¿Quién odia a quién? De la libertad al odio

Recientemente hemos leído en redes sociales el concepto “discurso de odio”, muchas veces utilizado en el mismo contexto en el que se utiliza “libertad de expresión”, esto ante situaciones como la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito frente a los movimientos provida, así como cuando hablamos de matrimonio igualitario frente a movimientos profamilia.

Pareciera a simple vista que ambos conceptos se contraponen, sin embargo, realmente ambos conceptos coexisten en armonía. Es importante poder diferenciar uno del otro, debido a que esta misma diferencia está establecida para proteger a las personas, en específico a los grupos en situación de vulnerabilidad.

La libertad de expresión ha sido considerada como piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática e indispensable para formación de la opinión pública[1]. Pero esta libertad de expresión tiene límites, y es justo en estos límites que se encuentran los discursos de odio.

De acuerdo con la UNESCO los discursos de odio son aquellas “expresiones a favor de la incitación a hacer daño (particularmente a la discriminación, hostilidad o violencia) con base en la identificación de las víctimas como perteneciente a determinado grupo social o demográfico. Puede incluir, entre otros, discursos que incitan, amenazan o motivan a cometer actos de violencia. (…) El concepto se extiende también en las expresiones que alimentan un ambiente de prejuicio e intolerancia en el entendido de que tal ambiente puede incentivar la discriminación, hostilidad y ataques violentos dirigidos a ciertas personas”.[2]

Además de esta definición, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial en su Observación General No. 35 establece varios factores contextuales que considera deben tenerse en consideración al evaluar un discurso de odio, de los cuales quisiera profundizar en los siguientes:

  • El clima económico, social y político (…), incluida la existencia de pautas de discriminación contra grupos en situación de vulnerabilidad.

Referente a este punto, en muchos casos pareciera que el que un tema esté en el ojo de la opinión pública “empodera” a ciertas personas a emitir comentarios respecto al mismo.

Por ejemplo, y recurriendo a una de las situaciones mencionadas al inicio, ante la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito, muchas personas han dado “su opinión” sobre las feministas, tildándolas de “vándalas” o “violentas”. Al analizar estos comentarios tenemos que considerar que existe pautas de discriminación contra las mujeres, así como contra las personas defensoras de derechos humanos, como es en este caso, ya que la lucha va hacia la garantía de un derecho ya reconocido por los estándares internacionales.

  • La posición o condición del emisor del discurso a la sociedad y el público al que se dirige el discurso: la influencia de los políticos y otros formadores de opinión pública en la creación de un clima negativo respecto de los grupos protegidos.

En este caso se hace referencia de la influencia de personas en el ámbito político y otras personas formadoras de opinión pública, a quienes si se les insta a evitar pronunciarse contra grupos en situación de vulnerabilidad.

Un ejemplo es en el caso del matrimonio igualitario, la comunidad LGBT+, así como las mujeres, al ser un grupo en situación de vulnerabilidad. El que una persona en el ámbito político realice comentarios en contra de sus derechos y/o estigmatizantes no solamente podría considerarse un discurso de odio, si no que es especialmente preocupante por su posición e influencia.

  • El alcance del discurso, con inclusión del tipo de audiencia y los medios de transmisión: si el discurso se difundió o no en medios de comunicación generales o en Internet y la frecuencia y amplitud de la comunicación, en particular cuando la repetición sugiere la existencia de una estrategia deliberada para suscitar hostilidad hacia grupos étnicos y raciales.

Durante los juicios de Núremberg tras la segunda guerra mundial, entre todas las personas juzgadas podemos destacar al editor de un periódico antisemita: Julius Streicher.

Julius Streicher fue juzgado y condenado porque a través de su periódico denominaba a las personas de origen judío como “parásitos, enemigos, malhechores, y transmisores de enfermedades, que deben ser destruidos en beneficio de la humanidad.”[3] Si bien negó tener conocimiento del genocidio, el Tribunal decidió que las incitaciones de Streicher constituían claramente una “persecución por razones políticas y radicales en relación con crímenes de guerra” y en tanto, crímenes de lesa humanidad.[4]

Adolf Hitler da un discurso en Viena (1938) – ARCHIVO ABC

Este es un ejemplo histórico del papel tan importante que tienen los medios de comunicación en la propagación de discursos de odio, no podemos ignorar que en muchos casos son los mismos medios de comunicación los que utilizan titulares estigmatizantes contra grupos en situación de vulnerabilidad, como en los dos ejemplos de este artículo, las mujeres (sobre todo activistas) y la comunidad LGBT+.

  • Los objetivos del discurso: el discurso encaminado a proteger o defender los derechos humanos de personas y grupos no debe ser objeto de sanciones penales o de otro tipo[5]

Este punto cobra especial importancia ante el panorama planteado al principio, y nos abre la puerta analizar, ¿Cuál es la diferencia entre “burlarse” del movimiento feminista y “burlarse” del movimiento provida?

La sátira realizada hacia grupos feministas, no solamente se dirige a un grupo en situación de vulnerabilidad, también busca deslegitimar la lucha por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Una sátira realizada hacia un grupo conservador, no se dirige a un grupo en situación de vulnerabilidad, por el contrario, se dirige al grupo opresor. Me apresuro a hacer esta afirmación, ya que tanto el derecho al aborto como el derecho al matrimonio igualitario son dos derechos ya reconocidos internacionalmente.

La labor de las y los defensoras de derechos humanos es justamente esa, señalar las injusticias y luchar por el reconocimiento de derechos, esto en muchos casos conlleva el señalar a grupos que buscan la denegación de derechos. Es justo ante situaciones como esta que es especialmente importante diferenciar entre un discurso de odio y libertad de expresión.

Confundir y/o perder de vista los objetivos del discurso puede tener consecuencias tan graves como la criminalización de la defensa de derechos humanos. Cuando un o una activista señala al grupo opresor no debe ser objeto de sanciones, y, por otro lado, si miembros del grupo opresor buscan desprestigiar o deslegitimar una lucha, ahí sí nos podríamos encontrar frente a un discurso de odio.

Muchas veces, pareciera que la línea entre discursos de odio y libertad de expresión es muy difusa, pero solamente nos exige reflexionar un poco sobre el contexto y el objetivo del discurso.

Tanto el derecho al matrimonio igualitario como el derecho al aborto son temas que ya no están a debate, ahora, con esta información, ante un posible discurso de odio solamente nos toca analizar: ¿Quién defiende un derecho? ¿Quién defiende privilegios?

No tenemos que estar de acuerdo en todo, pero antes de comentar, compartir o utilizar ciertos calificativos es importarte detenernos a pensar, si nuestra “opinión” no está violentando a grupos que sufren ya de discriminación estructural.

Los discursos de odio han tenido trágicos desenlaces como el genocidio a personas de origen judío, el genocidio en Ruanda, etc., les invito a que reflexionemos antes de compartir algo, antes de propagar estereotipos, violencia y odio. Y, por el contrario, a no criminalizar a los y las defensoras de derechos humanos que se atreven a alzar la voz contra los grupos opresores.

 

 

[1] CoIDH. La colegiación obligatoria de periodistas (arts. 13 y 29 Convención Americana sobre Derechos Humanos). Opinión Consultiva OC-5/85 de 13 de noviembre de 1985. Serie A. No. 5. Párr. 70; Caso Herrera Ulloa Vs. Costa Rica. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 2 de julio de 2004. Serie C No. 107, párr.112; Caso Ricardo Canese Vs. Paraguay. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2004. Serie C No. 111. Párr.82; Caso Claude Reyes y otros Vs. Chile. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 19 de septiembre de 2006. Serie C. No. 151. Párr. 85.

[2] UNCESCO. Combatiendo el Discurso de Odio en Línea (Countering Online Hate Speech). 2015. Págs. 10 – 11. (Recurriendo a la traducción libre de la CIDH en el Informe de Violencia contra personas lesbianas, gay, bisexuales, trans e intersex en América. Párr. 222).

[3] ONU SCOR, 49ª Período de Sesiones, ONU Doc. S/RES/955 (1994).

[4] 8 Fiscal c. Nahimana, Barayagwiza y Ngeze, ICTR -99-52-T, párr. 981.

[5] Adaptado del Plan de Acción de Rabat sobre la prohibición de la apología del odio nacional, racial o religioso que constituye incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia, párr. 22.

Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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