Quiero vivir, no sobrevivir

Llevo fácil un año queriendo escribir acerca de este tema, con pensamientos literalmente bombardeándome, que ya hasta mi psicóloga me dijo que necesitaba plasmarlo y pues aquí estoy. Son tantas ideas que la verdad me da pendiente cómo ponerle un orden, así que aquí va mi más sincero intento.

El tema del que quiero hablarles es nada más y nada menos que: nuestra vida.

Espero no ponerme muy existencial, pero ¿a qué venimos a este mundo? Seguramente es una pregunta que cuesta un poco y es incómoda; no pasamos mucho tiempo meditando al respecto y mejor nos ocupamos en nuestras interacciones sociales ya prescritas. Por ejemplo, el trabajo nos hace sentir que tenemos una meta y nos distrae la mente un poco de cuestionarnos un poco acerca de nuestro motivo.

Y es válido, es padrísimo tener algo por lo cual despertarte y una meta hacia la cual trabajar, algo en lo cual poner nuestra energía. Unirse colectivamente y crear, realizar algo que ayude a nuestra comunidad, algo que nos brinde bienestar, alimento y sosiego, tareas que lleven a nuestro mejoramiento y la manutención de nuestra vida humana. Esa es la idea general por la cual trabajamos. Pero el trabajo sólo es una PARTE de nuestra vida, o así debería de ser. También para la vida humana necesitamos descanso, ocio, tiempo de contemplación y relaciones interpersonales, vaya, lo que nos hace personas. En estos tiempos estas cosas que acabo de enlistar son casi nulas, todo se vive rápido, inmediato y se satisfacen las “necesidades” , por ende la productividad, sin freno alguno. El espacio para desear, para aburrirse, pensar y sanar ya no están ahí. Llenamos cada espacio vacío y nuestras mentes no están jugando a alcanzarnos, la estamos dejando atrás.

“Una mente ocupada no sana, no enfrenta sus procesos [..] Una mente ocupada se distrae, reprime y acumula lo que siente. Los periodos de introspección son esenciales en nuestra vida.” @Feellg2

Quiero hablar un poco más acerca de esta situación laboral dentro del tiempo y espacio en el que nos encontramos. Se supone que nuestros días son 8+8+8. Trabajas ocho horas, duermes ocho horas y tienes ocho horas para ti; pero si usas una hora para arreglarte para el trabajo, una hora (si te va bien) para transportarte al trabajo, una hora para comer cerca del trabajo y otra hora (ajá) para regresar a casa… ¿Cuántas horas quedan para ti? Perdón, pero las horas de “commuting” (desplazamiento diario al trabajo, nos hace falta este término en español, o cuéntenme si existe) cuentan como tiempo invertido y hay lugares donde ya los comienzan a contar dentro del tiempo laboral, así como debería contar el tiempo para ingerir alimentos… pues porque necesitas comer para seguir trabajando.

Y esto sin contar el tiempo que se tienen que invertir en las labores del hogar como cocinar, limpiar, lavar y recoger. Este esquema fue pensado en un tiempo en el cual aún se quedaba una persona en casa a hacer estas tareas domésticas, no para que aparte de la jornada laboral todavía tuvieras otra jornada en casa. Podrás tener a una persona que te ayude (aunque la realidad de la mayoría no es esta), pero aun así el tiempo que resta para el desarrollo, esparcimiento y cuidado de uno como persona es muy poco. Y para nuestras relaciones personales, sociales, afectivas o sexuales, pues qué se diga. Bienestar emocional, ¿qué es eso? Cuidado físico, hasta que sea una emergencia.

¿En qué momento del día te haces alimentos para las tres comidas del día con los nutrientes necesarios? Trabajamos más, para ganar más y para terminar gastándolo en servicios de comida rápida, en servicios de transportación carísimos porque vamos tarde. Invertimos más de nuestro tiempo para terminar gastándolo en invertir el producto de nuestro tiempo de nuevo. ¿En qué momento del día vas al dentista? ¿Al psicóloge?¿En qué momento del día puedes criar a otro ser humane? ¿En qué momento tienes energía para tener un momento íntimo? ¿En qué momento leo y me nutro intelectualmente o espiritualmente? Cada vez trabajan más personas, más horas, más días y el dinero cada vez alcanza menos; ni siquiera hay espacio para los cuidados en el modelo estructural en el que estamos viviendo. Y esto necesita cambiar urgentemente, la precarización cada vez es más evidente.

Imagen gratis de FreePik.

De por sí vivimos en un sistema en el cual todo es acerca de crecer, crecer, crecer; producir, producir, producir; generar, generar, generar; profit, profit, profit y luego súmale esta cultura de “chingarle” de México, de entre más horas pases en el trabajo mejor. Las personas mexicanas trabajan 2,255 horas al año; la cifra más elevada dentro de las naciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La Ley Federal del Trabajo establece que la semana laboral actual es de ocho horas diarias, seis días por semana, o bien 48 horas semanales. Y lo peor, muchas personas necesitan dos trabajos para subsistir. Comemos, dormimos y descansamos (o descargamos todo el estrés) el fin de semana para poder ir a trabajar de nuevo. Y ni siquiera puedo ni imaginar la realidad de las personas que tienen dos trabajos.

Mientras que otros países empiezan a implementar semanas laborales de cuatro días, México todavía se ve muy alejado de ello, legalmente, pero también culturalmente. Se han empezado a implementar algunos modelos como trabajar híbrido, horarios más flexibles, etc., pero creo que esto es principalmente en empresas internacionales; la realidad es que la cultura en el sector nacional está muy lejano de ello. Pasó la pandemia y todo mundo quiere pretender que las cosas regresen a exactamente como eran antes.  O peor, ahora asumen que puedes atender varias videollamadas, una tras otra, con el audífono izquierdo en la que vas saliendo y el audífono derecho en la que vas entrando; pero al mismo tiempo yendo todos los días a la oficina. Pero ammm… newsflash, no es como antes, las personas ya no son las mismas, experimentaron lo que realmente es habitar su casa, pasar tiempo con su mascota, con su pareja o hijes, cocinarse, leer un libro, etc. Y sí, también esto de estar encerrados llegó a un extremo, tampoco es bueno. ¿Qué buscamos aquí? Balance. Nuevas formas.

Balance, no infantilizar las oficinas con checar horarios, trabajar por objetivos, quitar las horas nalga, entender que las personas viven una vida fuera del trabajo, bajarle a este rush de sobreproductividad. No se va a acabar la vida sin esa junta, más bien, sí se te está acabando la vida con una junta más. Siempre va a haber más que hacer, hay que encontrar límites y establecerlos firmemente, “esto es lo que yo puedo hacer en las horas de trabajo establecidas”, punto. El trabajo también puede ser una relación abusiva; usados y no cuidados.

Este balance tiene que venir de nosotres, pero aún más de las estructuras de la institución. ¿Cómo se va a trabajar por objetivos si no existen tareas específicas en un trabajo? “Aquí se le entra a todo” y si te pide que hagas veinte posiciones con el sueldo de una, y pues ni modo, la necesidad. Hay una ambigüedad enorme en la gran mayoría de los trabajos, de tareas y bueno también de permanencia, una inestabilidad que también repercute en el bienestar.

Ahora quiero tocar otro tema, el cual están hablando actualmente de reformar la Ley Federal del Trabajo y en serio estoy anonada que se hayan tardado tanto tiempo y que no haya más gente furiosa por esto. Actualmente, SEÍS días de vacaciones por ley y por cada año que te quedes en la empresa aumentan dos, con un tope de doce días. ¿Cómo, en serio cómo, es normal esto? Trabajar toooodo el año sin parar. ¿Y cuándo vive uno? Y está TAN metido en la normalidad aquí que creo hay gente diciendo que “¿qué harían con tantos días de vacaciones?” ¿Todo bien en casa? Y pues la reforma tampoco es la grandísima cosa, quieren establecer doce días de vacaciones con un tope de veinte días para las contadas personas que continúan haciendo antigüedad. Casi todas las personas tienen el menor número de días porque la antigüedad laboral en un lugar ya no es tan común como antes. Sí, hay empresas que ya comenzaban con 12-15 días, pero igual considero que es poco, porque ADEMÁS estos días no son muchas veces usados para irse realmente de vacaciones, a descansar, a tener un poco de paz mental. Frecuentemente, son utilizadas para días que te sientes enfermo, pero no lo suficiente para incapacidad, para trámites, para quedarte a cuidar un hije, para cualquier cosa menos para descansar o desarrollarte como persona.

Las personas necesitan trabajos que les permitan vivir y no sobrevivir. Vivir incluye tener acceso a cultura, a vacaciones, a espacios de recreación, vivienda y alimentación de calidad, salud. Y entiendo que por situaciones económicas e históricas sea más posible en otros países, pero en serio, ¿por qué una persona europea sí tiene derecho a disfrutar de su familia o de si misme yéndose a las 5 en punto de su trabajo a más tardar, pero nosotres no? Yo sé que es un largo camino que se tiene que recorrer, pero al menos podría ir formando parte de nuestras ideas, que la gente sepa que existe la posibilidad de SER fuera del trabajo. Que hay allá afuera 30 días de vacaciones disponibles para otres humanes, que se usa ese tiempo para vivir. Y que no pare en esos 30 días, se puede utilizar la tecnología y los avances para que trabajemos menos, para buscar el bienestar, para construir una sociedad que le importa las relaciones humanas, la crianza, los vínculos. Sí, es posible trabajar menos. Que nuestro fin máximo no sea producir más y más (y no sólo hablo de productos comerciales, también esta constante producción de productos intangibles, de metas, documentos, matrices, objetivos de los objetivos, procesos que realizar, sin fin. Véase Publish or Perish).

Que se exijan derechos y calidad de vida, en lugar de pensar que nos realizamos a través del trabajo 24/7, que forme parte de nuestra mentalidad, que tenemos más vida que ello, que únicamente debería estar en nuestras vidas para subsistir y contribuir. No me voy a meter a temas de economía o de capitalismo, ni de cambiar el orden mundial, pero creo que sí podemos empezar a repensar estas situaciones. Esto incluye repensar las relaciones jerárquicas, capitalistas y verticales que vivimos o hasta reproducimos; estos ciclos de inequidad/violencia del patriarcado y del capitalismo. Empezar a generar ideas de cómo hacerlas más horizontales, inclusivas a nuestras vivencias, de escucha activa y empáticas, centradas en las personas y no las cosas/resultados.

Mientras esto sucede, opino que es sumamente importante que sea un tema que hablemos, consideremos, meditemos, lo pongamos en uso si tenemos personas bajo nuestro mando (en la medida posible) y empiece a formar parte de nuestra mentalidad como colectivo. Que a través de estos cuestionamientos, se generen propuestas e ideas nuevas, individuales y comunitarias. Tal vez por eso escribo esto, para hablarlo, para que sea un tema que esté dentro de nuestras mentes. Siento que todes lo percibimos y es posible hacer un cambio. Mirarnos, saber cuáles son nuestras prioridades (véase MIS AMBICIONES CAMBIARON, Y AHORA ¿QUÉ HAGO?) y guiarnos con base en eso, poner límites firmes ante una sociedad que cada vez nos exige más y nos da menos.

Quiero una vida donde exista la creación, la contemplación, la introspección, el sentir, el placer, el cuidado, las relaciones humanas, un espacio físico y mental que me permita no solo existir, sino ser.

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