Si el conocimiento no va a ser de libre acceso, que no sea de nadie

Hace unos días el debate generado tras el tweet de la escritora Fernanda Melchor, donde expresaba: «si quieren verse generosos, regalen las nalgas, culeros, no mis libros en pdf» dejó señalamientos importantes que atender:

  • La discusión no gira entorno a si las y los lectores nos pirateamos y traficamos libros digitales.
  • El Estado tiene un rol como garante en el acceso a derechos de ambas partes -lectoras, lectores, escritoras y escritores-.
  • Son las prácticas de la industria editorial las que precarizan el trabajo de las y los escritores, responsabilizando a las y los lectores por no pagar para acceder a la cultura y al conocimiento.

Siguiendo esa línea, no sorprende que exista todo un movimiento por el libre acceso a los conocimientos y a la cultura, que se ha transformado en cientos de repositorios digitales que recopilan, sistematizan y distribuyen materiales literarios, científicos, culturales, etcétera. Bajo la premisa de que el acceso al conocimiento es un derecho que han privatizado los empresarios de la cultura, mediante normas legales como el copyright.

Sin embargo, las responsabilidades no terminan de repartirse ahí. Otro de los puntos que se retomaban en el debate, gira entorno al lucro que académicos y escritores hacen al instrumentalizar “los escenarios precarizados de México” y otros países, para la producción de investigaciones o relatos, sin que estos les sean devueltos a dichas poblaciones o grupos. En realidad es algo tan común que ya hasta lo han nombrado desde la academia como extractivismo epistémico.

Lo anterior, se ha abordado desde el movimiento descolonial como denuncia a las prácticas hegemónicas y coloniales perpetuadas por la academia bajo la idea fundante de «razón y progreso». No obstante, dichas prácticas justifican formas de exclusión, discriminación y dominación a distintos grupos sociales.

En conclusión, hagamos de la propiedad privada un bien común. Y sobre todo, respaldemos la lucha por la desigualdad en el acceso y distribución informativa, ante los grandes monopolios que privatizan publicaciones de interés público, y con las ganancias maquilan prestigio académico y cultural.

Del centro al sur. Comunicóloga en formación.

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