Quiero escribir que quiero llorar cuando quiera llorar

Cuando estudié la licenciatura tomé una materia transversal donde las profesoras, según lo que recuerdo, nos introdujeron la idea de que la producción de conocimiento nunca llegaría a la anhelada objetividad, buscada por la ciencia moderna. Era necesario que como investigadoras tuviéramos presente que las conclusiones a las que llegáramos en una investigación no serían una verdad totalmente “objetiva”, o LA verdad. Ello debido a que nuestro conocimiento del mundo solo sería una perspectiva del fenómeno a partir del lugar que nuestra cuerpa ocupa en la sociedad. Nuestras condiciones de género, clase, raza –por mencionar algunas categorías/realidades— influirían/influyen en la forma en que conocemos, explicamos y hablamos del mundo.

Es decir, supongamos que hiciéramos el ejercicio de pedirle a un grupo de personas que cada uno/una/une tomara una fotografía, por ejemplo, de un templo en particular. Para empezar, probablemente la resolución de la imagen sería distinta en tanto que cada quien capturaría la imagen según el dispositivo con el que cuente, si es que tiene uno. En todo caso, si le proporcionáramos a todes el mismo aparato fotográfico la imagen sería distinta en cada representación ya sea por los intereses de la persona, la altura desde donde ponga la cámara, etc.   

Arrobanosoyyo, Xochimilco [Fotografía digital], Agosto del 2022

La dimensión emocional.

Además de las dimensiones de género, raza, clase yo agregaría que el saber sobre el mundo también está atravesado por el estado emocional de la persona que está capturando la imagen, o haciendo una investigación. Pongamos de ejemplo lo diferentes que pueden ser las producciones de escritos, saberes, pensamientos de una persona que ha experimentado un aborto, una que está por tomar la decisión de abortar o no, otra que podría tener la necesidad de abortar y otra que sienta cuestionado su sistema ideológico. Pese a que, en potencia, todas pueden generar argumentos racionales, probablemente las vivencias emocionales que han tenido cada una en torno a este tema jugarían un papel importante en la definición de la dirección de sus argumentos.

Desde otra perspectiva no tenemos la misma percepción de un fenómeno cuando acaba de morir una persona a la que amamos, que cuando estamos eufóriques por alguna situación. Por ejemplo, durante los meses que en la pandemia estuvimos encerrades totalmente, en algunas ocasiones, cuando me atrapaba el sentimiento de que olía a muerte cumplía con mis deberes académicos, más no profundizaba o gozaba del ejercicio del pensar en comparación como cuando salía emocionada y creativa después de una gran cátedra.

Pienso en lo desdibujada y subestimada que está la dimensión emocional en los testimonios de la producción del conocimiento y que, es en parte por la herencia que nos dejó el despreció por el mundo de las manifestaciones sensibles. Incluso en la idea de que el ser humano puede generar juicios sobre las cosas desde una razón libre del mundo de lo social, pero ¿realmente podemos generar una separación entre el sentir y el pensar? 

¿Cómo evidenciamos el lugar que ocupamos en el mundo cada que escribimos?

Las propuestas-acción que se han generado sobre lo anterior, desde ciertas academias y otros espacios, y que me vienen a la mente ahorita, es que la/le/el autore escriba en primera persona (ej. yo pienso que…) y que enuncie sus condiciones de género, etnia, clase, etc. No obstante, tengo la impresión de que la situación anímica de les autores en torno a los temas que investigan se menciona en casos contados, o se debe rastrear entre líneas. Para mí, y quizá para otras personas que he leído en las redes sociales sería un sueño que las pasiones y recuerdos de las creadoras las pudiéramos encontrar en otros espacios que no sea solo la poesía, llámense artículos académicos, divulgación científica, twitter, tesis, etcétera. Tal vez esto haría caer la máscara del pensador racional y nos permitiría ver la mundanidad de la escritora que enuncia grandes pensamientos [Imagen 2]. En una de esas nos damos cuenta que la situación que habitó y yo habité no son tan distintas, o si lo son.

Jesúsccastillo,El Pensador de Rodin, expuesto en la Plaza Mayor de Cáceres [Fotografía digital]. 5 de Diciembre 2011

¿Tenemos la capacidad de cuidar como lectoras?

Creo que la idea de escribir sobre las vulnerabilidades que han inspirado las preguntas que nos hacemos para abordar un tema, es un ideal que no sé si yo sería capaz de alcanzar. En lo personal creo que mostrar o socializar esos aspectos es para gente valiente. Para gente que tiene la capacidad de gestionar la crítica destructiva aunque apele a las fibras más sensibles del ser. Ello debido a que en mi experiencia no siempre estamos pendientes de cuidar la forma en que nos expresamos de las producciones de otras personas. Me incluyo.

Me parece que, junto con la solicitud de ver la vulnerabilidad de las personas, como sociedad, deberíamos comprometernos con el cuidado de eso que se nos está confiando. Y no me refiero a dejar atrás el pensamiento crítico o la crítica constructiva o solapar discursos violentos o hacer como que no vemos eso. Sino a que el cuidado mutuo debería ser una condición imprescindible para la crítica. No solo para poder tener una comunicación efectiva, sino también para tener discusiones enriquecedoras y espacios seguros donde podamos generar otros saberes.

La verdad, quiero para nosotras y nosotres espacios que nos permitan tener en cuenta que la persona detrás de la pantalla, la imagen, las letras, la estadística, el discurso, la poesía, la comida, la cátedra, la película; son personas, aunque a veces el cuerpo histórico no esté ante nuestra presencia. Quiero para nosotres y nosotras lugares más allá de las relaciones de dominación. Que no es lo mismo a pasividad política y la lógica de las iguales eternas.

Mis pronombres: ella/ she. Vivo en CDMX. Estudié Historia del Arte en la UNAM que está en Morelia. Soy una feminista entre feminismos. Me gusta caminar y tomar fotos.

Investigo sobre la vida cotidiana y la cultura material en el virreinato de la Nueva España. Me interesa el poder de la cultura material sobre las personas. La crítica feminista a la Historia del Arte me cría.

Aquí escribiré mezclas entre feminismo, cine, [h]arte, filosofía, política y lo que se vaya atravesando en mí existir en la cotidianeidad.

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