Una marcha desde el privilegio

Estoy firmemente convencido de que las marchas han tenido una utilidad e impacto social importante en la historia del mundo, en especial para el reconocimiento de derechos humanos. El día de ayer tuve la oportunidad de escuchar a Nancy Walker -activista y presidenta de Kóokay– y en su charla, ella mencionaba la importancia de la exigencia de los derechos, esto con un sencillo ejemplo, que para abolir la esclavitud no fue que un hombre, un buen día se despertara y dijera que todos serán libres, sino que es el resultado de la demanda, la exigencia y la lucha por su reconocimiento.

Eso son las marchas, una forma de visibilizar una problemática, decirle al mundo que tal grupo en situación de vulnerabilidad existe y que #NoSomosCuatro; una marcha feminista en la que las mujeres hacen suyos los espacios o una que busque exigir justicia a las autoridades. Estas, mediante la organización, tienen un fin u objetivo que buscan que sea visibilizado y resuelto por quienes deban garantizarlo. Cada marcha tiene sus formas, la gente suele incomodarse al ver a esos grupos empoderados como la comunidad LGBT+ que lo hace con colores y música o las mujeres que en algunos casos lo hacen con los senos descubiertos o los padres de los 43 que lo hicieron entre la lágrima y el coraje. No importan las formas, sí el objetivo.

Lo anterior no fue el caso de la marcha “silenciosa” para exigir la renuncia del presidente Andrés Manuel. No tuvo un objetivo claro, real y congruente. Fue más bien el miedo de lo que en su mayoría es una clase social acomodada que teme perder sus privilegios. Un puñado de personas que no ven las brechas de desigualdad en el país como un problema, sino como la coyuntura ideal para sacar provecho económico.

Veía en entrevistas realizadas a gente que asistió a la marcha y sus reacciones eran: “Soy empresario de la construcción y la mueblería. Tengo un chingo de obreros, pobrecitos tienen una mentecita (gesto de pequeño), así son, así nacieron” o “Soy fifí porque soy educada, porque estudié, porque trabajo. Orgullosamente fifí”. Básicamente fue una marcha de odio hacia las personas que votaron por AMLO y hacia el presidente mismo. Así, sin más.

Como dije con anterioridad, las marchas tienen un atributo específico y es el objetivo. Una marcha con credibilidad, conocimiento, reconocimiento y seriedad hubiera sido por la construcción del Tren Maya sin consulta a pueblos indígenas, por el excesivo uso de la adjudicación directa y no de la licitación pública para entregar los contratos de obras o proyectos, por los índices de violencia que van en aumento, por los periodistas a los que ha puesto en entredicho su libertad de expresión, por la guardia nacional, por la falta de recursos para el tratamiento de las personas que viven con VIH, por la opacidad y el aumento de costos del aeropuerto de Santa Lucía, entre otras problemáticas que son las que en realidad han hecho que la cuarta transformación no lo sea ni a los talones.

En suma, el problema de la marcha es que careció de todo propósito y lo suplieron con odio, insultos y discriminación. La gente parecía ignorar las problemáticas pero dispuesta a señalar culpables ¿realmente tienen argumentos para exigir la renuncia del presidente? Parece que no, aunque si existan.

Me preocupa que la polarización vaya en aumento y que la inoperancia de la 4T nos lleve a una derecha radical. Andrés Manuel tiene la ventaja con el índice de aprobación a su favor y a los poderes rendidos a sus pies, pero nada es eterno y en la política los errores por más pequeños que parezcan suman, cuentan y te pasan la factura. Me preocupa que la exorbitante cantidad de adjudicaciones directas se conviertan en escándalos de corrupción y le exploten en la cara como a Peña Nieto. Me preocupa que no es el Andrés Manuel de las campañas, sin sensibilidad ante las víctimas y la violencia. Me preocupa que con el paso del tiempo la derecha radical perfeccione su organización, que se empodere y que encuentre un líder. Déjense de las falacias con Venezuela. Los precedentes están en lo acontecido en Estados Unidos, Brasil y España, la izquierda defrauda y la derecha radical se aprovecha. No lo digo yo, lo dice la historia.

Tengo 23 años y estudio derecho. Escribo de lo que me transita desde los derechos humanos. Me interesan los temas de justicia distributiva, políticas públicas y derechos de las personas LGBT+. Lo más importante para mí en este blog, es ofrecer un espacio seguro para todas las personas históricamente discriminadas a las que nunca nos han escuchado.

Considero que es importante cuestionar todo desde el aprendizaje empático y en compañía de una taza de café.

Una respuesta a «Una marcha desde el privilegio»

  1. gracias por hacerme sentir orgulloso de ti hijo
    te veo en el lugar de los pocos agraciados y muchos incómodos,en medio de la balanza mirando objetivamente hacia arriba hacia abajo a la derecha y a la izquierda .El punto neutro el punto ciego
    sin contrapesos
    ok vamos pa lante hijo

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