Seguro desde mi ventana

Llevamos cerca de cinco meses en confinamiento, en nuestras casas, debido a la pandemia del Covid-19, la cual no parece disminuir su impacto en México. Durante esta pandemia, las personas han actuado de forma muy diferente según el miedo real que le tienen al contagio y la necesidad de salir a trabajar. Al principio del confinamiento, las personas que podían quedarse en casa empezaron a experimentar muchos síntomas de ansiedad y depresión. Entre las peores situaciones que una persona podría experimentar en su casa era un sitio libre de contagio, pero repleto de violencia intrafamiliar. Un espacio nada seguro en el que tu propia integridad no estaba protegida. Ante eso escribí el artículo¿Más seguras en casa?, en el cual expliqué la necesidad de una protección por parte del Estado hacia las personas que se encuentran en esta situación.

En este artículo mi intención es hablar acerca del miedo que podemos desarrollar a lo que existe fuera del hogar una vez que la cuarentena haya terminado, o cuando el semáforo epidemiológico nos permita regresar paulatinamente a la “nueva normalidad”. Si bien muchos de nosotros anhelamos regresar a ciertas actividades como ver a seres queridos, ir a bailar, ver una película en el cine, hacer un viaje, entre otras actividades; otras personas no están listas para dejar su hogar por miedo al contagio o porque se han acostumbrado demasiado a su entorno.

Existe un término llamado el Síndrome de la Cabaña. No es una enfermedad tipificada, sino un conjunto de síntomas relacionados en el espectro ansioso y nos ayuda a entender el miedo que algunas personas pueden tener a regresar al exterior. De acuerdo con el Colegio Oficial del Colegio de Cataluña el Síndrome de la Cabaña, se presenta regularmente en personas que han pasado mucho tiempo confinados en algún lugar, estos lugares por lo general son submarinos o plataformas petroleras. Aquellas personas que ya presentaban síntomas de ansiedad son más proclives a experimentar el Síndrome de la Cabaña.

Estas personas tienden a tener pensamientos negativos circulares debido a la sobreexposición de información sobre la enfermedad. Uno de los pensamientos negativos que persisten es la incertidumbre que existe al estar expuestos en el exterior y genera situaciones de fatiga emocional y miedo. Otro de los factores que ayudan a las personas a sentir más ansiedad al salir de casa es que muy posiblemente seres queridos y familiares han contraído la enfermedad, haciendo la pandemia una realidad cada vez más cercana.

Mucha gente afirma que puede regresar con tranquilidad a las calles y a sus actividades cuando la vacuna se haya desarrollado de manera efectiva y esté a su alcance. Pero ese escenario parece que puede llegar hasta el año 2021.

Vía: unplash

Aún cuando el escenario de la pandemia no parece desacelerar, al menos en nuestro país, es prudente tener cierto miedo al Coronavirus pero no dejar que este nos secuestre. Fernando Tobías, profesor en el Colegio Oficial del Colegio de Cataluña, señala que es recomendable empezar a tener interacciones con un círculo íntimo de personas en lugares abiertos para hacer nuestro regreso al mundo exterior de manera paulatina. Muchas veces los cubrebocas, guantes y caretas sirven como protección no sólo sanitaria, sino emocional, para sentir seguridad una vez estando fuera. En nuestro país se ha recomendado estar en lugares abiertos con sana distancia para estar mayormente protegidos, mientras se tiene la oportunidad de poder disfrutar del mundo exterior.

Si aprendemos a seguir las medidas de seguridad y tomar en cuenta todas las recomendaciones de las autoridades de salubridad una vez que mejore la situación, lograremos deshacernos del temor y afrontaremos la nueva realidad.

Soy estudiante de Relaciones Internacionales en la Ciudad de México. Me gusta escribir acerca de política nacional, deportes y temas de igualdad de género.

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