“Así Nos Ven” (When They See Us), como la escoria de una nación

A finales de la década de los ochenta, Nueva York se vio azotada por una ola de crímenes sexuales —en su mayoría violaciones— ante la incapacidad de las autoridades por dar con los responsables. Estamos hablando de una época en la que era impensable que un estrafalario magante como Donald Trump llegara a la presidencia, pero en la que el discurso racista de gente como él estaba “muy de moda”. Tengamos esto en mente para continuar: un sistema de justicia incompetente más un racismo palpable.

Tron sueña con ser la próxima estrella de los Yankees. Kevin toca la trompeta, es algo tímido pero hoy ha decidido colocarse al frente de la banda escolar y “hacer lo suyo”. Korey intenta convencer a su novia de ir a comer pollo frito. Ray se dirige a una fiesta para impresionar a Sharene —aunque a ella en realidad le interesa Nick­­–. Yusef es invitado por un güey cool a una turba de jóvenes afroamericanos que se dirige a Central Park para “salvajear” mientras suena “Microphone Fiend” de Eric B. & Rakim de fondo: “La sensación de suspenso es intensa, estás horrorizado. Pero esto no es el cine o Los Cuentos del Lado Oscuro”, menciona uno de los versos de la canción.

“When They See Us” (Así Nos Ven) es la serie más vista en Netflix US desde su estreno. Relata el calvario vivido por Tron, Kevin, Korey, Ray y Yusef desde el momento en el que tomaron la decisión de seguir a la multitud previamente descrita, colocándose en el lugar, momento y color de piel equivocados. Los cinco son adolescentes (cuatro afroamericanos y un latino) que viven en Harlem, Nueva York y cuya vida cambió para siempre la noche del 19 de abril de 1989, fecha en que Patricia Meili, una mujer blanca que hacía ejercicio, fue violada y torturada en el parque.

A once años del nuevo milenio, Estados Unidos aún vive tiempos oscuros en cuanto a la discriminación racial. “A couple of beaners were out for a midnight stroll, called it in” es la frase —”beaner” para referirse a un mexicano— que utiliza uno de los detectives para informar a Linda Fairstein, la fiscal, del momento exacto en el que encontraron el cuerpo moribundo de Patricia. ¿Niños negros en un parque vagando al mismo tiempo que ocurre un crimen de gravedad? Bingo.

La serie muestra el violento, racista y corrupto proceso jurídico que experimentan —siendo Korey el único con 16 años— estos menores de edad: coaccionados por los policías para dar declaraciones falsas en papel y video, culparse entre ellos sin siquiera conocerse y llegar a “acuerdos” si cooperan, lo cual termina por ser falso —me detengo aquí para comentar que las actuaciones de los jóvenes actores son, para mí,  impresionantes, desde el hecho de tener que aparentar una mentira —dar testimonios ficticios— dentro de su misma interpretación.

“When They See Us” narra estos hechos a partir de cuatro capítulos que condensan el antes, durante y después de la vida de “los cinco de Central Park” como se les conoció mediáticamente durante más de una década. Es una serie dolorosa que nos coloca ante la inminente necesidad de encontrar culpables para hacerle justicia a una mujer violada y, al mismo tiempo, la impotencia de saber que eres inocente frente a un país  que te odia debido a sus prejuicios:

“Los detalles no importaban no importaban porque no había guión. Venían de un mundo de drogas, ayuda social, armas, indiferencia e ignorancia. Venían de una tierra sin padres, de la provincia salvaje de los pobres, y los impulsaba una furia colectiva llena de la vibrante energía de la juventud. Sus mentes, rebosantes de imágenes violentas de películas, solo tenían un objetivo: aplastar, herir, robar, detener, violar. Sus enemigos eran ricos. Sus enemigos eran blancos”, redacta un periodista en cuanto ocurre la detención, sin ningún beneficio a la presunta inocencia. En efecto, “así los ven”.

Es inútil gritarle a la pantalla, la sentencia ha sido dictada. Probablemente lo que más me impacta son los años de juventud robados, algo que nadie les va a poder devolver. El sistema les falló, y la forma en la que se muestra lo complicado de una reinserción social da para reflexionar. Vemos a los padres y madres educando a sus hijos por teléfono, visitándolos para contarles las anécdotas que se han perdido y recordarles que no están solos, mientras ellos experimentan el estigma que implica ser la escoria de una nación.

La mini serie ofrece momentos sumamente conmovedores, como cuando la madre de Kevin le explica que “la felicidad es tener algo que esperar” o ver a Korey negarse a aceptar la libertad condicional hasta que se demuestre que él no cometió ningún crimen. Es un relato de muchísimos sentimientos encontrados, de profundos debates internos, y que puede ser una muy buena razón para conversar sobre nuestras filias y fobias en cuanto al otro y lo precario que es encontrar la verdad en nuestro —aparentemente ineficaz— sistema de justicia.

Fondea el contenido joven

YucaPost es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. No recibimos patrocinios privados ni fondos públicos, pero tú puedes ayudarnos suscribiéndote a nuestro Patreon o haciendo una donación por PayPal. Tu apoyo será destinado exclusivamente a pagar costos de dominio, mantenimiento y alojamiento.

Guionista yucateco radicado en la CDMX. Escribo sobre películas, series y debates del momento.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *