Un país en crisis y las decisiones del presidente

La pandemia de Coronavirus fue sólo la gota que derramóel vaso en esta nueva crisis económica mundial, ya que los mercados daban síntomas de estar enfermos desde finales de 2018. Al día de hoy, no sabemos a bien la totalidad de los efectos negativos que tendrá esta crisis debido a que la pandemia sigue en curso y con ello la parálisis de las actividades económicas en los países afectados. Aunque sí podemos darnos una idea del panorama en los próximos meses gracias a las estimaciones de entidades como el FMI, cuya directora, Kristalina Georgieva declaró:

“Anticipamos las peores consecuencias económicas desde la Gran Depresión”

No son para menos estas declaraciones, ya que el FMIestimó que 170 países experimentarán una recesión este año, siendo los países emergentes y en vías de desarrollo los más afectados, mismos a los que invitó a hacer uso de sus créditos para enfrentar la crisis.

Georgieva también dijo que si la crisis sanitaria logra controlarse en la segunda mitad del 2020, podríamos observar una recuperación parcial de los mercados en 2021. De lo contrario, la crisis se acentuará aún más.

Aún con estas noticias, desde Palacio Nacional se ha dado prioridad a otros asuntos. Contrario a lo que cualquier autoridad económica recomienda, México no sólo no incrementará su gasto público para salir de la crisis, sino quepor el contrario, lo reducirá.

En México las cosas no pintan nada bien, ya que no sólo está sufriendo los efectos del Coronavirus en su economía, sino que ya venía arrastrando una tendencia negativa desde el 2019 y también se enfrenta a una crisis al interior de Pemex,ya que es inminente una reducción en la nota crediticia de la empresa productiva del estado en los próximos meses. De ser así, sus bonos serían catalogados como basura y terminaría la principal fuente de financiamiento de Pemex, lo cual provocaría el despido de gran parte de sus más de100,000 trabajadores y un futuro incierto para sus pensionados en medio de una crisis económica.

En un informe dado el 5 de abril por el presidente Andrés Manuel López Obrador desde Palacio Nacional, se anunció una serie de medidas para enfrentar la crisis económica, que fueron catalogadas como insuficientes y muy ambiguas. Aunque algo dejó claro el presidente en ese informe: la construcción de los tres proyectos insignia de su administración no pararía, aún con una crisis sanitaria en curso y una crisis económica en puerta. Esta decisión fue duramente criticada por no reasignar los recursos de estos proyectos para apoyar a las PYMES en este contexto de crisis.

Pocos días después, el jueves 9 de abril el presidente condicionó el apoyo gubernamental de las PYMES al pago de los adeudos fiscales de 15 grandes consorcios por más de 50 mil millones de pesos. Además, López Obrador dijo que dichos recursos también serían utilizados para comprar equipo médico faltante para atender la crisis sanitaria.

Ese mismo día por la tarde, hubo una reunión de los representantes y secretarios de energía que conforman la OPEP y los países que no son miembros de dicha organización pero que producen petróleo, como es el caso de México. En dicha reunión, se buscaba pactar una reducción en los niveles de producción de todos los países reunidos para así estabilizar los precios del petróleo, los cuales se handesplomado desde marzo luego de una guerra de precios entre la OPEP y Rusia.

Sin embargo, Rocío Nahle, secretaria de energía de México, se negó a reducir en 350 mil barriles la producción diaria de México debido a la delicada situación de Pemex, motivo por el cual abandonó la reunión y provocó un gran ambiente de incertidumbre sobre si habría un acuerdo o no, incluso Irán propuso dejar fuera del acuerdo a México.

Todos los expertos y analistas que seguían el evento coincidieron en que México hizo el ridículo en dicha reunión. Pocas horas después los presentes en la reunión publicaron un comunicado oficial en el que se especificaban los puntos de acuerdo y las condiciones del trato. En el punto número 3 se especificó que el trato se condicionaba a la participación de México en el mismo. Al día siguiente, Donald Trump informó en conferencia de prensa que había platicado con Andrés Manuel López Obrador por teléfono para llegar a un acuerdo. México reducirá en 100 mil barriles de petróleo su producción y Estados Unidos reducirá su producción en 250 mil barriles extra a lo que originalmente iba a dejar de producir para apoyar a México a cubrir sucuota de reducción de producción. Esto a cambio de un pago en el futuro, sin especificar en qué consistía dicho pago.

Ahora bien ¿Valió la pena esta jugada por parte del gobierno de México? Probablemente no, ya que por más contradictorio que parezca, a Pemex le es más costosoproducir y vender más petróleo en este momento. Esto se debe a que Pemex está sobreexplotando sus campos productivos y a mediano plazo esto representa un mayor costo debido a que se deja de contar con barriles de petróleo que podrían venderse a un mejor precio en el futuro. Además, esto implica una forzosa inversión en la exploración y explotación de nuevos pozos para compensar el hecho de consumir anticipadamente el crudo con el que se contaba a futuro.

En síntesis: Estamos vendiendo más barriles a un precio más barato del que podríamos vender esos mismos barriles en un futuro.

En conclusión: Las recientes decisiones tomadas por el gobierno de México van en contra de toda regla y son demasiado riesgosas. Falta ver cómo se desarrolla la situación sanitaria y económica en el país en los próximos meses para poder concluir si las decisiones fueron acertadas o suicidas.

Soy estudiante de la carrera de administración en el ITAM. Me gusta todo lo relacionado con la política, economía y negocios.

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