Sobre la fidelidad a las ideologías políticas

Creo que desde que alcancé la edad adulta me he preguntado o cuestionado en infinidad de ocasiones por qué la gente se apasiona tanto cuando se trata de su fidelidad a “x” o “y” ideología o doctrina política. Como si de un sentido de pertenencia se tratase, tengo la percepción de que a veces queremos demostrar ser fieles a nuestras convicciones y abrazar ideales hasta el último día de nuestras vidas, pero ¿qué sucede cuando alguien cambia esto?

¿Por qué alguien decide subirse al barco de cierta tendencia política? ¿qué es lo que encontramos atractivo cuando decidimos simpatizar con una corriente o doctrina política y no con la otra? ¿qué sucede cuando “cambias de bando” o cuando te “radicalizas” en un movimiento político-social en específico?

Por ejemplo, algunos grandes ideales de la vida contemporánea global como el fin de la pobreza, de la desigualdad social y de las enfermedades deben siempre sostenerse con estrategias y políticas basadas en enfoques integrales. ¿Pero qué pasa cuando encontramos en el discurso político una narrativa muy bonita sobre los derechos humanos cuando la realidad es muy distinta? ¿será que uno de los factores que influye se deba a una cuestión de convicción frente a “x” o “y” ideología?

Alrededor del globo terráqueo hay quienes creen firmemente que el capitalismo-neoliberalismo representa la solución a todos los problemas mundiales. Esto se refuerza muchas veces debido a las teorías económico-políticas que estudiamos en las universidades (quienes tenemos el privilegio de tener la opción de estudiar una carrera universitaria), y que luego integramos en la vida laboral, indistintamente de si sea en el sector público o privado. Por otro lado, sucede lo mismo con quienes creen firmemente en el socialismo como panacea para alcanzar la felicidad mundial.

Estos dos bloques siempre se han manifestado plenamente opuestos entre sí, con la convicción y seguridad de que lo que persiguen es lo único verdadero y lo otro no funciona. Los y las integrantes, de un lado o del otro, adquirimos entonces un sentido de pertenencia que se extiende a nuestros estilos y proyectos de vida.

Pero luego veo a nuestros y nuestras flamantes representantes políticos cambiándose de partido e ideología política como si de cambiarse los calzones se tratara. Muchos y mucha priistas hoy pertenecen a Morena, panistas afiliados al PRI o a Morena, y viceversa, y es cuando me pregunto, ¿importarán aquí los principios doctrinales e ideológicos o estos se dan en función de las posibilidades de triunfo político?, ¿se van desdibujando los perfiles ideológico-políticos?

Quizá estoy soltando preguntas (¿o ideas?) al vacío, pero a veces pienso que independientemente de la idiosincrasia de las ideologías, podemos siempre encontrar puntos en común, una especie de, como diría el maestro Cerati, “adorable puente creado entre los dos” y comenzar a trabajar desde ahí.

La verdad es que este artículo no pretende aterrizar concretamente una idea como mis artículos previos, pero sí pretendo abrir algunos cuestionamientos. Considero que la autocrítica debe siempre estar presente en todes nosotres.

Abogado, servidor público, activista en derechos humanos y fan del rock ochentero.

Escribo mis inquietudes personales y jurídicas en este blog.

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