Un encuentro entre feminismos

Este año el feminismo en México se enfrentó cara a cara con algo: diversidad. Y no me refiero a la diversidad entre cada una de nosotras las mujeres, me refiero a la diversidad de los feminismos.

Si bien en muchas ocasiones escuchamos que medios, personas o incluso libros se refieran a “el movimiento feminista”, la realidad es que no es UN feminismo, son varios feminismoS.

En los últimos días vivimos diversos acontecimientos, desde las actividades que muchas organizaciones y colectivas organizamos con motivo del Día Internacional de la Mujer (8M), la marcha respectiva y el paro del 9M.

Desde mi vivencia, me llenó de alegría ver que la mayoría de las actividades de las que fui parte estuvieron llenas de mujeres de todas las edades, quienes activamente participaron en los talleres, compartieron experiencias y en cada actividad lográbamos construir.

El día de la marcha no fue la excepción, en Mérida, muchísimas mujeres acudieron a la concentración convocada en el monumento a la patria; de todas las edades, con y sin discapacidad, adultas mayores, niñas, acompañadas de amigas, parejas o incluso de otras mujeres de su familia.

Si bien, la gran convocatoria que tuvo la marcha realizada en Mérida es algo que nos motiva y nos llena de alegría, también hizo que nos encontráramos distintas generaciones y posturas, generándose ciertos roces y encuentros.

Yo comencé a ir a marchas y manifestaciones hace aproximadamente dos años, todas las marchas y manifestaciones feministas han sido un encuentro entre las unas y las otras; personalmente, me identifico como feminista interseccional y en estos espacios siempre he encontrado compañeras y amigas que se identifican como feministas radicales, lesbofeministas, anarco feministas, etc. Cada una, desde nuestros feminismos, hemos encontrado en la protesta social espacios comunes en los que nos unimos para la visibilización de la violencia contra nosotras.

Pero ¿Qué sucedió este 8M? Este año, muchas mujeres acudieron por primera vez a una marcha feminista. Hubo quienes decían que fue una experiencia increíble para ellas, que sintieron la emoción y sororidad de gritar y marchar juntas y que esperan volver a acudir a una manifestación.

Por otro lado, hubo algunas que durante (y después) de la marcha cuestionaban medidas de seguridad, el uso de aditamentos para cubrir nuestros rostros, la medida de no fotografías ni video al rostro, el uso de pañoletas verdes. En la CDMX hubo mujeres que ante las pintas decían que “esa no eran formas de protestas” y que “ellas no las representaban”.

De manera personal, me tocó presenciar una situación de este tipo en la marcha de Mérida, en la cual dos señoras cuestionaban las medidas de seguridad tomadas frente a los policías que se encontraban en el lugar, preguntando ¿Por qué nos sentíamos tan vulnerables? ¿por qué le teníamos miedo a la policía? Mas en tono de reclamo y confrontación, pese a las explicaciones y ante la renuencia de acatar las medidas de seguridad, una de las chicas ahí presentes, con respeto, le respondió “señora, el 25 de noviembre, a mí y a mis amigas nos detuvieron en una manifestación”.

Tras recibir esta respuesta, la señora sorprendida le preguntaba “¿en serio? ¿han detenido chicas aquí en Mérida?” a lo que la chica le contestó “Sí, ¿no lo vio en las noticias?”, la respuesta fue silenciosa.

Para mí, esta situación ejemplifica el encuentro e incluso choque que hubo entre las mujeres que asistimos a la marcha, quienes quizá desde un feminismo más liberal no tomaron en consideración las distintas situaciones y experiencias de vida que hemos tenido cada una de nosotras.

El feminismo liberal busca la igualdad entre hombres y mujeres, apostando por los cambios en el sistema para eliminar la desigualdad, pero sin considerar otras formas de opresión y explotación. Si bien el feminismo liberal aportó y forma parte del movimiento feminista, otras corrientes han buscado incluir los distintos sistemas de opresión y vulnerabilidades específicas, como el lesbofeminismo, el transfeminismo, el feminismo interseccional, etc.

Ignorar las necesidades específicas de ciertos grupos se traduce en violencia estructural; el reconocer nuestros privilegios nos permite empatizar con otras mujeres.

Somos objeto de violencia por ser mujeres, pero esta violencia es distinta cuando se conjunta con otros factores, como la edad, clase social, nacionalidad, discapacidad, disidencia sexual, etc.

Recuerdo que me impactó ver la seguridad con la que dos mujeres, de clase social alta, sin discapacidad, no indígenas, marchaban con dos carreolas y sus hijxs, se adelantaban a la seguridad, sin miedo y sin más que una blusa morada; por mi parte, desde días antes recordaba los hechos de #25N, que, si bien yo no fui una de las detenidas, pude ver los procesos de manera más cercana de lo que esperaba.

Pensar en el riesgo que corría, así como las mujeres jóvenes que me rodeaban, de ser detenidas por policías e incluso abusadas, o simplemente de recibir represarías laborales o educativas por el reconocimiento de mi rostro, les daba un significado totalmente distinto a las medidas de seguridad, que quizá para ellas parecieran exageradas.

Este 8M nos encontramos, y me hizo feliz ver tantas mujeres que no había visto antes, pero hizo falta empatía por la de alado, reconocimiento de los privilegios que nos ponen en una situación más cómoda que las otras.

Cuando decimos que la seguridad la hacemos todas, no solamente es por la protección de la colectividad, también es por una colectividad sorora pero sobre todo, empática. Empatía que nace del reconocimiento de las necesidades específicas y de nuestra diversidad como mujereS.

El movimiento y la protesta social no es para meternos a todas en una sola caja, es para a(r)marnos entre nosotras: las mujereS, porque somos muchas, muy diversas y todas son bienvenidas.

Me encantó escuchar las historias de amigas que estaban muy emocionadas tras su primera marcha y quienes cada vez tienen más dudas e interés por el movimiento y los feminismoS, porque marcharon junto a una anarca, una radícala, una interseccional, una lesbofeminista, y etc, y cada una de ellas las hizo sentir seguras, gritaron la misma consigna, en un ambiente de sororidad. Creo que ese es el espíritu de la protesta social, acompañarnos, no enfrentarnos.

Personalmente, creo en la educación desde el amor y a través de compartir(nos), por lo que esta es una invitación a que cada una de nosotras, entre nuestras diferencias reflexionemos sobre el privilegio y no ataquemos a aquella cuyo feminismo es distinto al nuestro, aquí hay lugar para todas.

Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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