Recuento de los (d)años

A Daet, Leny, Isa, Leandro, Enrique
y a todas las personas que terminan inspirando
lo que escribo

Tengo minificciones que podrían crecer como novelas, versiones distintas de los artículos que he escrito para este portal y anotaciones que olvidé para qué eran necesarias. Tengo las palabras que dije en un brindis; un corderito dibujado al puro estilo de El Principito, porque ese día alguien se sentía mal y yo, cosa rara, no traía papel ni pluma. Tengo las 24 cosas que más me gustan de mi novia, mismas que están sin actualizar desde el 2016 (son las mismas cosas y es la misma persona). Tengo la clasificación de un libro del primer piso de la biblioteca del Campus de CSEAH sin recordar cuál es; ideas de cuando la tesis aún era una tesis y no un artículo publicable; las biografías de mis ponentes en el CIELL 2018; la entrevista que hice para el CEDH pero cuyo video perdí; una lista de compras navideña a la que solo le falta tachar “Ganas de vivir”, porque no habían en ninguna tienda y por las que todavía pregunto. No vaya a ser que un día las encuentre. (En los OXXOs no las tienen, y eso que venden hasta chanclas).

Este texto también se va a quedar entre las notas de mi celular. Ni siquiera porque vaya a regresar a él y modificarlo todas las veces que lo abra, sino porque, tal vez, nunca aprendí a desprenderme de mis palabras. Tal vez por eso guardo la carpeta de lo que osaba llamar poesía en la secundaria.

Asumo que debo comenzar a desprenderme de muchas cosas, de muchos libros e incluso de muchos sueños. Desprenderme, a lo mejor, de todas las libretas “a las que les quedan hojas” o, por qué no, de esos tres huacales de libros que “estoy vendiendo”. De los 60 VHS de Disney, los discos de vinilo que no escucho o del XBOX 360, al cabo que ya ni tengo televisión. Desprenderme también de las botellas de cerveza que, según, tienen una historia cada una; de los dados de taxista que opté por no pegar de nuevo en el coche; de los posters que nunca puse en la pared. Dejar ir el sueño aquel de crear una banda, el de ser bookstagramer o tuitstar, el de salvar a la ASMAC de sí misma, el de llamarme poeta…

No suelto mis palabras porque tenga miedo a perderlas. Si eso fuera cierto, este texto no sería los pixeles que ves ahora. Me gusta tener cerca el pasado para reconocer que, lo que viene, no está sucediendo por casualidad.

 

Por cierto, estoy vendiendo libros (propios y ajenos). Pregunte sin compromiso.

Licenciado en Literatura Latinoamericana. Gestor cultural. Abogado de clóset. Escribe ficción y, a veces, cosas interesantes sobre la sociedad en la que habita. Experto en nada.

Una respuesta a «Recuento de los (d)años»

  1. Nunca te había leído. Me encantó encontrarte. Conocí a tus padres en algún trayecto del camino y a ti de muy pequeño.
    Gracias por compartir tu mundo, tus letras

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