Manifiesto transfeminista radical

-Ibrahim L. Carrillo

Para feministas, mujeres transgénero y disidentes:

Las mujeres trans sabemos que somos mujeres desde el momento en que somos aplastadas por la raíz del género. Esa raíz en la que algunas feministas paternalistas apoyan el pie mientras apuntan desde la proa de uno de los tres veleros colonos. Esa raíz paternalista de la que sacan la madera del transatlántico en la que nos vienen a imponer las creencias de una feminista blanca europea cisgénero. Punta de raíz patriarcal y biologicista que clavan en la tierra colonizada para levantar el asta con la excusa de izar la bandera de un feminismo que no fue creado para odiarnos, excluirnos e invisibilizarnos.

Vivir la experiencia de una mujer trans es radical, es sacudir con nuestra sola presencia los cimientos coloniales de todo tipo de lugares. Ser una mujer trans que es visiblemente trans es una lucha constante, vivir nuestra vida diaria se transforma en una lucha radical. Pero no es fácil, tarde o temprano nos sentimos incómodas e incómodes por vivirlo todo el tiempo, eso además de lidiar con cómo la sociedad o nuestro contexto nos percibe solo por nuestros genitales, los cuales también asumen. No se trata de con quién nos identificamos, se trata de lo que somos. Lo demás sólo son formas para que la sociedad nos valide como tal y que nos validemos a nosotras mismas como tales; ambas cosas extremadamente muy difíciles.

Ser mujer no es algo que le pertenezca a nadie. Ser mujer no es algo que las mujeres feministas conscientes de sus privilegios cisgénero nos estén ofreciendo como tributo o de consolación al ser trans-incluyentes, el término mujer es algo que siempre nos ha pertenecido a todas desde el momento en el que nos proclamamos como ello. Con todas las agresiones, violencias, ataques, cosificaciones y fetichizaciones que cargamos por hacerlo.

Desde muy pequeñas, la gran mayoría de mujeres trans, dentro de nuestra socialización de mujer a la que se le impuso actuar como hombre, fuimos muy lastimadas al ser bombardeadas con estereotipos de género. Eventualmente, como a todas las personas, esto nos hizo internalizar la apretada norma de lo que se espera de nuestro género. En este caso, del género mujer, de su cuerpo, de sus conductas, de su voz, de sus decisiones y gustos. Por lo que al exponernos desde pequeñas a todos requisitos para ser mujer que algunas veces son inalcanzables, muchas de nosotras sentimos la necesidad de cambiar con tal de no vivir o ya no vivir la violencia diaria. Con tal de sentirnos validadas o sentir menos disonancia con nuestro cuerpo; o simplemente con tal de no vivir con una expectativa de vida menor a los 40. Por lo que transicionar se vuelve un acto de adaptación para aumentar nuestras posibilidades de resistencia ante un sistema que nos discrimina. Un sistema que también nos oprime cada que nos excluye del entorno laboral para después utilizar nuestros cuerpos en el trabajo sexual o para utilizarlos en la invisibilizada trata de mujeres trans. Les dejo una de muchas referencias que toman algunos de los casos:

https://www.connectas.org/especiales/mujeres-trans-victimas-invisibles-de-la-trata/

Después de todo, somos menos porque el sistema patriarcal, hijo del colonial, padre del capitalismo, también se encarga de asignar un conjunto de características binarias llamadas “género”, creadas para reforzar nuestra identidad en torno a nuestros genitales y con el objetivo de eliminar a las personas trans, evitando así nuestra existencia disidente. Incluso hasta en los movimientos que quieren explicar nuestra realidad sin vivirla o sin tomarnos en cuenta, nos acusan de perpetuar los estereotipos y roles de género, cuando el simple hecho de asumirse como mujeres u hombres debido a sus genitales es precisamente perpetuarlo desde la raíz. Entonces, al ser de las pocas personas que desafiamos ese sistema biologicista, o a esa raíz del género, nos llaman “antinaturales”, “aberraciones” o hasta “machos con falda”.

Pues bien, entonces nosotras no fuimos consagradas por su “naturaleza”, nosotras la corregimos y nos atacan. Mientras las personas cisgénero transicionan sin ayuda de “la naturaleza” a diario. Cada que se hormonan con carne industrializada o con los efectos secundarios de medicinas, así como toda la historia que tienen (porque no nos incluyen en ella) de modificaciones corporales en distintas culturas, así como cuando se corrigen los dientes, una malformación, un quiste, se tatúan, se perforan, se ponen prótesis, toman medicinas que modifican el funcionamiento de su psique o de su cuerpo. Así como cuando se pintan las uñas, se tiñen el cabello, se clavan pestañas, se ponen corsé o se rasuran. Así como cuando se ponen cremas para que les crezca el cabello, la barba, el vello corporal, toman esteroides o consumen productos para aumentar su masa muscular. Así como cuando usan condón, DIU, inyectables, hormonas e intervenciones con fines reproductivos o anticonceptivos. Transicionamos diario en salud, “belleza”, utilidad y adaptabilidad, modificando a esa misma “naturaleza” sin que se nos haga algo fuera de lo común.

Y aun así, algunas personas califican como antinaturales las hormonas que tomamos las trans para nuestra transición, mientras luchan para que las cis accedan a usar las mismas hormonas para su anticoncepción. ¿No que es tu cuerpo tu decisión? Pero nos ponen barreras económicas para ello, aunque les digas que no y les digas que no, aunque tu cuerpo sea tuyo, tengas autonomía y tu seas tuya y tu seas tuya.

Por ello:

Somos las anarquistas de ese sistema que no nos logró dominar, que no pudo ni con todos sus trucos y artimañas reforzar una identidad cisgénero y hasta binaria. Vivimos en constante lucha porque desafiamos a la raíz más profunda de la estructura patriarcal que más apegada está al determinismo biológico. Ese mismo determinismo patriarcal que te dice qué puedes o no puedes hacer sólo por ser mujer. Nosotras no fuimos consagradas por su naturaleza, nosotras la corregimos y nos atacan por ello, por desmantelar el tema más tabú del determinismo biológico. Por cuestionar toda su creencia sobre la “naturaleza”, creada a lo largo de la historia por personas cisgénero con el privilegio de estudiar, trabajar o vivir. Creada desde su perspectiva incompleta e intersexista del ser humano.

Por eso les digo, mujeres trans: luchen, no aspiremos a modelos cisgénero, aspiremos a modelos a seguir trans, transicionemos (biológica, social o psicológicamente) porque queremos llegar a ser lo que nosotras consideremos que es nuestra versión de una mujer trans, no a lo que ellos y ellas creen que es la versión de una mujer cis. Dejemos de mirar arriba a las personas privilegiadas y comencemos a tener una mirada horizontal entre #NosoTrans.

Y cuando te pregunten, diles:

“Yo no transiciono porque aspire a ser la versión de una mujer cis, transiciono porque aspiro a ser mi versión de una mujer trans.

Yo no quiero ser cis, yo quiero ser trans”.

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