Rayar: Poner el cuerpo para hacer memoria.

A partir de la manifestación realizada en la ciudad de Mérida la noche del 28 de septiembre, en el marco del Día de Acción Global por un aborto legal, seguro y gratuito, dentro de la sociedad yucateca se han generado varias preguntas respecto a las protestas pacíficas que se han centrado principalmente en el uso de las pintas. La mayoría de los discursos que se oponen al grafiti alegan a que esto representa una acción violenta que daña a terceros, pero estas opiniones contrastan con las ideas del filósofo, politólogo y escritor estadounidense Gene Sharp, quien incluye a las pintas como una de las 198 formas de protesta pacífica en el segundo volumen de su guía para derrocar dictaduras: La Política de la Acción No Violenta. Para Sharp, las rayadas representan un arma no violenta que hace frente al arsenal militar y policiaco que utilizan los gobiernos opresores para silenciar las demandas de las poblaciones que nos sublevamos.

Quizá para adentrarnos más en esta discusión, sería bueno hablar del origen histórico del grafiti, este resulta difícil de ubicar pues no se sabe con certeza su procedencia, sin embargo, se han encontrado datos de su uso desde el imperio romano. En la historia contemporánea, se han visto relacionadas con la cultura del hip-hop, en la que las y los grafiteros habitantes de las periferias, de lo descuidado e invisible, rayaban en los muros, metros y edificios abandonados sus apodos y los nombres de las calles donde vivían. Desde fuera este acto parecería ocioso y sin sentido, pero lo simbólico nos demuestra que las pintas operaban en dos sentidos, el primero era dejar en evidencia la existencia de las y los autores, el segundo, convertir a los muros y a las personas expuestas a las pintas, en testigos de ella. Así pues, desde el inicio los grafitis han servido para comunicar y hacer memoria.

Las pintas, grafitis o rayadas, son una forma de manifestación que trasciende lo visual para ubicarnos en un tiempo y espacio, estas manifestaciones de arte comunitario rompen con la monotonía y normalización del silencio, por este medio se logra que los muros griten lo que los medios callan. Para las mujeres que hemos participado en protestas feministas, las pintas son símbolos que nos acompañan y nos devuelven la seguridad en nuestras compañeras.

En un país en el que la policía nos viola, el Estado es feminicida y solo nos cuidan nuestras amigas, dejar nuestras marcas en los muros es reivindicar las calles en las que nos enfrentamos al miedo y somos frecuentemente violentadas. Rayando nos reapropiarnos de los espacios públicos, así comunicamos la promesa de autodefensa, rebeldía y cuidado mutuo, de no olvido.

No pretendo tomar el grafiti a la ligera, pues sé que esto se encuentra penalizado en el país y por ende en nuestro estado, pero es precisamente eso lo que lo convierte en un método de desobediencia civil y en un arma no violenta tan poderosa, pues representa el compromiso de arriesgarnos para romper con la tendencia a ser invisibilizadas.

Vía: Chivi

Las pintas al monumento de la madre realizadas durante la manifestación en la que se exigió el acceso al aborto legal, seguro y gratuito, han marcado a la sociedad yucateca de formas muy notorias y de las que ya no hay vuelta atrás. Podría quedarme un rato hablando de la indiferencia del gobierno estatal o de la criminalización por parte del ayuntamiento, tal vez de las campañas de difamación emprendidas por muchos de los medios de comunicación locales y de la persecución, acoso y amenazas con las que han respondido individuos en lo particular, pero prefiero hablar de las mujeres.

El mensaje que mandamos las mujeres que estuvimos ahí, las que no estuvieron y las que respaldamos al poner el cuerpo para grafitear el monumento y para cubrir a las compañeras que lo hacían, pese a las policías infiltradas y a los policías que nos grabaron desde fuera portando sus metralletas cruzadas, fue tal vez el más aterrador para la sociedad conservadora, pues con pintura, cuerpo y sororidad dimos testimonio de que estamos unidas, organizadas y que entre todas nos cuidamos.

Las mujeres que rayamos lo hicimos y lo seguiremos haciendo para que las calles no callen, para que las paredes canten nuestras consignas, para que tú las veas y para que ellos no olviden. Fuimos todas.

-Lix

 

 

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