Rehabitar las Ciudades en la era Post Pandemia: Procesos de Descentralización

Ha pasado más de un año desde que México tuvo sus primeros casos de COVID-19, más de un año en que, paulatinamente, comenzamos a permanecer en casa —quienes tuvimos las posibilidades debido al tipo de actividades que desempeñamos. Durante los primeros meses de 2020, en general, las ciudades vieron menor tránsito en sus calles, negocios y parques cerrados y un ambiente ominoso por la incertidumbre que este nuevo virus propició. Nuestro itinerario cotidiano cambió radicalmente, más allá de la adopción de las medidas básicas para prevenir contagios. En algunos casos, imperó la necesidad de encontrar nuevos pasatiempos, replantear tiempo para convivir con nuestro núcleo familiar y prescindir de salidas habituales. En otros, por desgracia, implicó una búsqueda constante de oportunidades laborales tras perder sus empleos debido a los efectos que la crisis económica y el cierre de actividades derivado de la contingencia sanitaria. La forma de sobrellevar la pandemia no ha sido la misma para todes, eso debería quedar muy claro en un país en el que predomina la desigualdad social y económica (mayor aún si se analiza particularmente a nivel de entidades —o localidades— y con perspectiva de género).

En México no se han adoptado confinamientos obligatorios generalizados. La estrategia desde los primeros meses de pandemia siempre estuvo centrada en el cierre de actividades “no esenciales” (desde la perspectiva gubernamental); muchas de ellas, incluso, siguen sin reanudarse. Debido a que el trabajo de oficina también mantiene actividades de forma remota, una gran cantidad de personas pudieron mantenerse en casa. El home office, la educación en línea y las restricciones en actividades trajeron consigo cambios importantes en las dinámicas a las que las ciudades estaban acostumbradas.

Home Office. Foto retomada del artículo: COVID UNAM. Home office: cómo el coronavirus puede cambiar el futuro del trabajo. México: Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia Coronavirus – UNAM [en línea].

Teniendo en cuenta lo anterior, es de suma importancia resaltar que las crisis económico- social y sanitaria trajeron consigo una crisis inmobiliaria en las principales zonas metropolitanas del país derivada de la amplia demanda de viviendas, los procesos de gentrificación cada vez más recurrentes en colonias tradicionales y el acaparamiento de espacios para oficinas o plazas comerciales. El trabajo remoto debería haber impulsado un proceso de descentralización, la adaptabilidad de las empresas ante el trabajo a distancia es un área de oportunidad para que las personas decidan cambiar de residencia, especialmente aquellas que manejan esquemas de rentas que siguen siendo altos en comparación con el ingreso promedio del país. La relación trabajo-residencia, desde mi perspectiva, es el factor central para la serie de cambios que pueden ser benéficos para las personas (centrándonos, principalmente, en la calidad de vida). Actualmente, debido a la concentración de trabajos en regiones o ciudades particulares, estamos inmersos en altos costos de vivienda si se busca residir cerca de la zona laboral y extensos traslados desde zonas más asequibles (desplazamientos que suelen tomar más tiempo del proyectado debido a los congestionamientos viales provocados por la dependencia a los automóviles particulares y la deficiente infraestructura de transporte público). El trabajo remoto ha permitido a las personas ahorrar, en algunos casos, hasta cuatro o cinco horas diarias de traslados, tiempo que puede ser ocupado para convivir con su familia o realizar actividades que antes no podían realizar. Al pensar en la posibilidad de cambiar de localidad para residir, además de encontrar costos menores a los acostumbrados en las zonas metropolitanas, las personas podrán encontrar mejores condiciones medioambientales y menor concentración poblacional. Así mismo, esta reconfiguración permitiría generar un efecto positivo en el dinamismo económico-social de las nuevas regiones de residencia. el cual puede ser visto desde el incremento en las ganancias de los negocios de barrio, provocado por incremento en la demanda de bienes y servicios, hasta la posibilidad de generar una descentralización económica de mayor profundidad, permitiendo a empresas migrar a otras regiones (siempre y cuando sus actividades principales se lo permitan). En otras palabras, el beneficio a mediano y largo plazo, en materia económica, está centrado en reducir la desigualdad de acceso a oportunidades laborales e impulsar el crecimiento de las economías locales. De igual forma, desde los gobiernos estatales y locales, será necesario acompañar esa transición con políticas públicas e inversión social adecuada para beneficiar a la población, principalmente aquellas destinadas a la mejora de la infraestructura de movilidad, el espacio público y áreas naturales, así como las estrategias de seguridad.

La transición dependerá, en la mayoría de los casos de las preferencias geográficas y personales de las personas, la distancia con familiares, la aversión derivada de temas de seguridad o las condiciones climatológicas pueden ser factores relevantes. Sin duda, este no será un proceso a corto plazo: de manera constante podrán verse los efectos y oportunidades que esta reconfiguración propiciará. Así mismo, es preciso adelantarse a este cambio en la tendencia para solventar también los retos pendientes que existen dentro de las zonas metropolitanas. Es imperante que cambiemos el paradigma sobre el “habitar” en este país. El futuro de las ciudades debe estar centrado en la apropiada gestión de espacios públicos, el acceso a viviendas dignas y en la innovación y adaptabilidad para el progreso de las economías locales y el mercado laboral. De esta forma, cualquiera que sea la decisión de una persona sobre cambiar de residencia o mantenerse en su localidad actual, podrá encontrar las vías para vivir con gusto en su comunidad.

Economista. Jamás dejemos de hablar sobre las múltiples necesidades que tiene nuestro país respecto al desarrollo social. A veces hablo de temas político-económicos, el resto del tiempo sobre literatura y gastronomía. También escribo poemas.

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