Reseña: “Tenebra” de Daniel Krauze

El nuevo libro de Daniel Krauze, Tenebra (2020), explora los vericuetos de la vida política del país desde un primer plano muy claro. La novela lo hace a través de la historia paralela de dos personajes antitéticos, Martín y Julio, aunque con una actitud egoísta compartida que devienen en actitudes peligrosas y antipáticas: venganza, una sed de justicia personal y un menosprecio para la gente que los rodea. Aparecen ambos como sujetos con motivaciones de esa índole, pero de manera latente, existe todo un entramado sistémico del cual son parte y producto. Este sistema es el México de Peña Nieto y la política mexicana con todos sus vicios.

Primeramente, el libro destaca porque permite a los lectores acceder a este mundo de la politiquería donde de todo se habla, menos de política. Cada personaje diferente es un arquetipo de una pieza del juego de la sociedad mexicana. A pesar de ello, cada uno tiene su personalidad y verosimilitud, algo que en gran medida hace de la novela entretenida e impactante. Incursionamos a las cenas privadas de senadores y diputados, a los vicios del oficio, a la ruda jerarquización y el siempre presente patronazgo de los puestos políticos. Cada parte de la pirámide hace de su poder un capricho mayor cuanto más arriba se está y cada político es un empresario rapaz en un sistema que está hecho para gente de esa índole. Esta parte del libro, que, aunque es bastante específico con su acción, toca a toda la política mexicana de los últimos años, es un escrito que motiva a los lectores a hacer inducción y generalizar desde la experiencia específica de cada personaje, un problema mucho más amplio. El autor me platicó en una entrevista que estuvo en contacto directo con este mundo a través de reuniones con gente involucrada en la política y mediante investigación, por lo que la mayoría de los sucesos tienen que ver de alguna manera u otra con la realidad. En pocas palabras, se podría decir que el libro retrata al estado mafioso, como se le ha llamado ya repetidas veces al Estado mexicano, a través de personajes ficticios, pero sumamente reales.

Dado que los temas tocados en el libro son demasiados e igualmente de importantes, dividiré su apreciación a través de cada uno para no quedarme en generalidades; corrupción, precarización del periodismo, machismo, racismo, clasismo y narcotráfico son temas que recurrentemente aparecen en la novela.

Vía Proyecto Puente

La corrupción es endémica en el libro; es la regla más que la excepción. Lo obvio de esto viene dado porque eso fue el gobierno de Peña Nieto: un gobierno que tenía como política la extracción de recursos y la colusión de poderes. En este sentido son sumamente ilustrativos el caso de la destrucción de manglares para la construcción de hoteles de lujo por parte de empresas relacionadas a políticos de Quintana Roo, especialmente al gobernador. También esto se ve desde quién hace aquellos arreglos y engaños con los ejidos aledaños al proyecto: Julián, el achichincle de un senador exgobernador de Quintana Roo.

También la corrupción y sus consecuencias persiguen a otro personaje, Martín, quien viene de una familia arruinada por los negocios turbios y fallidos de su abuelo, un ex miembro de la élite partidista caído en la desgracia por la crisis de los años ochenta. En realidad, en cualquier parte del libro se encuentran pasajes que tocan el tema de la corrupción, especialmente con los escenarios estrambóticos y lujosos en donde se desarrolla todo el espectro del sistema político mexicano. Parecería que lo que se retratan son reyes más allá de las leyes, y no “servidores de la nación”.

Seguido de esto, uno de los temas que está siempre presente es la diferencia tan grande que existe entre el mundo turbio de la política y el resto de los “mortales”. Pero sobre todo la marcada diferencia se hace a través del personaje de Martín y su amiga Beatriz. Martín, por un lado, es un abogado que trató de abrir un despacho que representara intereses honestos. A raíz de esto, sufre de la exclusión y la mala paga de este sector. Su amiga y luego novia, Beatriz, por otro lado, representa al periodismo alternativo que trata de navegar y criticar al sistema que a ella y a muchos otros ha dejado olvidados. La valorización del periodismo crítico e independiente (nula) se presenta patentemente cuando a causa de artículos de su autoría, es acosada y, finalmente, asesinada por el poder en el que confluyen el empresariado, la política y el narcotráfico.

La novela es especialmente dura por el retrato que presenta de una sociedad completamente fracturada y dividida en la que el clasismo, racismo y machismo confluyen para crear un ambiente hostil y de guerra en los participantes más adentrados en el sistema como Julio, el achichincle del senador corrupto, y su novia, Marina. Primero que nada, Julio ha recibido discriminación constante por su color de piel oscura. Desde que tiene recuerdos, su color lo definió y de ahí a que se valiera del apodo de Negro. De una familia de origen humilde, el personaje tiene que luchar por siempre tratar de demostrar que él no es el estereotipo racista y clasista de su clase social o de su color de piel. Para hacer esto, asume al sistema en su manera de actuar y se convierte en un lamesuelas de oficio de políticxs y gente importante. Todo se convierte en un juego de tráfico de influencias y de demostrar, al menos en apariencia, control y poder. De ahí a que su amante, Marina, y él tengan una relación que surge a través de lo que el sistema vende como deseable. Por un lado, Marina está interesada en el dinero de Julio y su futuro en la política. Por el otro, para Julio, Marina representa el finalmente haber alcanzado el acceso a un mundo de privilegios, un mundo machista que considera a una mujer blanca, actriz y con cuerpo “perfecto”, un trofeo.

Siguiendo este tema, es muy interesante también el contraste que se hace con el mundo de Martín, un blanco empobrecido quien tiene un enojo y deseo de venganza que viene de la autocompasión por un pasado “glorioso”. Dicho pasado glorioso estaba basado en la posición social de su familia que cayó después de meterse en problemas con un político poderoso. Martín tiene resentimiento porque siente que merece el privilegio que le quitaron a su familia. No por eso lo busca activamente, pero sí lo envidia y toma el tema como una cruzada personal, más que una necesidad moral de cambio. El racismo y clasismo se ve aquí en todo el discurso de los manerismos y modales de “clase” y en la ausencia de barreras parecidas a las que se enfrenta Julio, a causa de su color de piel.

También es interesante la sombra del crimen organizado y la inseguridad. Al igual que en el gobierno de Peña Nieto, de esta sombra no se habla de manera tan explícita, a pesar de que era de los problemas más apremiantes del país, y lo siga siendo. Su personificación se da a través de un personaje misterioso, llamado El Diplomático, un hombre dedicado a la trata de blancas en el estado de Quintana Roo, inspirado en un caso real. A pesar de sus pocas apariciones en la novela, El Diplomático tiene un peso contundente en el desarrollo y el desenlace de la misma. Demuestra como la autoridad política incluso comenzó a ceder y a dejar intimidarse por el crimen, incluso al grado de que este se confunde con el quehacer político del país.

Daniel Krauze, extraída de Quién

Como reflexión final y como el autor mencionó en una entrevista que le realicé, su novela del sexenio de Peña Nieto prácticamente se convirtió en una novela de índole histórica y ese es el fuerte de la novela, el retrato. Además, en el texto se perfila una transición del priismo al obradorismo en donde los mismos políticos, la misma élite política con toda su podredumbre moral, se ponen la casaca del nuevo régimen y se adaptan a un discurso nacionalista y supuestamente moralizador. La máscara no importa si los incentivos en el entramado institucional y social del país están alineados hacia la apatía, el beneficio personal y un sentimiento de autocompasión destructiva. Se nota esta actitud que tanto nos pesa como país en un pensamiento de Martín: “En México, me pareció, nadie escoge la infelicidad: más bien la infelicidad nos escoge a nosotros” (Krauze, p. 329).

Proselitista de que lo humano es crear. Me gusta Juan Rulfo, el ruso, el cine y el blues. La política (me) importa y escribir también. “Al que obra mal, se le pudre el tamal”.

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