Salud, familia y tiempo: los bienes que importan frente a la pandemia del COVID

ntre los destacados acontecimientos del año 2020, la pandemia provocada por el virus SARS-COVID19 fue la protagonista estelar en la existencia de millones de personas a nivel global. Un virus desconocido, altamente contagioso, con tasas de mortalidad considerables y con desconocimiento profundo sobre cómo combatirlo, llevaron al mundo a una catarsis casi apocalíptica. Así, el replanteamiento de las formas de vida es parte esencial de los efectos que tiene este virus, el cual, llegó para ser parte de la comunidad.

En efecto, el encierro domiciliario para establecer la famosa “cuarentena” vino a dar un giro de tuerca a nuestras ajetreadas y estandarizadas vidas. No poder salir a lugares de recreación, no poder abrazar a familiares ni poder convivir con amistades, son algunos de los costos paralelos que nos trajo el COVID. Costos que vinieron a cambiar la perspectiva de un año de vida que vivimos diferente al resto de años pasados, costos que pusieron y ponen a cimbrar los moldes de vida ejercidos.

Sin embargo, la pandemia también vino a poner en su justa dimensión las cosas que en realidad deben importar en nuestras vidas. Asuntos de vida que habían estado siendo desdeñados en nuestra cultura o que simplemente no les dábamos la relevancia que deben tener en nuestra existencia como seres humanos. Es más, muchos aspectos los dábamos por sentado, afirmación errónea y triturada por un virus que afecta las vías respiratorias teniendo no sólo como secuelas daños físicos, sino también cambios en la perspectiva que uno tiene de la subsistencia.

Uno de estos aspectos tiene que ver con la salud, término inequívoco que los seres humanos habíamos dejado en el baúl de los olvidados, concepto que dábamos por sosegado y del cual, trabajamos poco por cuidarlo y fortalecerlo. Es más, al llevar una vida tan ajetreada, llena de estrés y nula cultura por la revisión médica -todos efectos de la era globalizada-, los seres humanos hemos descuidado este aspecto tan vital. La salud que llega a ser materializada a un ínfimo valor por un sistema que sólo quiere el consumo.

Nuestro cuerpo es un sistema perfecto al cual hay que estar fertilizando constantemente.  El ejercicio, la buena alimentación y los cuidados necesarios deben ser la bandera para el actuar diario. En la medida de nuestras posibilidades, debemos cuidar este preciado santuario que nos permite existir, debemos cuidar el único aparato que tenemos para desenvolvernos en este medio ambiente. Sólo cuidando y respetando a nuestro cuerpo, podemos construir el término salud a cabalidad.

Así, la salud volvió a estar en el ojo del huracán con esta pandemia atroz que evapora cuerpos sin más. La pandemia nos arroja la lección de que la salud es un bien valioso en nuestras vidas, bien que resulta en una bendición para aquellas personas afortunadas que salen airosas de esta tragedia. Un bien que debe ser prioridad gubernamental, pero también eje rector de nuestra cotidianidad. La salud es la fruta sagrada que cada una de las personas debe cuidar, gozar y valorar porque de un día para otro puede convertirse en la fruta podrida que se encarna en nuestros cuerpos.

Más aún, la salud física no es la única a la que debemos cultivar como un parámetro de nuestras vidas. Sino que también, la salud mental debe ser un concepto que tenemos el deber de abordar en su justa importancia, concepto que se viene acentuando y agravando a raíz del encierro por la cuarentena. La salud mental quedó exhibida por el virus porque los problemas del cuerpo no siempre son físicos, sino que también hay reacciones respecto a nuestros sentimientos, pensamientos y actuares que merecen su diligente atención. Aspectos que están desdeñados por diferentes factores en una sociedad tan reacia a tratarlos.

Así es, la pandemia sólo vino a desenmascarar los reales problemas de salud mental que afectan a millones de mexicanas y mexicanos, vino a dar luz a los tabús que se tiene respecto al tema, aunque pocas respuestas y apoyos se vierten sobre el tema. El encierro en casa desnudó y acentuó las afectaciones que tiene para nuestro organismo, el no entender, tratar y superar las afecciones de nuestra mente. Ante ello, la pandemia puso en el ojo del tornado que la salud mental es un factor sumamente importante que no debe ser subestimado para el cuidado de nuestro ser.

Por otro lado, el virus COVID-19 vino a resaltar qué tan importantes son nuestras familias y nuestros seres queridos en las veredas de nuestro destino. Vino a resaltar que las personas más íntimas que nos rodean pueden no estar el día de mañana en nuestras vidas, que su ausencia es provocada por una enfermedad que nos los arrebata de nuestro lado de la noche a la mañana. Así, la pandemia demostró que, al arrebatarnos a nuestros seres más queridos, también nos arranca un parte de nuestra esencia, una parte de la vida y una parte de nuestro corazón.

Afortunadas las personas que en esta pandemia gozan de los asientos completos en la mesa familiar, sin ausencias y en plenitud de salud. Por ello, la pandemia nos demostró que debemos valorar y amar a nuestras familias cada segundo de nuestra existencia, que un abrazó a tu madre sea la dicha más grande, que las risas con amigues sea el agua que riega nuestras fértiles vidas, que volteemos a nuestro alrededor a palmear a nuestras hermanas y hermanos porque el día de mañana los vaivenes de la vida les pueden arrancar el aliento de sus cuerpos.

De igual forma, esta pandemia enseñó que el tiempo es un valor sumamente esencial para nuestra existencia por la faz de la tierra. Cada segundo es valioso, cada minuto regalado y cada hora vivida deben ser aprovechados en su cenit, nada de desperdiciar este bien tan escaso que puede terminar antes lo programado por enfermedades e incertidumbres globales. Así, como personas debemos vivir cada momento a nuestra manera, con nuestros gustos y pasiones porque nuestra efimeridad es más incierta de lo prevista por la humanidad.

De ahí que no debamos perder el tiempo en trivialidades sin sentidos, ni abocarnos a sembrar malos sentimientos ni intrigas porque con cada acción emprendida gastamos una gota de la copa de la vida. La pandemia nos hizo ser conscientes que se debe vivir cada instante al máximo, realizar lo que nos apasiona y vivir a nuestra manera porque una enfermedad puede apagar antes la vela del tiempo de la vida. Así que, el tiempo no sólo es un bien escaso, sino que también efímero y al que se le debe invertir más que gastar.

Por todo ello, la pandemia, como crisis mundial que es, nos presentó una oportunidad de reflexionar acerca de los bienes valiosos para nuestra existencia. Es cierto que ha replanteado otros temas, ha puesto a sudar la escuálida actuación de los gobiernos, ha acentuado nuevos y viejos problemas de la humanidad, pero también reubico lo que debe ser importante en los seres humanos: la salud, la familia y el tiempo de nuestras vidas. Todos valores que son bienes preciosos para aquellas y aquellos que los gozan en épocas de aprietos.

Sí, la pandemia nos demostró que con esos bienes en la palma de la mano, cualquier persona puede considerase plenamente dichosa.

Abogado por el ITAM. Me apasiona el análisis de temas políticos y
electorales. Soy un fiel seguidor de los Pumas. Apasionado de la
Historia y de la literatura.
En ocasiones soy corredor. Por destellos declamo poesía.
Frecuentemente escucho a “The Doors”.

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