Uigures

Describo el siguiente escenario: en un territorio concreto, el máximo líder, popular y autoritario, decide iniciar un enfrentamiento directo contra una de las minorías que se encuentran en el espacio que controla. Esta minoría es entonces recluida en campos de concentración y forzada a trabajar en ciertos sectores e industrias. Bien podría estar describiendo los inicios del holocausto judío por parte de los nazis, pero no. Este contexto descrito es vigente y actual en pleno siglo XXI, ejercido por la segunda economía más grande del mundo: la República Popular China.

Cuando la República Popular China (RPC) se fundó en 1949, agrupó a un conjunto de naciones distintas entre sí entre las que predomina, en su mayoría, la etnia Han (a la que pertenecen los líderes del país). Sin embargo, al ser un país tan poblado y extenso, tenemos grupos distintos entre sí: partiendo de los grupos mongólicos del norte, pasando por los grupos tibetanos en el suroeste y terminando con la etnia uigur en el noroeste del país.

Sin embargo, el que un país agrupe en su territorio a distintos grupos étnicos o nacionalidades no implica un conflicto directo o la imposición de un grupo hacia otros. La democracia justamente ha permitido que países como Bélgica, el Reino Unido o España, todos ellos con distintos grupos nacionales diferentes a los mayoritarios, tengan un sistema político y social en donde la participación (con espacio a mejora) de las minorías está garantizado. La pluralidad es una característica de estos territorios y de la democracia misma, permitiendo incluso que estas entidades subnacionales tengan sus propios gobiernos locales y cierta “independencia” o autonomía del resto del país. Esto no existe en el autoritarismo.

En la RPC existe hoy en día uno de los peores autoritarismos actuales: maquillado al exterior como moderno, pero tomando represalias ante los disidentes del régimen. Esto no ha sido nuevo. El gobierno de la RPC tiene un largo historial de persecuciones políticas. Sin embargo, han dado un paso más allá en las acciones cobardes de autoritarismo: mantienen hoy un sistema de segregación, de concentración forzosa y de adoctrinamiento masivo en contra de un grupo cultural en concreto: los uigures.

Demos un paso atrás: ¿quiénes son las personas uigures? Bien, las y los uigures son un grupo étnico de origen turco que terminó atrapado dentro de la esfera china por los vaivenes de la historia. Hablan un idioma similar al turco y se sienten más identificados con sus vecinos de Turkmenistán o Kazajistán que con los Han de China. Viven actualmente en la región de Sinkiang. La gran mayoría profesa el islamismo y culturalmente se sienten distintos. Lo que en una democracia se solucionaría con delegación de facultades para un tipo de autogobierno, la RPC lo hace encarcelando y adoctrinando a sus ciudadanos. Se les priva de su libertad y se les viola únicamente por hablar distinto, por ser distintos.

El gobierno chino alega que las medidas que toma son represalias a los distintos ataques por grupos islamistas extremos e independentistas. Sin embargo, se estima que al día de hoy hay aproximadamente un millón de personas encerradas en campos de concentración, en donde muchas veces la única causal es el compartir un porcentaje alto del ADN con un grupo de origen turco que no chino.

Como en todos los genocidios o encarcelamientos por causas raciales o políticas, el gobierno se excusa hacia fuera y, al principio, este lo negó. Tras varios testimonios e investigaciones independientes, han terminado por reconocer la existencia de estos centros, definidos por ellos como de “reeducación”. Por otro lado, el gobierno ha impulsado la migración masiva de ciudadanos de la etnia Han a estos territorios, antigua técnica de conquista territorial de sembrar personas. Incluso, el gobierno ha construido una vía de tren rápido para acceder a esta lejana región desde el centro del poder político del país. Como la autocracia que es, se ha hecho lo que el dictador ha propugnado: acabar con los uigures a través de todos estos flancos.

Distribución de la etnia uigur.
Fuente: Human Rights Watch

Poco a poco, los distintos parlamentos de varios países han alzado la voz en contra de este crimen que se está cometiendo en la RPC. Recientemente, los parlamentos de los Países Bajos, Canadá o Francia han declarado estos hechos como genocidio. El gobierno de Estados Unidos lo está impulsando también. Sin embargo, molestar al titán asiático no es una decisión fácil. El poder económico que tiene es un impedimento para hacerle frente y recriminarle por estos delitos en contra de la población inocente.

El mundo no debe callar y debe alzar la voz. Ejemplos históricos existen muchos, en donde la comunidad internacional actuó hasta que fue demasiado tarde y esos campos de concentración pasaron a ser campos de exterminio. Se le tiene que plantar cara a la RPC cueste lo que cueste, antes de que sea demasiado tarde. El monstruo que hoy es la RPC crece y crece sin control, extendiendo sus tentáculos hacia otros territorios (Hong Kong y Taiwán). Al ver que no hay consecuencias, lo sigue haciendo y aumenta el nivel. El mundo debe poner un alto a las violaciones de derechos humanos que hay en contra de los uigures en China. Por coherencia ideológica, se debe hacer.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

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