Trampas Identitarias

Casi todo aquello que nos da algún tipo de identidad es algo impuesto. Desde que nacemos se nos asigna un sexo y con ello un lugar en el sistema sexo-género binario, cisheteronormativo y patriarcal. Se nos coloca un nombre, unos apellidos repletos de expectativas; se nos otorga una nacionalidad; se nos impone una cultura; con ello un lenguaje y unas formas particulares de expresarnos, de comer, de movernos, e incluso de sentipensar. Estas imposiciones marcan nuestras vidas, nos limitan y constriñen nuestro ser. Pero aun así, se pueden labrar gritas y desplegar puentes que nos permitan escapar y vivir más libres, siempre y cuando aprendamos a cuestionar, a cuestionarnos, y a cuestionarlo todo, sí: TODO.

Cuestionar el por qué de las cosas nos ayuda a desnaturalizar aquello que consideramos dado por hecho, porque no es que “así sean las cosas”, sino que, se han construido de determinada manera y aunque suene utópico pueden transformarse para que las vidas sean dignas y vivibles. Rebelarse contra las imposiciones es una forma de disputarle al poder la tiranía con la cual se nos exige cumplir con el “deber ser” y también una posibilidad de generar conciencia social de las problemáticas a nuestro alrededor.

Elegimos enunciarnos y autonombrarnos de ciertas formas, ya sea como activistas, feministas, antirracistas, disidentes sexuales, defensoras, defensores de derechos humanos, etc, para distanciarnos de las imposiciones dadas y para acercarnos a esa utopía soñada. No se trata simplemente de nombrarse de cierto modo, estos lugares de enunciación conllevan una gran responsabilidad de la cual muchas veces no se es del todo consciente, porque detrás hay luchas históricas, movimientos sociales, gente pionera a la cual incluso no siempre se conoce, ni se le reconoce o se le invisibiliza por diferentes razones.  

Los lugares de enunciación no son la sustitución de una identidad impuesta por una identidad elegida y si decidimos que nombrarnos de tal modo también implica asumirnos identitariamente, es necesario reflexionar sobre los límites de esta, porque las identidades fijan poder y pueden llegar a hacernos creer que poseemos la verdad absoluta. De hecho, en las luchas sociales las identidades funcionan de forma meramente estratégica para posicionarse políticamente y facilitar con ello el reconocimiento por parte de la sociedad.

Vía Desinformémonos

¿Pero cómo es que los lugares de enunciación pueden terminar siendo trampas identitarias? Veamos un ejemplo, muy conocido:

La expansión del feminismo se ha logrado, en parte gracias a que cada vez más y más mujeres cisgénero se asumen como feministas, pero también hemos visto como muchas de ellas usan ese lugar de enunciación para violentar a otras personas, sobre todo a las mujeres trans mediante discursos de odio que se niegan a reconocer como tales.

En este ejemplo, lo que subyace de fondo es una cuestión identitaria: algunas mujeres cisgénero se niegan a reconocer la existencia de las mujeres trans porque parten de una genealogía desde la cual se considera que se “nace mujer” y rechazan otras genealogías que apuntan más bien a que no se nace ni mujer ni hombre, sino más bien que somos asignades como tales al momento de nacer y que esto responde a una clasificación médica arbitraria de las corporalidades. Así, el feminismo hegemónico anclado en posiciones identitarias es incapaz de asumir una perspectiva crítica que le permita ampliar el sujeto político más allá de las mujeres cisgénero y lo mismo ocurre más allá del feminismo con otros lugares de enunciación y otras luchas.

En conclusión, es importante tener claro que los lugares de enunciación no son pedestales para posicionarse por encima de otres, mucho menos con “argumentos” esencialistas o moralistas incitadores de odio hacia otras personas. Que nuestros lugares de enunciación no se conviertan en campos de exterminio de la existencia de otras, otros y otres.

Me encantan las Ciencias Sociales. Me inquieta aprender sobre disidencias sexuales, feminismos (no transfóbicos), producción de subjetividades, corporalidades, opresiones, desigualdades sociales, entre otros temas. Odio la injusticia. Cuestiono lo “normal”. Para mí, “lo personal es político”. Escribo en el blog para compartir reflexiones y opiniones desde un conocimiento situado, no intento generalizar.

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