Rompamos el pacto de silencio en la UAM

Admitir que vives con miedo es debilitante. Vivo dentro de un miedo constante de parecer débil, porque la lástima es más frecuente que una verdadera empatía. La empatía conlleva mucho valor. Actuar a raíz de algo que no te pasó a ti, eso es empatía.

Vivo pensando que estoy loca constantemente. ¿Lo que no se dice en voz alta existe? ¿Estoy exagerando? ¿Por qué sus palabras, su caras, las arrugas alrededor de sus ojos — lo único visible en el regreso seguro—,  por qué no refeljan mi miedo? ¿Mi enojo?

Hay un silencio dentro del coche después de que mi amiga pregunte: ¿crees que alguien que conozcamos esté en uno de los grupos?

Ya no sé qué creer.

El instito de protegerlas, a todas, alimenta la llama de mi miedo. Pero solo pienso en todas las veces que no he podido. El hecho de que 1,200 es lógico pero todes actúan sorprendides. El hecho que esos grupos han sido un hecho desde la secundaria. El hecho que teníamos solo trece años entonces y ahora —a mis 22— no le tengo buenas noticias a esas niñas que tuvieron que escuchar a unas de sus amigas diculparse por algo que se le robo a ella.

Se supone que teníamos que sentir mariposas. Cuando escogí mis aretes y los acompañé con un collar. Pero solo veo el peligro detrás de la sonrisa del extraño.

Y si sonreímos, y nos reímos, ¿me creeran que muero de miedo aún?

Nuestra hermosa capacidad de hermandad tomada como falsedad porque nos negamos a ser consumidas por el miedo y el enojo. Se necesitan pruebas de todo, hasta del ritmo del nuestro corazón dentro de nuestro pecho. Presenten un frasco de sus lágrimas a las debidas autoridades y se tomarán las debidas medidas según los protocolas tan generalizados que te preguntas si las palabras acoso sexual, violencia y mujeres existen.

La palabra investigación significa “entreganos las pruebas o no existe el problema”.

Todo el tiempo quiero gritar que me vale el pase de lista, el significado del arte, el gabienete del presidente porque ¿QUÉ NO VEN QUE MUERO DE MIEDO?

Reaccionen. Las autoridades son un jardín de estatuas. Reaccionen y sepan que mientras hablamos de las rutas del mayabus yo solo pienso en ZORRITAS DE LA UAM, en el hombre que me he topado todos los días desde primer semestre después de que #MeToo reveló que se le insinuaba sexualmente a niñas de catorce años, en los hombres que no intentaron ocultar que me miraban en la mañana mientras esperaba el camión, en aquellos “amigos” que en verdad nunca conocí hasta que lo hice.

¿Cómo nos piden cordura bajo tanta presión? ¿Cómo es que se las damos?

Pienso en el número que significa 1,200. Las que no saben. Las que sí y ya se resignaron. Las que sí y no lo han podido entender. Las que no pero nunca volverán a mandar una foto. Porque ese es el problema, ¿no? Que no nos cuidamos, que confíamos en las personas equivocadas.

Confíar es un derecho que no nos toca como mujeres porque nosotras somos responsables de cuidarnos.

Y si alguno se expulsa o se mete tras las rejas porque nuestro ruido es tan molesto que se ven forzades a darnos un resultado, no serán todos. Los hombres detrás de ZORRITAS DE LA UAM no serán los que incomodaron a tantas en mi secundaria hace casi 10 años, los violadores de me universidad pasada. Ellos ahí seguiran con mi miedo.

Tomarán este hecho para decir que no hay nada más que se puede hacer porque ya se está haciendo todo lo posible. Al fin, estás cosas tomán tiempo. Para ellos lo que importa es que estan haciendo ALGO, se están esforzando.

Nosotras también hacemos un esfuerzo enorme. Ojalá nunca sepan lo que significa tener el valor de confiar en tus amigos, de darte la oportunidad con ese chico lindo que acabas de conocer, de sentarte en un escritorio con un hombre y recibir clase de un hombre y salir y toparte con más hombres, siempre con esa insistente alarma sepultada dentro de nuestras cabezas de que su mera presencia se debe tomar como un peligro potencial.

Si has estado dentro de alguno de estso grupos, participando o como expectador, te deseo mi miedo multipilicado al infinito. Yo sé que no eres un monstruo lejano a los chicos que conozco. Yo sé que piensas que porque no se lo haces a todas, no eres una mala persona. Yo sé que puedes fingir lo que haces y, si nadie se entera, no existe, que solo es una foto y hay cosas mil veces peores. Sé que te puedes pintar como la víctima al recibir algún tipo de cnsecuencia.

Yo sé que esta vez puede que no te pase nada y por eso ves nuestras demostraciones e intentos de provocar un cambio como algo insignificante, pero entiende que cuando decimos “No es una, somos todas” no estamos bromeando.

Para ti hermana: no somos una, somos todas. Somos un mar y te pertenecemos a ti.

Stephi. Soy feminista, tengo 21 años y estudio Comunicación en la Anáhuac Mayab. Procuro leer tanto como lo hacía en la primaria y ver todas las películas y escuchar todos los álbumes que pueda antes del Apocalipsis.

Sigo aprendiendo y no pretendo dejar de cometer errores. Solo espero que sea uno diferente cada vez.

Bi.

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