Tierra nuestra II: Ladrones de sueños

En los últimos días hemos visto el anuncio de “redadas” por parte del gobierno de Estados Unidos contra personas migrantes que cuenten con una orden de deportación final. A su vez, el presidente de mencionado país señala en Twitter a “esas Congresistas Demócratas progresistas” de no ser ciudadanas estadounidenses, esto después de que la semana pasada señalaran las condiciones de los centros de detención fronterizos.

La Congresista Alexandria Ocasio-Cortez le contestó que “Está enojado porque no puede concebir una América que nos incluya. Usted confía en una América que esté asustada para su saqueo”.

Incluso la Congresista Nancy Pelosi escribió “Cuando @realDonald Trump le dice a cuatro congresistas estadounidenses que regresen a sus países, él reafirma que su plan para “Hacer que EE.UU. sea grandioso de nuevo” siempre ha sido sobre hacer que EE.UU. vuelva a ser blanco. Nuestra diversidad es nuestra fuerza y nuestra unidad es nuestro poder.”

Así como las mencionadas, otras Congresistas han señalado el racismo y la xenofobia en los comentarios de Donald Trump. Comentarios que, además de no ser nuevos, desde el inicio de su administración han despertado indignación, incluso en mexicanos y mexicanas.

Por ejemplo, vimos con indignación la divulgación de videos de la Corte de Apelación del Noveno Circuito de los EE.UU., cuando una abogada del Departamento de Justicia defendía que el gobierno no está obligado a darle jabón, cepillos de dientes ni cobijas a los niños y niñas migrantes en detención.

Sin embargo, ¿realmente somos muy diferentes a Donald Trump? En México hemos visto el despliegue de la Guardia Nacional en la frontera sur, el uso de armas de fuego contra migrantes, persecuciones y detención, hostigamiento a casas de refugio para personas migrantes y a personas defensoras de los derechos de personas migrantes.

Incluso en Mérida, vimos carteles que señalaban que la “basura de Centroamérica” debería ser “expulsada del país”, esto durante la llamada “marcha anti-AMLO” que se realizó el domingo 30 de junio en el Monumento a la Patria.

Tanto los comentarios de Donal Trump, como esos carteles son notoriamente ofensivos, pero previo a esto, existen muchos grises que día a día se reproducen en la población, como la felicitación a un empresario que dice “si apoyaremos a lOs migrantes, pero primero los mexicanOs”, ese familiar que dice “también lOs mexicanOs necesitamos dinero”, “va a aumentar la inseguridad”, “se roban el trabajo de lOs mexicanos”, etcétera.

¿Por qué esas frases son violentas? Porque están construidas desde el estigma, desde la visión de la persona migrante como aquella extraña que llega y “roba lo nuestro”. Ojo, pero pensando en la persona migrante y en situación de pobreza, porque, si habláramos de las personas migrantes que vienen a hacer inversiones o poner grandes empresas, el discurso cambia: se le llama “inversión extranjera” y la palabra migrante es sustituida por extranjero o extranjera.

Y no me mal entiendan, cualquier persona extranjera, sin importar su estrato económico puede ser víctima de xenofobia (rechazo a las personas extranjeras), pero cuando esta se junta con la aporofobia (rechazo a las personas en situación de pobreza), no solo se agrava la violencia y la discriminación, sino que es más visible la criminalización de la migración.

Asociar la migración y la pobreza con la delincuencia genera discursos de odio, criminalizadores, que a gran escala vemos reflejados en políticas públicas que buscan “proteger la seguridad nacional”, redadas, despliegue de fuerzas armadas, como si las personas migrantes fueran un peligro, en lugar de verles como personas, con derechos y que requieren protección.

También vimos la desgarradora imagen de Óscar y Valeria, de nacionalidad salvadoreña, quienes, en su intento de cruzar el Río Bravo, desafortunadamente perdieron la vida. Óscar y Valeria formaban parte de este flujo migratorio mixto que actualmente se está dando en la región; eran personas que necesitaban de la protección del Estado, pero no solo se les fue negada, sino que además fueron perseguidos por autoridades y por la misma ciudadana, siendo acusados de “venir a robarnos” el trabajo, la seguridad, la tranquilidad.

Las personas migrantes, como Óscar y Valeria, no son ladronas de sueños, no “vienen a robarnos”. Aunque hay quienes dicen que las personas migramos por naturaleza, la realidad es que la búsqueda de una lugar seguro y estable donde vivir es mucho más natural que la movilidad continua.

Citando a Warsan Shire, refugiada somalí: “Tienes que entender que nadie sube a sus hijos a una patera, a menos que el agua sea más segura que la tierra”.

Óscar y Valeria no son culpables de ese fatídico desenlace, tampoco es culpa de su búsqueda de futuro (ya ni siquiera uno mejor, sino simplemente un futuro). Su desenlace es culpa de las políticas criminalizadoras, de la discriminación y persecución que el mismo Estado está liderando contra las personas migrantes, pero de la que igual formamos parte, con nuestro silencio, o reproducción de frases discriminatorias.

Óscar y Valeria no son “ladrones de sueños”; no venían a robar nada. Fueron el Estado y la complicidad de silencio y la discriminación, esos son los verdaderos ladrones de sueños.

Debemos cuestionarnos, si en esta “tierra nuestra”, tener otra ciudadanía, o no tenerla, es razón suficiente para ser tratado como “otro”, “extraño”, o “invasor”. Preguntémonos, si la ciudadanía es suficiente para prevenir la injusticia y combatir la xenofobia y el racismo, o, debemos mutar a una nueva etapa, en la que los derechos humanos no están subsumidos a la nacionalidad o ligados exclusivamente a un Estado, lo que algunas personas llaman “ciudadanía universal”.

Acerquémonos a la idea de que la hospitalidad no debe entenderse como un acto de amabilidad, si no que hablamos de dignidad humana, y en tanto de derecho. No se trata de que estamos obligados a recibir a alguien, sino que debemos tratar a las personas humanitariamente.

Parafraseando a Camilo Vega en su canción “Geopolítica”: “redefinamos el territorio amando más la vida”, sin redadas, sin militarización, sin criminalización, con dignidad y fraternidad.

 

Addendum

Fuera del tema central de este artículo, quisiera hacer un comentario respecto a lo sucedido en el “H.” Congreso de Yucatán, ayer 15 de julio:

Personalmente, me parece lamentable. Las y los diputados se escudaron en una votación secreta, en la que (nuevamente) se negaron a reconocer el derecho al matrimonio y concubinato igualitario para las parejas de la comunidad LGBT+. Derecho que ya ha sido reconocido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, siendo un claro desacato a sus obligaciones constitucionales y convencionales.

En el presente artículo me refiero a la criminalización de la migración, que violenta, lastima y mata, lo que los y las diputadas hicieron ayer fue negar, una vez más, derechos a la comunidad LGBT+, y esta falta de reconocimiento igual violenta y lastima.

Mérida no es tan blanca cuando a parte de la sociedad no se les reconoce sus derechos. Ni Yucatán es tan seguro cuando son las mismas personas que legislas quienes violentan a quienes deberían representar.

Ojalá un día podamos decir que en nuestro estado ganaron la dignidad y los derechos humanos. Mientras tanto, no quitemos el dedo del renglón y recordemos que el silencio nos hace cómplices.

Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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