Reinventar la economía

Vivimos en un periodo de tiempo impulsado por una serie de cambios, no cabe duda. Un nuevo contexto social, junto con las tendencias tecnologías del siglo XXI, han dado pie a la generación de un camino el cual puede ser alentador, o no, para la civilización. Dentro de los aspectos que han abarcado nuestra evolución como especie, siempre ha existido una constante para poder marcar hitos en la historia, la cual es el progreso científico.

Antes del comienzo del paradigma en el que ahora vivimos, es decir, dentro de la era del mercantilismo (Siglo XVI), la economía mantenía un crecimiento casi nulo, mismo que solo era positivo cuando los reinos conquistaban otros territorios o, puntualmente, cuando se robaba a otros. De esta forma, la cohesión social de esa época distaba de ser justa e incitante para generar riqueza, por ende, la estructura laboral de esos años se veía regida por la esclavitud. Sin embargo, después de la revolución industrial, el auge del modelo económico liberal, o clásico, comenzó a cambiar la perspectiva de la acumulación de dinero a través de instrumentos como el crédito, la división del trabajo y el capital.

Hoy, el mundo vuelve a vivir una revolución en sus parámetros tecnológicos. La entrada de nuevas herramientas virtuales y los descubrimientos científicos están potencializando ya no solo más riqueza, sino también un nuevo orden social. Sin tomar en cuenta los cambios políticos, la humanidad poco a poco ha dejado de lado sus problemas, aunque claro está que esto no implica un logro por el cual debamos descuidar los contratiempos del presente. Con las bases formadas y en vísperas de una nueva estructura económica, debido a las mejoras técnicas en varias industrias, tendremos una nueva oportunidad para enmendar los errores que hemos acumulado en los últimos años.

Para ser más precisos, detengámonos a analizar brevemente la transición del mercantilismo al liberalismo. Después de un tiempo en el que la concepción de la economía se media con base en la cantidad de metales preciosos que acumulaba una nación, Adam Smith propuso un nuevo paradigma de esta visión, la cual consiste en medir la riqueza a través de la producción de bienes de un país. Este cisma en la doctrina mercantilista provocó un reajuste en la sociedad, pues ahora con la motivación de producir más para ser más ricos, la población buscó nuevos sistemas para agrandar su bienestar económico, con lo cual se cambió la esclavitud por la especialización, el robo por el crédito y la acumulación por inversión.

Es preciso abordar un punto clave del último párrafo: el cambio en la sociedad se produjo no solo gracias al nuevo paradigma económico, pero sin este no hubiera existido cambio alguno. De esta forma, la reestructuración económica pudo solventar un nuevo modelo de vida y, más importante, un completo y nuevo sistema de confianza basado en nuevas instituciones. Con esto último vale la pena recalcar que, a través de la historia de los seres humanos, el dinero ha sido el método más efectivo para unir a las sociedades y establecer relaciones entre diferentes países, religiones, ideologías e, incluso, adversarios.

Una vez comprendido lo anterior, pasemos a analizar las posibilidades del porvenir. Varios analistas han coincidido en que la economía está apunto de dar un paso clave en su historia, pues la llegada de la automatización ha comenzado a desplazar a trabajadores de sus encargos. En plano mexicano, un estudio reciente del Banco de México ha concluido que 7 de cada 10 empleos en el país corren el riesgo de automatizados por máquinas, algoritmos o inteligencia artificial, lo cual implica de manera tajante un cambio en el mercado laboral, en la producción y en la forma de organización social.

Gráfica: Probabilidad de automatización por sector en México.

Primeramente, el mercado laboral vivirá un parteaguas en su estructura, pues con la incorporación de robots y sistemas diseñados para la eficiencia en la producción, el trabajo que como seres humanos ofrecemos no solo se depreciará, sino que hasta cierto punto será inservible comparado con las nuevas tecnologías. En segundo lugar, la producción podrá alcanzar niveles bastante altos y su optimización será casi ideal, por lo que la inversión en capital aumentará conforme las innovaciones también lo vayan haciendo. Por último y más importante, la sociedad conocerá un nuevo modo de vida, por lo que tendremos dos opciones muy claras: innovar en nuevas formas de trabajo o aceptar que pasaremos de ser la ¨clase explotada¨ a ser la ¨clase inservible¨, lo cual nos abre las preguntarnos ¿qué es peor? ¿Ser explotado o no servir para ningún trabajo?

Diferentes instituciones en el mundo, entre ellas Banxico, han comenzado a emitir recomendaciones para mantener una competitividad laboral. La amplia mayoría, sino es que todas, no han pasado de sugerir una mejor profesionalización y educación, sin embargo, todos también coinciden en que dicha ¨solución¨ solo disminuye las probabilidades de ser reemplazado, no acaba con ellas. Simplemente pensemos, hoy en día los ingenieros están diseñando autos autónomos, los restaurantes han empezado a cambiar a sus cajeros por máquinas, servicios de paquetería como Amazon se sirven cada vez más y más de maquinas e, incluso, ya hay un robot abogado llamado Rossy un presentador de noticias formado con inteligencia artificial de la cadena Xinhuaen China.

Este artículo no está hecho para atemorizar a los que hoy nos encontramos terminando nuestros estudios, sino más bien está destinado a motivar un camino bien consolidado para nuestro futuro. Más temprano que tarde habremos de encontrar una solución que permita catapultar este nuevo paradigma social y económico en un avance para la sociedad. En otras palabras, así como nuestros antepasados lo vivieron en la transición del mercantilismo al liberalismo, en nuestros tiempos nos tocará dejar atrás problemas como la desigualdad y la contaminación ambiental con este nuevo paso hacia la automatización. Como bien decía el historiador ateniense Tucídides, la historia es un incesante volver a empezar.

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Fuentes consultadas:

http://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/reportes-sobre-las-economias-regionales/recuadros/%7BE3665296-DCDE-78FD-54CB-0420E1CD9A36%7D.pdf

Rodrigo Núñez, 21 años.

Estudiante de economía en el ITAM y derecho en la UNAM, coordinador del área de transparencia del Centro de Estudios Alonso Lujambio y asistente de investigación del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
Escribo sobre economía, derecho e historia.

Me interesan los deportes y la política.

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