Repensando aversiones musicales de mi adolescencia

Es común que muchas cosas que tienen a las mujeres como público meta sean menospreciadas, y la música definitivamente no es la excepción. En estas últimas semanas de confinamiento, Taylor Swift sacó un nuevo álbum y se cumplió una década desde la formación de One Direction (1D); lo cual me hizo recordar los años de secundaria y prepa y analizar ciertas actitudes que tenía hacia la música de esta banda y la cantante.

Para dar un poco de contexto, debo mencionar que yo era (¿soy?) fan de Big Time Rush (BTR) y la rivalidad que existía entre las fans de esta agrupación y las de 1D era bastante latente, siempre intentando probar cuál era mejor. Claro, 1D tenía muchísima más fama que BTR, lo cual dejaba a las Rushers en desventaja porque tenías una amiga que era fan BTR que te apoyaba y seis que eran Directioners. En su momento, yo no era consciente de dos cosas que ahora me parecen muy evidentes: que ese antagonismo entre nosotras por la banda que nos gustaba estaba en concordancia con la idea patriarcal de «el peor enemigo de una mujer es otra mujer»; y que las boy bands no hacen verdadera música.

El primer punto es auto explicativo, y sí, ciertamente es común que la fanbase de dos franquicias, grupos, etc., de un mismo género o tipo de contenido se enfrenten entre sí y compitan para probar cuál es la mejor, pero en el caso en concreto de BTR y 1D siento que no era exactamente igual justo porque la fanbase está conformada mayoritariamente por adolescentes/mujeres jóvenes y no queríamos ver objetivamente cuál era más buena, sino era una confrontación entre nosotras como fans, viendo a las otras como antagonistas.

Eso llevó a que me preguntara, ¿por qué teníamos esa necesidad de probar que cuatro gringos eran “mejores” que cinco británicos? ¿O al revés? Realmente el que no me gustara 1D no tenía fundamento alguno aparte de que eran los opositores de mi banda favorita y eran más mainstream, lo que me enojaba porque en mi cabeza BTR era mil veces mejor y merecía más reconocimiento —francamente eso último lo mantengo—, así que el desprestigiar a la banda británica era principalmente por eso.

Lo segundo lleva más de 50 años considerándose verdad, cosa que podemos apreciar con The Beatles. Si entendemos a una boy band como un grupo de cantantes jóvenes cuyo público objetivo son adolescentes o mujeres jóvenes, entonces The Beatles era, por lo menos en sus inicios, una boy band. Muchas de las críticas en los 60’s giraban en torno a que su fanbase la conformaban mujeres y, como nuestro gusto musical es subestimado, eso era negativo. En algún punto, los hombres los empezaron a considerar buenos, que valían la pena y con el paso del tiempo se volvieron relevantes; dejaron de ser una boy band y se convirtieron en la banda.

En cuanto a Taylor Swift, pasaba algo similar que con 1D, aunque proviniendo de un lugar más misógino. Como también era popular y además una mujer, no me llamaba para nada la atención, y que sólo por ser ella, su música ya era mala. Ni a Taylor ni a 1D les di alguna vez una oportunidad más allá de las ocasiones que ponían sus canciones en una plaza, fiesta o la radio, pero no escuchándolas por voluntad propia.

Hace ya un tiempo que me cuestioné de dónde venían esas conductas, ya que no tenían un sustento válido, y ahora con el aniversario de 1D y el lanzamiento de folkrore volví a darle vueltas a cómo nos meten estas ideas desde niñas. Si nosotras estamos consideradas como el principal grupo demográfico que consumirá esa música, automáticamente es música que no está al nivel de bandas con audiencia primordialmente masculina. Hoy podemos ver qué pasa con las bandas de k-pop.

Como parte de esta reflexión, escuché los dos álbumes de Harry Styles, cosa que sé que a mi yo de 15 decepcionaría porque lo vería como una alianza con el enemigo. Mi yo actual lo considera una reconciliación con ese pasado de posturas altamente discutibles. De igual forma, escuché folklore, y si bien ninguno de esos tres álbumes es del tipo de música que pongo con frecuencia, no descartaría escucharlos otra vez.

Honestamente disfruté el rato que duraron los álbumes, y si hay personas que no han parado de escuchar folklore desde su lanzamiento, bien por ellas. Esa hubiese sido la postura ideal que mi yo de 15 debió tener, porque, ¿qué más da si a una amiga le gustaba 1D, pero no BTR? Sí había niñas que eran fans de ambas sin mayor problema, porque no existía problema alguno, sólo preadolescentes y adolescentes disfrutando de canciones para la que muchas veces se inventaban palabras al cantarlas. El problema era que pensábamos que debía existir rivalidad.

Definitivamente esto es un progreso y el notar estas cosas que podrían parecer muy triviales hace que sea consciente de lo mucho que he cambiado como persona en distintas áreas de mi vida, así sea el escuchar a cantantes a quienes les tenía aversión hace un tiempo.

Espero haber generado cierto tipo de diálogo interno con esto y que los lleve a cuestionamientos similares. También, si les produjo nostalgia y les recordó a sus años preuniversitarios, donde su mayor preocupación era cuándo BTR, 1D o la(s) banda(s) que siguieran en ese entonces iban a sacar un nuevo video musical o disco, recomiendo volver a escuchar sus canciones —si es que dejaron de hacerlo— y abrazar los recuerdos que seguramente traerán.

Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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