Salsa Macha

Hace tiempo, en una de las tardes tediosas de la cuarentena donde el instinto creativo aflora, decidí hacer una salsa macha con mi madre. Si no sabes qué es eso, puedo resumírtelo en una salsa de chiles secos fritos con semillas y aceite de oliva. Una de las partes esenciales del proceso requiere que se “desvenen” los chiles, esto consiste en tomar el picante y quitarle las semillas, así como el tallo, con la intención de reducir el picor y evitar que se amargue la salsa. Al hacerlo, inevitablemente terminarás con las manos “enchiladas”, claro, puedes usar guantes, pero lo más probable es que no lo hagas. Lo curioso de esto es que cuando te enchilas las manos muy difícilmente lo notas, no es hasta que te tocas el ojo o rosas tu dedo con los labios cuando percibes un ardor que parece no irse con nada. Si tocas a alguien más en un área sensible, lo más seguro es que también irrites la parte del cuerpo que palpes.  Lo mismo sucede con el ánimo.

Aunque con un chile es de esperarse que este efecto sea provocado, en la vida diaria hay cosas que tienen un efecto parecido en nuestros sentimientos. Tal vez la diferencia más notoria es que, en este caso, difícilmente notemos que hemos irritado nuestro ser, pero igual que con la preparación de la salsa, si frotamos a alguien más es decir, si convivimos con alguien máspuede ser que ese alguien termine con un ardor insoportable que, aunque lo lastima, le fue provocado por fuerzas ajenas. ¿Tiene esto algo de malo? No, es un inevitable de la convivencia humana, no hay manera de que nuestro tránsito en las vidas ajenas pase enteramente desapercibido, a menos que tan solo sea un casual choque de hombros al pasar por un mismo tramo de la calle. Es posible que uno de los elementos más frustrantes de esto sea el hecho de que la mayoría de las veces no sabemos realmente qué es aquello que nublo nuestro día.

A veces existir cansa, la verdad es que hay días en que, aunque no hayamos hecho nada, estamos exhaustos, hablar o convivir con alguien más, aunque emocionante, parece un martirio, pues es de esas mañanas en que nos hemos despertado en un cuerpo idéntico al nuestro, pero que se siente totalmente ajeno y desconocido. Este cuerpo nuevo no termina de simpatizarnos, nos hace sentir mal con su simple manera de actuar o respirar y es que es la proyección de nuestra peor versión atravesando, además, su peor momento. Porque, a veces, el factor irritante es la existencia repetitiva y rutinaria que de ser una comodidad un día decide ser una pesadilla, un sentimiento en el pecho nos abruma y una tristeza combinada con rabia nos llena y no entendemos. “¿Por qué me siento así?”, esta pregunta circula por nuestra mente mientras estemos despiertos. Cesada la leve convivencia procedemos a cuestionarnos, “¿por qué actuaste así?” Y entonces, alguien nos pregunta si todo está bien y aunque todo lo está, nada se siente así.

Vía: El imparcial.

El motivo de esto no lo conozco, sinceramente tampoco busco conocerlo. Al día siguiente te levantas y es como si lo que sucedió con anterioridad hubiera sido una mera simulación, un sueño demasiado realista donde interpretabas un papel de un personaje que te cae mal. De pronto, te tienes que enfrentar a la realidad… también eres eso, aunque no te guste, aunque no se sienta correcto, a pesar de que te avergüence. La irritación que contagiaste también existe, sucedió y es irreversible, tal vez no fue para tanto, pero estarás toda la semana pensando en ello hasta que lo olvides o llegues a la fatal revelación de que, aunque seas feliz, nada es perfecto todo el tiempo y que quien te ame a veces tendrá que entender esto, porque probablemente también tú tengas que entendérselo a ellos. La raíz del enorme sentimiento de vacío que esto causa también parece ser un misterio, tal vez es la manera en que la vida nos hace apreciar los días buenos.

No pretendo decir que evitemos este sentimiento, que estemos sonriendo todo el tiempo, que nunca fallemos… no pienso decir tampoco que esto es erróneo, que esto solo les pasa a ciertas personas con ciertos sentimientos, lo que realmente quiero decir es que no nos alejemos de esos momentos, que no digamos que nunca han sido nuestros. Mucho menos quiero decirte qué hacer con esos días grises… si gustas lee un libro, aléjate o vívelo, en soledad o con compañía, pero no los odies. Haz de todo menos apegarte a esa fantasía sobre lo necesario que es que siempre seamos felices, si no hay una razón para no estarlo, olvida eso de solo apreciar los días buenos y los sentimientos positivos, porque, aunque, se les disfruta y se les aprende, de las tristezas y enojos aleatorios y efímeros también se aprende. También se mejora, porque abrazar lo negativo nos da fuerza, también nos enseña y porque a veces, al enchilarnos los ojos y las manos terminamos carcajeándonos hasta las lágrimas con ese alguien a quien también irritamos.

¡Hey! Estudio Derecho en el ITAM y tengo 23 años. Soy promotora de los Derechos humanos, y más particularmente de la salud mental. Me interesa mucho la filosofía, particularmente en cuanto a la formación individual del humano, tanto de manera colectiva como individualmente.

Siempre abierta al conocimiento de diferentes perspectivas de manera cordial y respetuosa. Nunca se sabe suficiente del mundo y siempre estamos construyéndonos.

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