Carta a nosotras madres y padres

Por Aliné Escalante.

Quienes somos padres y madres debemos salir del clóset donde queremos guardar esta realidad

Cuando vi este video basado en hechos reales, no pude parar de llorar.

Recuerdo que con cada embarazo de mis tres hijos, anhelaba su pronta llegada, imaginaba cómo sería y suplicaba que naciera sano o sana, y cómo cada llegada se convertía en lo que serían los mejores 3 momentos de mi vida. Fue así que cada que tenía por vez primera a mis hijos e hija, me aseguraba de que estuvieran bien, sanos y sanas, completos y completas, contaba que tuvieran cinco dedos en cada mano, en cada pie, una nariz, que su cabecita estuviera bien, que respiraran, etcétera. Ya después les comía a besos sumergiéndonos en un momento de amor verdadero y ternura, haciéndoles la promesa de que nada les iba a faltar, que mientras yo estuviera en vida, me iba a asegurar de que nadie les hiciera daño, les debía amar, proteger, proveer, en fin.

Una vez que nacen con salud, damos todo por hecho, porque la sociedad marca los roles y los “géneros”. Nos preguntamos, imaginamos y hacemos planes para ellos y ellas en el futuro sin ni siquiera preguntarles ¿Qué carrera universitaria elegirá? ¿Será medicina, tal vez derecho? ¡Ya sé! Es excelente en el fútbol, seguramente será una estrella en el deporte, un “crack”, etcétera, etcétera, etcétera. Pero nunca le preguntas, como madre o padre, cuál será su orientación sexual. Ese cuestionamiento simplemente jamás pasó por mi mente.

Así fue como vi crecer a mis hijos e hija, dos nenes y una nena. Podía darme cuenta de que mi hija tenía actitudes y comportamientos que no iban “según la norma” con el comportamiento de una nena. Eran grandes dramas cada que la peinaba de coletas o trencitas para ir a la escuela, parecía que la estuviese matando, y una vez atravesando la puerta del colegio, se despeinaba. Jugaba siempre con niños y era ruda; recuerdo que jugaba en un equipo de fútbol conformado por puros niños siendo ella la única nena, y mira que le entraba duro a las patadas. Mi familia me decía: tu hija (la china, apodo ganado por su gran cabellera rizada) es una machorra, no es posible que se comporte asi. Yo trataba de ignorar esos comentarios y defender siempre a mi hija, aunque para ser honesta, muchas veces durante varios años me preguntaba ¿será?… Pero jamás me respondí.

Finalmente, a los dieciocho años, me da la noticia de que es lesbiana. Así, de la nada, me confiesa abiertamente que desde muy pequeña le gustan las nenas, que había intentado de todo para no sentir lo que estaba sintiendo, inclusive intentó tener 2 novios (que yo supiera) del sexo opuesto. El primero fue hasta la preparatoria y le duró solo dos días, y el segundo nunca existió, fue inventado por presión social. Había llegado a pensar en el suicidio, pero amaba la vida y aun así hubiera muerto siendo lesbiana. Ahora que lo sabes mami, ¿vas a dejar de amarme?  ¿tengo que irme de casa? ¿dejaré de ser tu hija?…

¡Espera! le dije. NO, no se puede. No puede una madre dejar de amar a una hija, no puedes dejar de ser mi hija. Esas posturas son imposibles, yo te amo tal y como eres. Solo dame tiempo para entenderlo, pero sigues y seguirás siendo mi hija aun después de que muera, y seguiré amándote de la misma forma.

Tuve que vivir un proceso demasiado doloroso (porque yo así lo decidí), pero para mi esposo e hijos fue una noticia común, ya lo sabían y ya lo habian aceptado. Recuerdo que lo único que respondieron fue: Qué bueno que ya lo sabes, ahora nos toca comprenderla y seguir amándola tal cual es. Yo no podía, tenía demasiado miedo a ser juzgados como familia, a hablar del tema ya que lo desconocía en su totalidad. No sabía qué hacer, me hacía muchas preguntas y no encontraba respuestas ¿Por qué a mi? ¿Qué hice mal? ¿En qué fallé?

Requerí informarme del tema y así pude darme cuenta que lo que sabía era información prejuiciada y estigmatizada, y entonces me di cuenta de varias realidades: No iba a dejar de ser mi hija. No iba a dejar de ser Lesbiana. No podía dejar de amarla. Ahí recordé esa hermosa y larga espera de nueve meses para poder conocerla, esa primera vez en mis brazos, cuando conté sus dedos, cabellos y esa promesa que le había hecho de amarla, protegerla y proveerla, entonces ahí estaba la respuesta. Efectivamente, nadie prepara a un padre o madre para afrontar situaciones como esta, pero preparada estaba para amarla, para ser su madre, esa primera vez entre ella y yo, después de comérmela a besos y prometerle tantas cosas, mi nena abrió sus ojos, y ocurrió esa primera mirada entre ella y yo. Así es como me di cuenta de que iba a amarla siempre y al ver ahora su mirada, me di cuenta de que era la misma, sentíamos lo mismo, solo que mi hija no transmitía seguridad, sino miedo.

¿Cómo puede un hijo temerle a una madre, a un padre? Entonces la abracé y le dije: no tengas miedo, también lo tengo, pero seremos valientes, no te educamos para tener miedo, no te educamos para esconderte, se quién eres, vive tu vida, sé feliz, no te escondas.

Y dejé de temer. Tenía que dejar de ser cobarde (lo era por ignorancia y prejuicios), así que es el momento de informarse, de romper prejuicios y de romper creencias. Es por ello que cuando vi el video de arriba, no pude dejar de llorar ¿Cómo sobrevive una madre a sus hijos de hijas? ¿Cómo sobrevive un padre a sus hijos e hijas?, ¿Cómo puedes hacerle para pretender que tu hijo ya no es tu hijo, o que ya no existe? ¿Cómo puede ser más grande el temor a la sociedad, a los prejuicios, a las creencias, que el amor hacia tu hijo o hija? Sé que esta situación no es fácil ni agradable al principio. Duele, pero es el más grande proceso de amor, aceptacion y reorganizacion de una familia. No permitas, Papá, Mamá, que el orgullo, miedo, creencias y prejuicios devasten lo má maravilloso que tienes: TUS HIJOS E HIJAS.

Sé valiente, ama a tus hijos o hijas, rompe el silencio, sal del clóset como padre o madre, no permitas que tu hijo o hija se vaya a la calle o peor aún, se suicide.

Si has pasado por esta situacion y has tenido el amor incondicional, la valentía de aceptar y amar, felicidades. Si tu caso fue haber rechazado a tu hija o hijo y aun vive, búscale, dile que le amas. Nunca es tarde, él o ella te sigue necesitando y amando, y si desgraciadamente las creencias, prejuicios y odio pudieron más que el amor y tu hijo o hija se ha quitado la vida, háblalo. Apoya a otras familias que están en ese proceso, que su muerte no sea en vano, tu experiencia puede salvar a otras familias.

Aline Escalante es Defensora de Derechos Humanos, Activista, Historiadora, Escritora y Docente. También es miembra del Frente queretano por el Derecho a la No Discriminación y Estado Laico, fundadora de Caifaj*, Vocera de la Agenda Familias Diversa.


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