Reseña: Apegos Feroces de Vivian Gornick

“Una de las dos va a morir a causa de este apego.”, escribe Vivian Gornick después de relatar una de las tantas disputas con su madre. Gornick, nacida en el Bronx en 1935 escribe sus memorias entorno a la relación que tenía con su madre, a través de digresiones mientras nos da un paseo vívido entre las calles que recorría durante su niñez, adolescencia y adultez, aunque no precisamente en ese orden.

Cuando compré ese libro de la editorial Sexto Piso, no sabía con exactitud lo que me iba a encontrar. Empecé a leerlo al día siguiente, aprovechando que hacía dos horas de camino de mi casa al trabajo. En un inicio, me dio la impresión de que se trataba de una especie de autobiografía, poco después pensé que se trataba de un ensayo literario, después de crónicas, y así pasé de género en género hasta terminar el libro completo.

Sin embargo, un sentimiento continuo a lo largo de toda la narración fue el de creer estar escuchando a una conocida hablar sobre su madre, mientras caminamos por el parque lleno de césped seco, o sentadas en los columpios sin mecernos porque no podríamos escucharnos.

Fotografía de Mitchell Bach

Gornick toma como punto de partida a dos personajes que estuvieron muy presentes en su vida: su mamá y su vecina Nettie, dos mujeres completamente opuestas y que le brindan a la autora dos panoramas entre los cuales comenzaría a crecer y (re)conocerse. A partir de ellas dos comenzamos a recorrer el mundo en el que se vio envuelto, las relaciones que tuvo con otras mujeres y también con hombres, el análisis que hace de esas mismas conexiones sin caer en la dicotomía de algo bueno o algo malo.

Como si se tratara de un diario que alguien nos permitió leer en toda su magnitud, la autora solo retrata aquello por lo que vivió sin emitir ningún juicio, mostrando simplemente lo que es y lo que fue: relaciones estrechamente humanas, llenas de incertidumbre, de miedo, de enojo, de soledad, de alegrías, de nostalgia.

Es un libro que, aunque no esté narrado de forma lineal, puede mostrarnos el crecimiento de la misma Gornick, de cómo pasa de la duda al propio autoconocimiento, a saber cuál es el lugar que ella quiere tomar en el mundo.  

Algo que puedo admirar de la escritura de Vivian Gornick no son solo las cosas que dice o cómo las dice, sino las cosas que no dice (no únicamente en este libro, sino en general); los silencios que muchas veces me recordaron a los míos propios o a los de mi madre.

Hubo muchas líneas, párrafos, cuartillas completas que me vi en la necesidad de subrayar, así, aunque el camión pasara por baches y topes enormes que provocaban trazos chuecos y temblorosos. Si bien la relación de Gornick con su madre es poco o nada parecida a la relación que tengo yo con la mía, había puntos de encuentro que iban más allá de la simple vivencia cotidiana. Resalto, sobre todo, la línea que se va engrosando en esa relación, cuando Vivian comienza a crecer, línea que comienza a separarla cada vez más de su madre, tanto física como ideológica e incluso sentimentalmente, línea por la que todas las personas comenzamos a trazar o que está incluso desde que nacemos; un puente extraño que nos separa de nuestra madre pero que, como puente, también nos conecta.

Soy una persona no binaria, nacida en el 97. Estudié letras y aunque una de mis grandes pasiones es la lectura, muchas veces me inclino a la crítica social desde un enfoque cuir y feminista. Mis intereses siempre se encuentran en movimiento ya que me gusta aprender cosas nuevas. Creo firmemente que lo personal es político.
Me gusta escribir en primera persona.

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