Sobre el cine de Alonso Ruizpalacios

Es un buen ejercicio de autoconocimiento, al menos como personas espectadoras de cine, prestar atención a aquello que del contenido fílmico se queda resonando en nuestro imaginario del día a día. Aquello que en nuestro andar es traído sin aviso a la memoria: las comparaciones inconscientes, las imágenes incómodas o las coincidencias que nos sacan una ligera sonrisa. ¿No merecen estas percepciones mayor atención que aquello que simplemente decimos “nos gusta” y que, con frecuencia, es una respuesta fácil a nuestra identidad como público de cine? Es aquí donde encuentro de qué hablar cuando hablo de cine fuera de las presiones dicotómicas. Fuera de lo bueno y lo malo, lo innovador y lo común o lo correcto y lo incorrecto. El reciente estreno de Una película de policías (2021) me parece la excusa perfecta para, con la mirada puesta en estas resonancias, dedicar un texto a la filmografía de Alonso Ruizpalacios.

Una película de policías (El Sol de México)

Por dónde empezar. Tal vez por aquello que siempre está presente: la Ciudad de México. Lo está, la mayoría del tiempo, como escenario. Así, por ejemplo, en Güeros (2014)seguimos de cerca a les protagonistas en un viaje por el sur, el poniente, el centro y el oriente de la capital. Que Ciudad Universitaria sea un punto cardinal aparte en esta película me parece bastante atinado. Algunos elementos urbanos se repiten en este viaje: los multifamiliares, el hacinamiento, las periferias o el amurallamiento de la infraestructura pública. Hasta el letargo de estar en el calor del tráfico, bajo una nata luminosa de smog, es algo aquí. Todo se funde en un blanco y negro sin altos contrastes, lo que refuerza esa sensación de letargo y permite una re-lectura de los elementos citadinos que, por cotidianos, podría parecer que carecen de novedad (algo así como ver con ojos de foraneidad). En este sentido encontré en su obra un recordatorio de que la experiencia de habitar un lugar depende sustancialmente de aquellos objetos a los que prestamos atención.

Güeros (Filmografilia Tumblr)

Esta “vista de pasada” a la ciudad se va afinando y reduciendo en los trabajos posteriores a Güeros. Así, en Museo (2018)se hace un gran homenaje al Museo Nacional de Antropología y a Ciudad Satélite, mientras que en Verde (2015) la acción ocurre alrededor de los rascacielos y baldíos de Santa Fe. En Una película de policías termina por enfocarse esta mirada a las academias, estaciones, patrullas y espacios del mundo policial de la metrópoli. En retrospectiva pareciera que el quehacer de Ruizpalacios es buscar las ciudades dentro de la ciudad. Como matrioshkas que una vez expuestas se vuelven más grandes que aquello que las contenía.

Gael Garcia Bernal in the film Museo.

Pero no sólo aparece la ciudad como escenario, sino también como el norte de una brújula, aunque no siempre para ser alcanzado. Creo que lo que mejor ejemplifica esto es el sueño de la playa como una tierra prometida. Con todo respeto, pocas cosas me parecen tan chilangas como esta. Ese sueño es crucial para el paciente terminal de El último canto del pájaro Cú (2010), para el migrante de Café Paraíso (2008), o durante el delirio acapulqueño de Juan en Museo. La ciudad pesa como un centro gravitacional de percepciones aún cuando los protagonistas salen de ésta.

¿Y quiénes habitan esta enigmática ciudad? En el universo de Ruizpalacios existe una predilección por personajes en estado de crisis existencial. En la inercia de las cosas, les vemos enfrentarse a la realidad de sus aspiraciones en difíciles procesos de autodescubrimiento. No les vemos fracasar o tener éxito propiamente, sino que les vemos crecer (lo importante es el camino, dirían por ahí). Este análisis es sobre todo cierto de Güeros y de Museo, donde los signos de adolescencia, o de adolescencia tardía, son el detonante de disposición al riesgo, la aventura o al ocio. En otra entrada en este blog hablé sobre mi afinidad al movimiento situacionista. Las dos películas antes mencionadas me parecen grandes obras sobre los temas en los que se encontraba interesado tal movimiento, desde la deriva hasta la psicogeografía, pues Ruizpalacios presta mucha atención creativa a cómo retratar la vida interior de cada protagonista en determinadas situaciones. Apuesto a que estas habilidades se relacionan con el origen artístico del director, cuyas raíces se encuentran en el teatro. Del proceso de grabación de Güeros confirmó no estar interesado en los grandes presupuestos y los grandes efectos, sino en tener el suficiente tiempo para dar con soluciones creativas precisas. Otro gran ejemplo de esta habilidad es su segundo cortometraje, El último canto del pájaro Cú, donde con poco se hace mucho.

Al tanteo, tengo la impresión de que las habilidades de Ruizpalacios para retratar las ansiedades asociadas al proceso de crecer le merecen las mayores simpatías que despierta en el público joven. Me parece que un muy buen ejemplo es la metáfora que hace Sombra, interpretado por Tenoch Huerta en Güeros, sobre sus ataques de pánico como ver a los ojos a un tigre esperando a devorarte. Esta metáfora me recuerda bastante al famoso tigre de la poesía de Eduardo Lizalde (… ni siquiera lo huelo / para que no me mate / pero sé claramente / que hay un / inmenso tigre encerrado / en todo esto).

Es justo decir que antes que ser idealizades o politizades, les protagonistas del cine de Ruizpalacios son vistos con cierta compasión tragicómica. La adolescencia no es una adolescencia sin remedio, las relaciones de poder tienen explicaciones y une sí puede luchar contra los malestares nacionales. No es el absurdo o el sinsentido de las cruzadas lo que espera a la vuelta de cada giro argumentativo. Al menos no como punto final. Si acaso como un punto de catarsis y recalculamiento. Esta visión me recuerda mucho a la obra de Roberto Bolaño, donde el orden y forma de presentar los acontecimientos le da cierta insignificancia al peso y decisiones de cada personaje en el todo. Esta dimensión estética recuerda mucho también al cine de Federico Fellini y de la Nueva Ola Francesa.

Quizá gracias a esta mirada compasiva – tragicómica es que Ruizpalacios puede hacer notas satíricas de numerosos aspectos de aquella amalgama de cosas que constituyen nuestra identidad nacional: los movimientos universitarios, el limbo adolescente, los conflictos raciales y de clase, el intelectualismo artístico, el machismo, el patrimonio cultural, las certezas clasemedieras, las instituciones mexicanas, la muerte, el malinchismo y el cine mismo. Tan cerca está siempre de resaltar esa identidad nacional contradictoria que es muy probable que al menos una de las situaciones retratadas en pantalla nos resulte, por lo menos, familiar. En este sentido es que también admiro el tipo de cine que hace Ruizpalacios: por aquel llamado de atención a hacer una segunda lectura de las cosas que tenemos dadas por comunes.

Fuera de las dicotomías, fuera de las verdades también. Siendo preciso, de las verdades históricas y cinematográficas. El empleo de la reimaginación de sucesos históricos como un telón más es algo común en la obra de Ruizpalacios. En Güeros fueron los movimientos estudiantiles, mientras que en Museo fue el mítico robo al Museo de Antropología Nacional, por mencionar los dos ejemplos más icónicos. Por otro lado, las verdades cinematográficas son quebradas frecuentemente con el rompimiento de la cuarta pared, las miradas a la cámara, los cambios de formato visual o los cambios de género cinematográfico (recursos utilizados en más de una ocasión). Ningún mejor ejemplo del empleo de estos recursos que Una película de policías, reconocida por jugar con los límites de la realidad y la ficción. Este último largometraje marca una nueva época para el director, mucho más cerca de los grandes canales de difusión y producción (en este caso Netflix).

Sin adjetivos, creo que merece la pena prestarle atención a la obra de Alonso Ruizpalacios por el simple acto de ver qué resuena dentro y qué no. Sin duda, es uno de los directores más interesantes en el cine mexicano contemporáneo, en una lista lo suficientemente amplia para celebrarlo y difundirlo activamente.

En permanente desconfianza de las categorías. Para quien sirvan los títulos: estudiante de economía y filosofía. Busco aproximarme a la realidad con disposición crítica.

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