros ni de restringir el acceso a la información, ya que los espacios lúdicos serían tan reconfortantes que nadie leería libros o accedería a la información. Dejando las opiniones personales de lado, me entristece mucho ver que en pleno siglo XXI, en medio de una pandemia mundial de escalas monumentales, parece ser que las predicciones distópicas de Huxley son las que se cumplen.

En el contexto de la pandemia de COVID-19, ha existido un auge en la publicación de artículos de divulgación y artículos académicos que hablan de la enfermedad y de las vacunas, en términos de las vacunas, el efecto ha sido francamente aterrador. Sintiendo una profunda esperanza –casi modernista–e n las vacunas como las impecables salvadoras de la situación que todes vivimos ahora, la pregunta que ha preponderado sobre la población en general es ¿cuál es la mejor vacuna?, pero dicha pregunta ha estado atravesada por un aparato ideológico occidental que nos ha hecho pensar que las mejores vacuna han sido aquellas que fueron desarrolladas por las potencias hegemónicas occidentales, tales como Pfizer (EUA), Moderna (EUA), Johnson&Johnson (EUA) o AstraZeneca (Reino Unido), existiendo un tabú injustificado hacia otras vacunas, tales como lo han sido Sputnik V (Rusia), Sinovac (China), Sinopharm (China), CanSino (China), entre otras.

Para efectos de este texto, me enfocaré en hablar sobre la vacuna CanSino, la cual ha sido ampliamente criticada en los medios públicos, que ha sido desacreditada por el supuesto poco rigor científico con la que se desarrolló y, más aún, que ha sido rechazada por haber sido generada en China –país de donde, según la opinión popular es, que ahí solo hacen cosas chafas. Los medios de comunicación tampoco han hecho un gran trabajo al respecto, por lo que existe la idea general de que las vacunas chinas son malas. El problema con dicho discurso es que es fácilmente escalable a pensar que todas las vacunas son malas.

Brave_New_World, Vía Financial Times

Para entender por qué las vacunas pueden suponer una solución a la crisis mundial que estamos viviendo hay que primero conocer cómo es que funcionan las vacunas. Las vacunas tienen su origen por allá de finales del siglo XVIII, cuando un científico británico llamado Jenner realizó unos experimentos de vanguardia.

En sus estudios, Jenner describe que las trabajadoras que ordeñaban a las vacas en las granjas desarrollaban unas pústulas similares a las personas contagiadas con viruela. Sin embargo, estas trabajadoras parecían ser más resistentes a adquirir la enfermedad de la viruela. Lo que se le ocurrió fue un experimento sencillo: tomar un poco de muestra de las pústulas de estas trabajadoras (su primer paciente fue Sarah Nelmes) e inyectar dicha muestra de forma subcutánea en un niño llamado James Phillips. Posteriormente, Jenner condujo un experimento que en la actualidad sería considerado un crimen: expuso al niño James a estar en contacto con la viruela. Para sorpresa de Jenner y todos sus colegas, el niño desarrolló pústulas, pero no murió. La inmunización subcutánea derivada de las pústulas de Sarah Nelmes habían protegido al joven James Phillips de desarrollar una enfermedad grave de la viruela. Las publicaciones de Jenner fueron prohibidas durante un periodo considerable de tiempo debido a que la letalidad en estas prácticas era del 1-2%. Ahora sabemos que el experimento tenía todo el sentido del mundo: las vacas eran portadoras de un tipo de viruela que era menos virulenta que la que sucedía en humanos y presentarle al cuerpo los antígenos que debía desarrollar para combatir una enfermedad como lo era la viruela humana era esencial para asegurar la supervivencia del individuo en un caso grave de viruela.

Ahora bien, ¿cómo funcionan las vacunas? ¿Por qué el joven Phillips sobrevivió? Pensemos en las vacunas como las instrucciones que le damos al cuerpo para que se ponga alerta cuando haya un intruso. Imaginemos que el SARS-CoV2 es un ladrón y que nuestro cuerpo es una casa. En nuestra casa hay agentes de vigilancia de varios niveles: hay agentes muy especializados y algunos cuya función solo es de apretar el botón de alarma. En condiciones normales, cuando nos topamos con un ladrón nuevo, un agente de seguridad primero dejará pasar a la persona ya que no sabe si es un repartidor, un amigo o amiga de la casa que viene a visitar, o simplemente un predicador. En caso de que una vez dentro, el sujeto empiece a causar problemas, los agentes de seguridad apretarán el botón de alarma y los demás agentes esperarán pacientemente a que les describan al sujeto que acaba de entrar a la casa: ¿de qué color son sus ojos? ¿qué tipo de peinado lleva? ¿cómo viene vestido? El detalle más minúsculo es útil para que el sistema de seguridad evite que el ladrón cause un caos dentro de la casa.

Las vacunas cargan las instrucciones que le dirán al sistema de seguridad: “mira, hay alguien suelto ahí afuera que se viste así, que usa tal peinado, y que tiene los ojos de tal color. Si lo llegan a ver, no duden en neutralizarlo, porque viene a causar un problema grave dentro de la casa y no vale la pena esperar a ver qué intenciones tiene”. En el caso del joven Phillips, las inoculaciones subcutáneas de Jenner habían causado que el sistema inmune del joven estuviera atento a la infección por viruela, ya que sus agentes de seguridad ya tenían una fotografía de lo que se veía como un ladrón mal intencionado.

El problema del sistema inmune es que funciona en dos fases, lo cual tradicionalmente ha dividido su estudio como tal. En una infección, el sistema inmune innato es la primera línea de defensa, en donde varias células inmunes tratan de contener al patógeno. Sin embargo, esta línea de defensa no es específica y, por lo tanto, no es muy robusta, pero es lo suficiente para que el sistema de seguridad active a sus elementos más especiales –el sistema inmune adaptativo. Esta segunda línea de defensa es mucho más especializada y se dirige especialmente a reconocer a un patógeno y a neutralizarlo. Aquí es donde entran los anticuerpos y las células CD4+ y CD8+ (nomenclatura inmunológica que no vale la pena revisar). Los anticuerpos son pequeños péptidos que producen las células B diseñados a neutralizar una parte específica de un patógeno (imagine que reconocen los ojos azules del ladrón y lo neutralizan), mientras que las células CD4+ y CD8+ serán células inmunes que buscan y matan al patógeno (o al ladrón, como el lector quiera verlo).

A todo esto, ¿qué son las vacunas? En este escenario caricaturesco, las vacunas son como esas fotos que pegan afuera de los cajeros automáticos con la leyenda “SE BUSCA”. Cargan las instrucciones precisas para generar anticuerpos y, en la mayoría de los casos, estos anticuerpos le ayudarán al sistema inmune adaptativo a generar las respectivas células CD4+ y CD8+. Sin embargo, las instrucciones que cargan las vacunas pueden ir de diferente manera.

En el caso de la vacuna CanSino, la información está contenida dentro de un vector adenoviral, cuyo interior carga los genes que codifican a la proteína S del SARS-CoV2–digamos que usan un camión de FedEx (vector adenoviral) para llevar la USB que tiene la foto del ladrón (el gen de la proteína S). Nuestro sistema inmune producirá la proteína S gracias a las enzimas dentro de nuestras células y, posteriormente, se usarán como un molde para generar los anticuerpos. Una vez generados los anticuerpos, estaremos protegidos de una infección grave de COVID-19. Simple, elegante, tecnología del DNA recombinante, ciencia pura.

Si se entiende tan bien dicho proceso, ¿por qué tanto repele a la vacuna CanSino? Muchos de los comentarios que se han hecho alrededor de las vacunas no occidentales han estado dadas en términos de la eficacia de las vacunas. ¿Pero qué significa que una vacuna tenga mayor eficacia que otra? La eficacia es la medida que se da para decir qué porcentaje de la población que recibió la vacuna no desarrolló una enfermedad sintomática. Es decir, si la eficacia es del 96%, significa que 96 no desarrollaron ningún síntoma relacionado a la enfermedad contra la que protegen, mientras que otros 4 sí desarrollaron síntomas y se confirmó que estuvieron contagiados. Los números varían de una vacuna a otra, siendo que las personas están preocupadas en obtener aquella que tenga mayor eficacia. Sin embargo, dicho estadístico está entendido de mal manera.

La eficiencia con la que una persona genera una respuesta inmune está correlacionada con su estado de salud. Es decir, un joven sano y fuerte generará respuestas inmunes más robustas que una persona adulta mayor que padece comorbilidades. Cuando ambas personas, ambas vacunadas, se presentan ante un contagio, hay una posibilidad que algo sea subóptimo y que alguno de los dos no tenga la protección necesaria para contender con el desarrollo de la enfermedad. En este caso, probablemente la persona adulta mayor tenga más probabilidad de desarrollar la enfermedad a pesar de estar vacunado. ¿Esto significa que las vacunas no sirven? No, sino todo lo contrario: refuerzan las observaciones del sistema inmune que hemos estado describiendo desde hace ya más de 200 años.

El caso de CanSino es que los creadores han reportado una efectividad alrededor del 65% con una sola aplicación. Esto significa que el 65% de los vacunados no desarrollará ningún síntoma de la enfermedad aún siendo que estuvieron expuestos al virus. El otro 35% restante puede desarrollar algún síntoma, pero, según los desarrolladores, del 100% de vacunados, el 90% no desarrollará ningún tipo de enfermedad grave–es decir, probablemente no morirán de COVID-19 si están vacunados con CanSino.

CanSinoBio. Vía CGTN News

Si observamos a detalle los números, estos se parecen mucho a los números de otras vacunas. La vacuna de Johnson & Johnson tiene un 64% de efectividad para poblaciones Latinoamericanas, la cual es muy similar a la de CanSino si tomamos en cuenta que ambos productos son de aplicación única. La fórmula de AstraZeneca, por otro lado, tiene un 76% de efectividad en su estudio más reciente (y que se vio envuelta en un escándalo de mal manejo de datos, pero que no abordaré en este artículo), pero tiene un 100% de efectividad en evitar una enfermedad grave (nuevamente, diciendo que el 24% restante puede desarrollar síntomas pero que ninguno morirá debido a la protección que confiere). Otras vacunas han tenido un éxito apabullante, como lo son Pfizer, Moderna y Sputnik V, cuyas efectividades en evitar una infección sintomática se encuentra alrededor del 95%. ¿Qué significa esto para CanSino? En palabras simples y llanas: es lo suficientemente buena para evitar que mueras por la enfermedad de COVID-19.

La vacuna de CanSino ofrece una salida atractiva a un problema imperante: inmunizar a la población lo suficiente para que no mueran y hacerlo con una sola inyección. Gran parte del éxito en las campañas de vacunación chilenas se pueden entender por el uso masivo de esta vacuna, quienes han vacunado al 42% de la población con por lo menos una dosis. La distribución masiva de dicha vacuna ha resaltado un aspecto importante: su seguridad. Al vacunar a millones de personas y que no se reporten resultados adversos muestra, una vez más, que las vacunas desarrolladas contra la COVID-19 son seguras. Los casos de trombosis que se han reportado para algunas farmacéuticas son tan raros que es más probable generar un coágulo de este tipo por ingerir productos derivados del tabaco o por consumir pastillas anticonceptivas que por ser vacunado con dichas fórmulas. En realidad, es mucho más probable morir en un accidente automovilístico que por recibir una vacuna contra el COVID-19.

En otro aspecto, durante todo el texto se viene tratando un problema que probablemente no es aún evidente para el lector: podemos contraer el virus aún estando vacunados. Es decir, puede ser que el ladrón esté dentro de nuestra casa, e incluso que haga un poco de destrozos, pero nuestro sistema de vigilancia estará lo suficientemente entrenado para que ni siquiera nos percatemos de que algo sucedió. En este sentido, es altamente probable que nos contagiemos con el virus una vez que las cosas regresen a la normalidad y todes estemos vacunados, pero muy pocos de nosotres vamos a experimentar una enfermedad sintomática grave. Aquellos pocos (muy pocos) casos de gente que desarrolle enfermedades graves serán fácilmente atendidos en un hospital (ya que sea liberado el sistema hospitalario). Es ahí donde radica la importancia de las vacunas y del hecho de que funcionan como un escudo social y no individual. Mientras no sepamos quién está vacunado y qué tan eficiente es una vacuna para el prójimo: lavado de manos, distanciamiento social y uso de cubrebocas son esenciales para la convivencia en sociedad.

En resumen, quisiera concluir de forma enfática y explícita: la fórmula de CanSino es segura y es efectiva. Vacunarse con ella puede evitar la muerte en caso de una infección por SARS-CoV2. El aparato ideológico actual ha mermado la credibilidad de los desarrollos occidentales, al grado que tememos recibir algo que nos va a salvar la vida. Algunas de las críticas que le han hecho a la vacuna son válidas, pero aplican para absolutamente todas las vacunas que existen actualmente y, mientras no entendamos que es un problema de responsabilidad colectiva y por lo tanto es necesario vacunarse, no saldremos nunca de esta crisis. ¿La mejor vacuna? Es la que se tiene al alcance.

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