Todo comenzó con una notificación

Estaba en el autobús, viajando por carretera, recargado en la ventana, admirando las veredas en los cerros y el follaje de los arboles; cuando de pronto…escucho el sonido de una notificación en mi celular.

Tenía el mensaje de una chica, en donde ella me decía un: “Hola.”. Por cierto, ella era muy bonita. Sus ojos en la foto brillaban como una perla de mar. Además, sus labios se veían tan rojos, cómo yo en ese momento al ver su foto. Una vez terminado de contemplar su belleza, le respondí su mensaje.

Comenzamos a platicar por varias horas. El tiempo a mi destino se me hizo muy corto y ameno, gracias a dicha mujer. Me gustaba mucho hablar con ella. Teníamos cosas en común, por ejemplo, íbamos en la misma escuela y hasta la fecha de cumpleaños coincidía. Las noches y los días eran para mí maravillosos, hasta que un día decidimos vernos, pero eso tenía que esperar ya que yo estaba de vacaciones, aunque ambos teníamos tantas ganas de conocernos y yo no recordaba haberla visto nunca en la escuela.

Una vez concluida mi semana de vacaciones, retome mi camino de regreso, con una gran emoción y motivación, razón por la cual al siguiente día la vería. Nos habíamos citado en el parque, exactamente en donde se pone un puesto de marquesitas, a las 9:00 am. Una vez llegado a mi casa, me prepare para irme a la cama, esto para que el tiempo se me fuera de una manera más rápida. Sin embargo, para mí fue eterno. Además, los nervios me invadieron. Al día siguiente, por la mañana, estaba listo para verla; lo que me cuestionaba era qué obsequiarle: ¿Un oso de peluche? o ¿Chocolates? Me fui por la segunda opción, ya que una vez me dijo que le gustaban las cosas dulces, por lo que era una buena opción.

Salí de mi casa muy contento, pero con una hora de anticipación, ya que tenía que ir a comprar los chocolates, cosa que no me llevó menos de 5 minutos (exageré). Una vez llegado al parque, trate de tener cierta precaución para que no me viera porque yo la quería ver primero. Eran las 8:59 am, la hora de la cita ya estaba muy cerca. De pronto, una jovencita se acercó al puesto de marquesitas. Ella era alta, hermosa y se veía inteligente. En ese momento pensé: “Es ella”. Sin embargo, los nervios llegaron de nuevo. Esto no fue impedimento, decidí acercarme.

En el momento en el que estaba frente a ella, comencé por saludarla. Enseguida comenzó la plática, además, le di los chocolates y me dio las gracias. Luego me pregunto cómo estaba al igual que yo a ella. Después, fuimos a caminar por el parque. Me sentía muy cómodo con ella, nos entendíamos de la misma manera, razón por la cual no quería separarme de ella ni un minuto. Nunca había sentido algo así por una persona, así que creí que era el momento adecuado para decirle: “¿Quieres ser mi novia?”. Esto fue así y ella dijo que si, lo que trajo como resultado que me besara en la mejilla y me agarrara la mano. Después continuamos con nuestro recorrido.

Llegó el momento en el que decidimos ir a una feria que estaba cerca del parque. En el camino reíamos de una manera sorprendente. No obstante, ella me iba contando sus anécdotas con el deporte, ya que a ella le gustaba practicarlo; y más el baloncesto.

Una vez caminado, entre los puestos de la feria, vimos un juego similar al baloncesto, en el cual jugamos y ganamos gracias a ella. Cuando la última pelota se encestó, brincamos de emoción, nos vimos a los ojos y simultáneamente nos abrazamos. En ese momento, me sentí mejor que nadie. Sentirla cerca de mí por un momento fue hermoso, quería que esa ocasión se repitiera una y otra vez más, pero teníamos que regresar cada quien a su casa y así fue.

Este tipo de citas se repetían muy seguido, aunque llegó el momento en el que entramos a la escuela y nos veíamos a diario. Trataba de estar todo el tiempo con ella y esto dio como resultado una relación más fuerte.

Han pasado dos años de esta relación, aunque un día ella llegó llorando y diciéndome: “Me voy de la escuela”. En ese momento el mundo se me vino encima. Me dieron unas ganas de llorar inmensas, pero me contuve. Ella me comenzó a explicar la razón por la cual se iba y todo fue por problemas familiares. Solo le quedaban tres días en la escuela. Tratamos de aprovechar el tiempo al máximo con salidas al cine y al parque, pero ese tiempo concluyó y la relación también.

Desde el momento en el que ella marcho a su nueva ciudad, me sentía solo, deprimido; mis lagrimas derramaban por mis mejillas, la comunicación con ella cada día disminuía y el tiempo me ayudó un poco a superar esto. Después supe que este tipo relación muchos la llaman “Tu primer amor”. Además, aprendí que todavía tenía una vida muy larga por seguir, experimentar y muchas cosas por venir.

 

Axel Bryan Cabrera García, alumno de la Escuela Nacional Preparatoria No.9 “Pedro de Alba”.

Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

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