Ser incongruente

A David Ele. Por enseñarme
a no morir de incongruencia

Cuando escribo estos artículos lo hago desde dos procesos mentales. El primero (un poco obvio si me vienen leyendo) es cuestionarlo todo. El segundo, un poco menos visible, decir lo que no me gusta de las cosas que sí me gustan. ¿Por qué hago esta aclaración? porque, continuando con los textos autocríticos, le voy a aplicar la segunda a la primera. Lo que me encanta de cuestionar es como visibiliza las estructuras que existen en la sociedad. Sin embargo, esas estructuras también me habitan porque yo soy sociedad. Toca, entonces, mirar hacia adentro.

Hace algún tiempo que quiero escribir sobre la incongruencia, proceso que implica reconocer aquellas cosas en las que soy incongruente. Y eso duele, como casi todo proceso de mirar hacia adentro. ¿Por qué duele? Porque hay demasiadas cosas en las que soy incongruente.

Soy incongruente cuando mis acciones y mis ideas se contradicen. También soy incongruente cuando juzgo a otrx con más severidad que a mí mismo (o viceversa). Por ejemplo, sé reconocer grupos en situación de vulnerabilidad y defiendo que la empatía es obligatoria para trabajar con dichos grupos, sin embargo, no soy lo suficientemente empático con las personas con discapacidad. Es un aprendizaje que todavía no logro desaprender. De pronto me encuentro argumentando cosas que, si fuera congruente, no debería dejar pasar. Y eso para mí es re heavy -incluso sin justificarme-. Entonces, volteo a ver ese momento de incongruencia. ¿Qué significa? ¿Por qué existe? y observo que es la pauta para empezar a cuestionarlo todo.

Cuando le conté a mi terapeuta que estaba escribiendo este artículo, me corroboró la idea por la que escribo este texto: todxs somos incongruentes, el reto es usar la incongruencia para modificar nuestros pensamientos o nuestras conductas y no para dejarnos llevar por las emociones negativas que nos han enseñado que deberíamos sentir por ser incongruentes.

Debo reconocer que no es sano querer luchar todas las batallas. Reconocer que existen situaciones en las que mi incongruencia es, ante todo, un mecanismo de defensa para aquellas cosas en las que no estoy preparado para modificar.

Prestado por @embromada de Lino de la Guerra

No podemos desprendernos de tajo de los aprendizajes sociales. No sin perdernos a nosotrxs mismxs en el proceso, entonces, hay que ir paso a paso. Para eso está la incongruencia, para irnos marcando los límites de nuestro proceso. Inicio cuestionando ¿por qué si pienso que, por ejemplo, no soy homofóbico, participo en un grupo que predica un rechazo hacia los homosexuales? y mi congruencia va a ser modificar mi pensamiento o mi acción y ambos cambios duelen. Por lo que, una vez más, la incongruencia me acompaña paso a paso.

Creo que lo que quiero decir es que soy incongruente y que no voy a dejar de serlo. En la misma medida, soy congruente y nunca voy a ser congruente. El absoluto no existe, es cierto. Solo propongo que dejemos de buscar el absoluto y cambiemos la forma de mirarnos hacia adentro. Miremos con ganas de cuestionar, no de juzgar.

Licenciado en Literatura Latinoamericana. Gestor cultural. Abogado de clóset. Escribe ficción y, a veces, cosas interesantes sobre la sociedad en la que habita. Experto en nada.

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