Que tus ojos me digan lo qué te duele

Más de una vez al año hemos tenido la necesidad de ir a una consulta médica. Y hablo de “necesidad”, porque muy seguramente, si dependiera de nosotres, evitaríamos a toda costa estas visitas; ya que suponen una experiencia de estrés, de incomodidad e irritación. Que alguien (aunque muy familiar y de años de conocerle) nos examine, crea un momento de ansiedad. Que vean el interior de nuestra garganta, que nos haga preguntas íntimas y nos ausculten el cuerpo, no es tan fácil de asimilar, aun cuando sabemos que se trata de una práctica profesional en pro de nuestro bienestar.

Ahora, traslademos esas sensaciones a nuestres pequeñes seres especiales, nuestras mascotas. Para quienes tenemos la dicha de contar con una compañía así, sabemos lo difícil que es una visita a la clínica veterinaria. En momentos de seguimiento y prevención, podemos tomar ciertas medidas, que pueden ser útiles, en ocasiones, y en otras no tanto, en especial cuando se tratan de pequeños mamíferos (perros o gatos). Ir a la consulta médica hace que nuestra mascota enfrente un momento de estrés, ¿a quién le gusta que alguien ajeno le examine?, en un lugar extraño e incluso provocando dolor (cuando de vacunas se trata), etc. Elles no saben que es por su bien. Pero al menos nosotres lo sabemos, y hacemos todo lo posible para evitar que esa experiencia sea la menos sufrible. No obstante, ¿qué sucede cuando se trata de una emergencia? 

eBay

Hace unas semanas me encontraba en Oaxaca. Mi madre tiene un pequeño perrito llamado Bambú. Es un “peluchon” al que amo con todo mi corazón. Trajo a nuestras vidas mucha alegría, después de haber perdido a nuestro periquito de hace tantos años. Tiene un sitio muy especial en mi corazón. Pero, una noche, lo noté extraño. Parecía que no se acomodaba para dormir. Subía y bajaba de la cama. Se acostaba en el piso, salía de la habitación, regresaba, y bueno, yo pensé que le molestaba que a las 2 de la madrugada yo siguiera con las luces encendidas. Al final se durmió. Pero a la mañana siguiente estaba más extraño. Se hacía bolita en el sillón. No fue a almorzar como siempre lo hace. Tenía una mirada cabizbaja. Mi madre notó que algo había. Se acurrucó con él.

Más tarde, se fue a acostar conmigo, pero tenía como espasmos y salía corriendo. Yo creí que tal vez lo pude haber aplastado, o escuchó un sonido. Pero no, él seguía con un comportamiento extraño. Al final, se fue a acostar con mi madre, ella lo tenía acariciando, hasta que me habló. Había sangre en la cama, al parecer Bambú estaba sangrando.  No tienen una idea, la impresión fue demasiado. Nuestro perrito estaba consiente, pero en la parte de su piernita cerca del muslo, tenía sangre, y él, al ser peludo, se le manchaba su pelito. No dudamos ni un momento en ir de urgencias con nuestro veterinario. Como no había un auto en ese momento, lo abrazamos y lo cargamos por unas cuadras. Yo sólo sentía el respirar cansado de Bambú soplar en mi cuello. Mientras cruzábamos la colonia con pensamientos de angustia.

Daily Paintworks

Yo nunca había llevado a Bambú al veterinario. Mi madre se encarga de sus cuidados, vacunas, alimentación y demás. Lo colocamos en la plancha de exploración y el especialista comenzó la revisión. Yo sólo veía los ojitos de mi Bambú. Veía un dolor que no había percibido antes. Yo sólo me cuestionaba: ¿cómo es qué no nos dimos cuenta?, ¿cómo es que no percibimos que tenía un malestar? Es decir, si lo vimos apagado, pero nuestra reacción inicial era que tal vez no durmió bien, o que sólo estaba cansado. El diagnóstico fue que había presentado una ruptura en una de las glándulas del saco anal, lo que provocó el sangrado y una infección. ¡Qué! Pero ¿Cómo? Nos empezamos a cuestionar qué hicimos mal, cómo fue que lo lastimamos, cuál era nuestra culpa.

El veterinario nos dijo que, en perros domésticos, suele presentarse muy frecuente. Que a cualquiera le pudo haber pasado. Es una complicación pequeña, que no se atiende a tiempo y sucede esto. Pero que tenía días, incluso un par de semanas con la complicación. Al saber eso, se me puso frío el cuerpo. Eso significaba que Bambú había sufrido de dolor desde hace días, y no lo habíamos notado. ¿Pero es qué cómo? Lo veíamos tan normal, que nunca lo percibimos. Comencé entonces a cuestionarme: ¿y si desde la noche anterior ya se sentía mal?, ¿y si él trató de decirnos? El veterinario nos indicó que tendríamos que esperar a que la infección saliera. Aplicaría antibióticos y un analgésico, pero que esa noche sería clave para saber si necesitaría cirugía. Y así estuvimos toda la noche; llorando mientras le acariciábamos. Ay, es que, imagínense. La mirada de nuestro Bambú guardaba dolor, sufrimiento, nos pedía descanso y que no lo dejáramos. Lo teníamos en nuestras piernas, le peinábamos el pelito con nuestras manos. Le dábamos de comer, pero comía poco. Fue una noche larga.

Al día siguiente, lo notamos un poco mejor, sin embargo, al llevarlo al veterinario, nos dijo que no tenía buenas noticias. Era necesario internarlo para una cirugía. Quienes tenemos animalitos de compañía a nuestro lado, sabemos lo difícil que es afrontar una enfermedad de nuestra mascota. Les vemos como seres tan frágiles, con delicadeza y vulnerabilidad. No queremos que nada les pase, y daríamos mucho por su bienestar. Bambú se quedó por varias horas. En casa, el silencio invadía las habitaciones. No había patitas que saltaran, que jugaran, ladridos o juguetes regados. Sólo pensábamos en buenas vibras para su cirugía. Llegando la hora de ir por él, notamos cómo se alegró de vernos, pero estaba muy débil que no podía manifestarlo como quisiera.

Ver a nuestra mascota sufrir, es un enfrentamiento difícil. Lo mucho que hubiéramos podido dar por saber que tenía dolor, que algo le molestaba, que sufría. Estoy seguro de que, en algún momento, esta situación ha superado nuestra estabilidad. Así sea un malestar no grave, nuestras mentes nos dicen que debemos mover cielo y tierra para que nuestras mascotas estén bien. Para que vivan muchos años junto a nosotres. Como se menciona en la película de Marley y yo: “si pudiera hacer algo para que te quedaras conmigo para siempre, lo haría. Tú vales más que muchas personas”. Y sí que lo valen. Su amor no vendrá jamás de nadie de la misma forma que de elles. La manera en que nos consuelan, calman nuestras penas, nuestro dolor, es inexplicable. Lo que daríamos por poder retribuir de la misma forma lo que nuestras mascotas hacen por nosotres.

Mi pequeño Bambú

Creo que al final, nos corresponde poder otorgarles la mejor vida posible. Nosotres les elegimos porque obviamente teníamos las condiciones para su bienestar. No podemos protegerles de todas las bacterias en el mundo, pero si cuidarles lo mejor posible. No perdamos nunca sus miradas. En ellas nos expresarán el universo de ideas que tienen en su mente. Podremos sentir el amor que llegan a tener hacia nosotres. Y a través de nuestros cuidados, cariño y afecto, podemos demostrarles nuestro amor. Cuiden mucho de sus seres especiales, nos necesitan, pero nosotres más a elles. Su salud es totalmente nuestra responsabilidad. Conozcamos a les especialistas en el campo de la veterinaria, para encontrar a alguien de suma confianza. Tener la seguridad de reaccionar adecuadamente en cualquier emergencia, que nuestras mascotas sientan paz.

Bambucito se siente mejor. Fueron siete puntos los que recibió. Ha sido una recuperación gradual. Nos sentimos agradecides por tenerlo más tiempo a nuestro lado. Y hacer de nuestra vida algo más bonito. Vayan y abracen más a su mascota.

Este mes les recomiendo escuchar Walking On A Dream – Empire Of The Sun.

Él/He
Joven oaxaqueño formado en Ciencias de la Educación. Aprendiendo constantemente de las diferentes realidades sociales. Disfruto viajar y vivir México a través de sus culturas, arquitectura, gastronomía y misticismo. Amante del café, los momentos entre amigos y la música.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *