Tu casa privilegiada no se está quemando

El legado racista dentro de la comunidad LGBTQ+.   

A veces debemos de ver el pasto del vecino antes de vernos al espejo para iniciar conversaciones urgentes y pendientes. Lo ocurrido en respuesta al asesinato de George Floyd –un hombre afroamericano que pereció bajo la rodilla de un policía en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos, tras no haber mostrado resistencia alguna al arresto, el cual también no parecía justificado– vino a detonar temas que se viven a flor de piel alrededor del mundo: las detenciones arbitrarias y el cómo afectan predominantemente a sectores no-blancos y de escasos recursos. Esta conversación y sus realidades no solo ocurren dentro de la misma comunidad LGBTQ+, sino que particularmente se polarizan en nuestro micro-cosmos.

En redes sociales, rápidamente muchas marcas, influencers y medios de comunicación se sumaron a la dinámica de #BlackOutTuesday, subiendo una imagen de color negro liso para supuestamente mostrar solidaridad con la comunidad afrodescendiente. Para su mala suerte, el internet no olvida las incongruencias de muchas de estas cuentas. Más de una se mordió la lengua, pues desde sus propias plataformas podemos ver a la mayoría de las revistas y marcas que se subieron al tren del mame son también las mismas responsables de reforzar una publicidad blanca y heteronormada. Pero, lejos de enfocarme en “sacar del clóset de cristal” a estos actores –por ahora–, mi reflexión en estas semanas ha sido encaminada a desmenuzar la intención de las conversaciones que rebosaron en redes sociales que 1) ponen en tela de juicio la idea identitaria mestiza que compartimos en México y que 2) nos deben cuestionar cómo proactivamente podemos contrarrestar al racismo dentro de nuestra comunidad LGBTQ+.

Primero, la idea de que en México tenemos una identidad mestiza compartida es falsa. A diferencia de Estados Unidos –en donde las identidades giran en gran medida alrededor del color de la piel de la gente– en México nos han vendido el cuento de que solo por el hecho de que la mayoría de quienes radicamos en este país tenemos algún ancestro de alguna comunidad originaria, somos mestizos. Esto es problemático en varios niveles, empezando por el hecho de que invisibiliza las muchas etnias que coexisten en nuestro territorio, como las comunidades afromexicanas; también es problemático porque termina diluyendo las experiencias de discriminación de quienes están más expuestos a vivir discriminación por su color de piel. ¿Recuerdan las eternas discusiones sobre la “pigmentocracia”? Se trata de la asignación de posiciones sociales a las personas en función de su apariencia física, particularmente por su color de piel. En otras palabras, si tu piel es más oscura, estadísticamente tienes mayores obstáculos –por discriminación– sociales y económicos porque no cubres el “perfil” que muchos de estos medios y marcas han reforzado como el ideal: blanco y hetero-normado. 

A pesar de que en nuestro país no hay grupos raciales bien definidos y que el color de piel no es el único factor en los casos de discriminación, se observa un patrón de experiencias negativas, si se es de piel oscura, y positivas, si se es de piel más clara. 

En redes sociales me tocó ver a mucha gente LGBTQ+, principalmente hombres gay blancos y cisgénero –cero sorpresas–, explotando con indignación si se les señalaba que sus expresiones y actitudes recientes o de hace lustros eran clasistas y racistas –que, por cierto, aunque no todas las personas o actitudes clasistas son racistas, si tienes actitudes o eres una persona clasista lo más seguro es que haya racismo–. Muchas de estas mismas personas compartían reflexiones sobre el #BlackLivesMatter al mismo tiempo en el que usaban palabras como “resentido” o “acomplejado” a sus críticos cuando se les cuestionaba sobre lo que ellos mismos han comunicado en sus redes o de lo que se les ha escuchado decir en persona. Me impresionó lo fácil que podemos reaccionar a la defensiva, usando comentarios despectivos sobre la “preparación” y las experiencias de vida de quien critica, al tiempo de que nos tiramos al suelo por las muchas dificultades que hemos atravesado. Ni los más radicales en la crítica al status quo creo que buscan hacer menos las experiencias de quienes hemos tenido oportunidades, pero si no vemos que el enojo viene a raíz de este intento de poner en un falso equivalente nuestras experiencias –de todas aquellas personas que somos blancas o que nos beneficiamos del privilegio blanco– con aquellas que, solo por ser de tez más oscura, son sospechosas hasta comprobar lo contrario, entonces nos hace falta escuchar más de lo que hablamos.

Si lo que piensan cuando escuchan la palabra “privilegios” es algo como “yo nunca tuve privilegios,” “nunca alguien me regaló algo” o “yo me lo gané con mi propio sudor”; déjenme decirles que no se trata de ustedes. No todo es sobre ustedes. A lo que nos referimos con privilegios es al estatus y nivel de acceso a oportunidades y a espacios que gozamos, queramos o no, solo por factores que ni elegimos ni podemos cambiar: nuestro color de piel clara y si nuestra expresión de género es visiblemente marcada con el género con el que nos identificamos, por ejemplo. Imaginen cómo serían sus vidas si su tez fuese más oscura y si su expresión de género no les diera la protección en la calle de ser identificados como LGBTQ+ a simple vista. Es absurdo que los estereotipos jueguen un papel así de crítico en nuestro sentido de seguridad en público, pero es la violenta realidad que la mayoría de las personas de nuestra comunidad vive, cuyos clósets han sido definidos por ellas y se les castiga por el simple hecho de “incomodar” al ocupar espacio. 

El video que surgió de la detención arbitraria de Giovanni López en Jalisco, el último material gráfico del joven con vida antes de haber sido brutalmente torturado y asesinado por el Estado, a la comunidad LGBTQ+ nos sirvió de recordatorio de que además de que cualquier persona puede ser objeto de detenciones arbitrarias, desde Tijuana hasta Mérida, sin importar si eres o no una persona LGBTQ+ o cual sea tu tez de piel, la violencia machista y misógina que tanto han denunciado en el movimiento feminista a oídos sordos de gobiernos y supuestos aliados, es también homofóbica. Lo que grabó la familia de Giovanni en un intento de disuadir la agresión de parte de la policía, muestra insultos homofóbicos que un policía le dirigió al hermano del joven asesinado, palabras que seguido escuchamos que gente dentro y fuera de la comunidad LGBTQ+ defiende su uso en los estadios de fútbol.  Sin embargo, aunque esta violencia de Estado la puede vivir cualquier persona en nuestro territorio, es solo cuestión de analizar las estadísticas de estos casos y sus códigos postales para que veamos que el principal problema que nos agobia es racial. Polanco y el norte de Mérida no están en números rojos.

Así como los hombres cis y trans aliados del feminismo tenemos la responsabilidad de ayudar a deconstruir a otros hombres cis y trans, o del mismo modo en el que personas hetero y cis que se dicen aliadas de la comunidad LGBTQ+ tienen la responsabilidad de dejar de ser neutras para ayudar a deconstruir, o al menos a contrarrestar los discursos de odio de otras personas hetero y cis, quienes nos vemos injustamente beneficiados del privilegio blanco tenemos la obligación de no solo no ser racistas, sino de ser antiracismo

Aquí dos recordatorios que me tengo que hacer todos los días al entrar a las redes sociales: 

  1. Cancelar es fácil y, aunque hay gente lejos de poder cambiar, si no doy el beneficio de la duda desde la empatía, no habrá conversaciones sanas en lo que haga.
  2. Reaccionar a la defensiva es fácil y egoísta. Si me están señalando algo, de lo que sea y por quien sea, y olvido que puedo aprender algo, no tengo nada que aportar a la conversación. 

Seamos las personas aliadas que necesitamos en nuestras demás intersecciones. Yo, al menos, me aseguraré de solo aceptar invitaciones a espacios que activamente eleven de forma digna a voces y experiencias no-blancas y no heteronormadas, así como también impulsarlas desde los proyectos en los que esté involucrado. Toca compartir el micrófono.

¿Qué está en sus manos? 

Alex Orué es activista por los Derechos Humanos de las personas LGBTQ+ en México, coordinador del Programa Global de It Gets Better Project, director ejecutivo de It Gets Better México, miembro fundador del Colectivo por la Protección de Todas las Familias en Yucatán, podcaster en La Jaula y contribuidor del portal Homosensual.

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