“Soy talla 4 y estoy gorda”

“Ay qué chula te ves! ¿Bajaste de peso?” “Te ves súper bien, ¿qué dieta/ejercicio estás haciendo?” “Wey, ya engordé muchísimo, mírame.” “Ya viene X fiesta/boda/despedida, me tengo que poner a dieta.” “Soy un cerdo, tragué como bestia.” “Ay esa niña tan bonita si tan sólo fuera más flaquita.” “Mírala, ya subió, nomás tienen hijos y se descuidan”. Éstas y un montón de frases más son las que nos alcanzan desde muy temprana edad a la población femenina. No digo que esto no afecta a hombres, pero no en la misma medida. Si bien, la gente gorda siempre va a ser mal vista, una mujer gorda simplemente no tiene cabida.

Iniciemos aclarando la posición desde la cual escribo: mujer blanca, complexión delgada, talla 4-6, mido 1.58m. Es decir, entro en estándares muy hegemónicos de belleza. Recientemente terminé el libro de Roxane Gay titulado “Hunger – A Memoir of (My) Body” y creo que es, en definitiva, uno de los libros más incómodos pero necesarios que yo haya leído. La autora básicamente relata la historia de su cuerpo y lo que ha implicado ser una mujer gorda en una sociedad que muestra cero tolerancia y compasión. Una sociedad que le interesa leer más sobre historias de flacas que superan sus trastornos alimenticios, pero a la que no le interesan historias de personas gordas que los tuvieron y siguen gordas. Una sociedad que sólo está dispuesta a escuchar a personas gordas hablando interminablemente de cómo ya se aceptan y se aman para luego criticarles y forzar en elles que deban “bajar de peso” si lo que dicen es verdad. Léanlo. Es desgarrador, cada página que leía, página que me hacía recordar lo mucho que quería hablar de este tema.

Desde pequeñes es evidente el bullying a quien es gordite. Los varones son hostigados, pero a las niñas se les hace notar desde muy pequeñas que nadie las va a querer, nadie quiere que le vean con una gorda. Yendo para atrás es muy fácil echarle la culpa a esa persona(s) que te jodió, pero no es UN solo bully, es todo el estúpido cistema. ¿Qué ejercicio quieres? ¿Qué dieta quieres? En este mundo capitalista hay miles de opciones para bajar de peso, excusas es lo que no hay. Por ahí la sanísima frase en todo reto fit o playera de ejercicio o lo que sea relacionado a tu compromiso por bajar de peso: “Be stronger than your strongest excuse / Se más fuerte que tu excusa más grande”.

Que yo recuerde,jamás sufrí bullying ni rechazo por gorda, siempre que me pongo a dieta me han dicho “pero si estás flaca”. Lo jodido es que nunca me consideré una persona flaca, hoy no me considero gorda tampoco; sin embargo, siempre he sido la que se pone a dieta más de 5 veces al año, la que nomás le aprietan los pantalones y empieza “wey, ya engordé, es que ve mis rollos, estoy hecha un cerdo”. Soy la morra que apoya los cuerpos de todos tamaños pero que, a la primera de cambio en su cuerpo, se avienta el discurso interno más gordofóbico. Nomás subo de peso y no quiero mirarme, pienso en ello de manera obsesiva. Me apena muchísimo confesar esto, pero ya estoy trabajando en ello. Porque, si bien, el mundo me repite que idealmente debería ser talla 2, igual… no soy gorda. No tengo el cuerpo de modelo, pero franca y sinceramente: no soy gorda. Por sobre todas las cosas, el mundo no se encarga de repetirme que no encajo o que no soy suficiente.

Entiendo de dónde viene esta inseguridad y entiendo también que nos impacta a todes. Desafortunadamente, es toda una estructura que impone estándares de belleza blancos, delgados, de facciones “finas”, fit, cis, libres de discapacidad. Es decir, estándares racistas, capacitistas, gordofóbicos, transfóbicos. Habrá quien piense que es una exageración, pero quién sabe cómo siempre sale gente de hasta debajo de las piedras llorando cuando una campaña tiene cuerpos no hegemónicos. Y vale la pena reflexionar que aun cuando las marcas hacen un esfuerzo, los cuerpos que eligen casi siempre son delgados.

Recuerdo alguna vez que vi una insta story de una morra donde decía que nada le molestaba más que la gente flaca llegara a chillarle que habían engordado y ella comentó que se daba cuenta que siempre se lo contaban a ella, la amiga gorda. Me cayó un poco mejor el veinte: las flacas podemos ser un gran dolor de cabeza. Insufribles, la neta.

Vía: @weloversize

Yo no vengo a negar que la cultura del cuerpo delgado no nos afecte a todes, tampoco la existencia de los tan desafortunados y terribles Trastornos de Conducta Alimentaria. Los TCAs son reales y matan, hay un evidente problema de distorsión en el cómo se aprecia dicha persona a sí misma. SIN EMBARGO, no tienen todo un sistema rechazando su existencia. Y aquí radica todo mi sentir.

Bajo la premisa del famosísimo amor propio se exige amar y aceptar nuestros cuerpos del tamaño que estos sean. Las personas flacas están jode y jode con que te ames, con que lo bueno va a llegar si todo lo que haces lo haces desde el amor. ¿Cómo van a amarte otres si no te amas a ti misme?, Haz ejercicio desde el amor a ti misme, nada que nazca del odio es bueno.  Es indudable que todes deberíamos vivir cómodes y en armonía con cómo se ve nuestro cuerpo, pero es imposible negar la realidad. Tampoco se pasen. Una cosa es hablar de tus inseguridades desde el lugar de persona flaca en el que te encuentras (que es perfectamente válido) y otra es querer pretender que el tema aplica igual a todos los cuerpos, porque tú, persona flaca, lo entiendes de primera mano. De @weloversize “Porque si no logras la aceptación plena, no la quieres o estás en ello, pero a un ritmo lento, entonces es que no estás entendiendo lo bien que te tienes que querer”.

Hablar de amor propio, teniendo un cuerpo que nunca ha sufrido un rechazo sistémico e imponiéndolo como la solución absoluta, es cínico.

¿Cuándo a una persona flaca nos ha preocupado ir a un concierto o tomar un avión y no caber en el asiento? ¿Cuándo hemos ido a una tienda de ropa y no hemos encontrado ni una sola prenda de nuestra talla? ¿Cuándo hemos tenido un problema médico y el personal de salud asume inmediatamente que seguro es por nuestro peso? ¿Cuántas veces han comido alguna comida chatarra y la gente les ha visto con desprecio? ¿Cuántas veces nos han descalificado de un proceso de reclutamiento laboral por nuestro peso y, peor, por ser mujeres gordas?

Vía: fairygodboss

No es correcto discriminar por ningún motivo; sin embargo, por el de ser gordo parece ser una razón válida. Esta idea de que “quien es gordo no tiene salud” obliga a la sociedad a emitir juicios y conclusiones. Lo menciona Gay en su libro, existen shows donde se premia quien baje de peso, la vida que tanto anhelas está ahí a tu alcance, sólo tienes que perder peso – “¿qué dice de nuestra cultura que el deseo por perder peso es considerado una característica por defecto de la femineidad?” – 

Estos constantes retos o iniciativas que promueven la pérdida de peso están plagados de frases que se supone que buscan “motivar”, como, por ejemplo: “estás a unos pasos de ser la mejor versión de ti misme”. Es decir, si no pierdes peso, ¿en verdad estás buscando ser mejor? Hasta se ha querido mejorar el discurso con “no se trata de estar delgado, sino fit” y la verdad, está espantosa también. Porque la realidad es que en cuanto algún post, campaña, ad, sobre el mundo fitness muestra a una persona gorda… se desacredita.

Es un tema complejo. Los cuerpos sumamente delgados y esqueléticos tampoco son bien vistos, claro, pero ¿sufren el mismo acoso y discriminación? No con esto quiero decir que toda persona flaca va insultando o haciendo menos a las personas gordas, o por lo menos no de manera consciente. Pero pasa que llegamos a abrir la boca y somos crueles perpetuando la gordofobia. La contradicción está ahí en la intimidad de nuestro cuarto o en una conversación con amigas donde aparece una escena como de Mean Girls donde todas mencionamos algo que no nos gusta.

Mi objetivo no es invalidar una parte de la conversación, les flaques podemos hablar del tema, pero podemos hacerlo sin ser protagónicos, reconociendo que no entendemos ni pasamos por lo mismo que las personas gordas. Podemos cambiar nuestras formas, incluso, de hablarnos a nosotres mismes. Podemos hablar de body positivity y del amor propio desde nuestras vivencias y, sobre todo, sin caer en discursos románticos que olvidan los problemas estructurales y opresivos que viven los cuerpos que se salen de esta cuadrada norma.

Ella/She/Her. Sí, Daniella con doble "L", me gusta que me digan Dan.
Eterna apasionada de cuestionarme todo. Desaprender y reconstruir no me parece sólo válido sino también, necesario.
Soy feminista, instructora de zumba, me encantan los tatuajes y hablo mucho de mi gato.
¡Ah, sí! También soy Licenciada en Negocios Internacionales, pero me gusta escribir y hablar de todo menos eso.

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