Un partido contra el país que existe, pero no existe

A finales de marzo, la selección española de fútbol disputó uno de sus varios partidos clasificatorios al Mundial de Fútbol en Catar el próximo año. Todo normal y rutinario como de costumbre: una clasificación casi directa sin contratiempos. Al momento del sorteo para esta clasificación, la sorpresa fue mayúscula: los rivales serían, Suecia, Georgia, Grecia y… Kosovo. Por primera vez en la historia, la selección de España tendría que enfrentarse a este país al sur de Serbia. La atención no se la llevó la complejidad, por lo menos no la  del partido en sí, sino que, por primera vez, la selección española y el fútbol tocarían esa frontera no tan lejana de la diplomacia política e internacional: el equipo ibérico tendría que enfrentarse a un país que, a los ojos del Gobierno Español, no existe.

Empecemos con lo básico: ¿qué y donde está Kosovo? La República de Kosovo es un país que alcanzó la independencia de la República de Serbia en 2008, tras una larga historia de conflictos y guerras que desplazaron y acabaron con la vida de muchísimas personas en ambos bandos. Al día de hoy, Kosovo es el país más joven en Europa; además de ser ese ente invisible que saben que está ahí, por más que algunos se empeñen de su inexistencia. Respecto a su reconocimiento, Kosovo tiene relaciones con 90 de los 193 países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU); siendo fuertemente apoyado en sus aspiraciones por Estados Unidos y casi toda la Unión Europea,  de la que es parte España (junto a Grecia, Chipre, Rumanía y Eslovaquia). Por otro aldo, ni la República Popular de China ni la Federación Rusa han otorgado su reconocimiento a este país, ¿qué tienen en común todos estos países para no hacerlo?

Sin mucha investigación, es fácil notar que la gran mayoría de los países que no reconocen a Kosovo enfrentan situaciones similares a las de Serbia durante el acto de independencia kosovar. Se miran al espejo y se reconocen en un estatus igual o parecido en donde, en caso de otorgar su reconocimiento a Kosovo, los gobiernos de estos países entrarían en una gran contradicción hacia dentro de sus propios territorios. Ya sea la región del norte de Chipre, reconocida únicamente por Turquñia; Chechenia en Rusia o el Tíbet en China, el origen del desconocimiento radica en que si reconocen a Kosovo, no hay argumento para no reconocer hacia adentro de igual forma.

Esta razón es igualmente válida para explicar la razón por la que España no reconoce a Kosovol, reconocer a este país implicaría dar legitimidad a los movimientos independentistas al interior del país (vasco y catalán), quienes podrían declarar una independencia unilateral a la Kosovo. Es por eso que, para el Reino de España, la república de Kosovo no existe.

Lo divertido de esto es que, aunque tú digas que no existe, sí que lo hace y al existir, tiene derecho a participar en competencias deportivas internacionales al mismo nivel que cualquier otro país. Los azares del destino hicieron que, para clasificar al próximo mundial de fútbol, la selección de Kosovo tuviera que eliminarse con tres países que no le reconocen: España, Georgia y Grecia. Hace unos días, el partido contra España se llevó a cabo en Sevilla, destacando un conjunto de artimañas y curiosidades diplomáticas que tenían como fin el jugar un partido contra un rival invisible e inexistente (desde la óptica de España).

Mapa con la ubicación geográfica de Kosovo.
Vía: RFE/RL

No hubo banderas en el estadio ni en los marcadores (se usaron los escudos de ambas federaciones); se hizo referencia a que sonaría el himno del territorio de Kosovo (no del país) y a que se jugaría contra el equipo de la Federación Kosovar de Fútbol. Finalmente, el marcador podía leerse como “ESP – kos” en la transmisión del partido. La indicación del gobierno era clara: establecer con énfasis que se jugaba contra un país que no existe, mismo al que se le gano y cuyo resultado otorgó unos puntos valiosos y reales para la clasificación.

La frontera entre las competencias entre países y las relaciones internacionales es muy delgada y, cuando se tocan entre ellas, tenemos ejemplos y sucesos que nos recuerdan lo complejo (o no) que puede ser el entramado internacional. Desde la participación olímpica de los dos Coreas bajo una sola bandera, a que Israel se elimine del mundial de fútbol contra países europeos y no asiáticos; estas complejidades nos regresan a la realidad del impacto que las decisiones tomadas en despachos pueden tener en territorios alejados y distantes para bien o para mal: el simple reconocimiento puede hacerles la vida fácil o difícil a millones de personas. Ojalá que este caso curioso traiga de nuevo a la luz el caso kosovar e impulse un acuerdo definitivo entre Pristina y Belgrado, más allá de los capoteos y elusiones de un gobierno que hizo todo lo posible para dejar claro que su selección de fútbol estaba jugando contra un país inexistente.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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