Todos hemos sido Samuel García

Hoy fue tendencia en redes sociales el video en el que el senador Samuel García hizo estos comentarios en tono de regaño a Mariana Rodríguez, su esposa: “sube la cámara, estás enseñando mucha pierna” y “me casé contigo pa’ mí, no pa’ que estés enseñando”.

Y es que, con justa razón, se señaló el contenido machista y misógino que estos comentarios representan. Sin embargo, sí me llama la atención que muchos de éstos señalamientos se centraron, como de costumbre, en responsabilizar a la persona que resulta violentada, es decir, a la víctima, bajo el clásico “amiga, date cuenta”.

Peor tantito. Leí en los comentarios de una nota periodística donde se publicó una reseña sobre dicho video, en la cual un usuario de redes, aparentemente hombre, escribía: “mis respetos para esa dama que no contestó como responden ahora las mujeres (…) el senador sólo quería defender lo suyo”. Ah caray, esperen, ¿defender lo suyo?

La gravedad de esta respuesta social radica en que tenemos ideas preconcebidas de cómo deben ser los hombres y las mujeres en las relaciones de pareja, donde ser (aunque sea tantito) celoso y posesivo es una demostración de amor y de que nos importa nuestra pareja y nuestra relación. Y es que todas las personas aprendemos esto desde edades tempranas a través de la música, el cine, los medios de comunicación, los amigos, etcétera.

Recuerdo bien que hace unos años un amigo de la prepa se acercó a decirme un comentario sobre la relación de amistad que tenía en ese entonces, una ex novia con un amigo suyo: “oye, ¿no te da celos ver como ella se lleva tan bien con él? Deberías decirle algo, a mí me preocuparía”. También recuerdo bien cómo, a consecuencia de esto, causé un pleito con la persona que era mi pareja en ese momento, porque esas palabras me hicieron ruido, y yo pensaba que tenía que hacer algo al respecto e imponerme, simplemente porque ella “había sido mía”. Qué fuerte, ¿no?

De acuerdo con Mónica Tusell, autora de La creación del patriarcado, “una consecuencia del machismo es que históricamente hemos visto a las mujeres como posesiones, como conquistas”. Pero esa idea de que las mujeres son de nuestra propiedad va mucho más allá, ¿ejemplos? las críticas sobre su forma de vestir (“se te ve mucho el escote” “no te pongas eso”), la presión que ejercemos como hombres para obtener una relación sexual por medio de chantaje emocional (“si no quieres hacerlo conmigo es porque no me amas”), o el querer tomar decisiones sobre el cuerpo de ella. Ejemplos hay miles.

Todos hemos sido Samuel García, con esos u otro tipo de comentarios, y una vez más, lo sostengo: reconocer y cambiar nuestra forma de dirigirnos hacia las mujeres cuesta, pero se puede. No se trata de reaccionar con el hígado y decir: “oye pero yo no soy violento” “yo siempre he respetado a las mujeres y nunca he sido posesivo” o el clásico “no todos somos iguales”. De acuerdo, si el zapato no te viene, no te lo pongas. Sin embargo, me parece que esto de lo que estoy hablando es más la regla que la excepción, así que nada te quita que hagas tantito análisis introspectivo sobre cómo te has relacionado (o te relacionas) con mujeres en relaciones de pareja.

Lo que sí está en nosotros como hombres heterosexuales es cambiar este tipo de actitudes, revisar nuestros patrones de conducta, platicarlo con nuestros seres queridos, platicarlo con una persona experta en salud mental a través de la terapia, o mejor aún, platicarlo con nuestra pareja.

Posdata: El amor no tiene nada que ver con posesión, necesidad ni control, sino con libertad, respeto y confianza. Por ello, es importante establecer ciertos límites en las relaciones.

Abogado, servidor público, activista en derechos humanos y fan del rock ochentero.

Escribo mis inquietudes personales y jurídicas en este blog.

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