Psicoanálisis ¿Para todes?

Se dicen tantas cosas del psicoanálisis o, mejor dicho, de los psicoanálisis, que existen desacreditaciones a un campo cuyo alcance es liberador para la existencia: que es una práctica patriarcal; que refuerza la misoginia, la homolesbobitransfobia, el racismo y muchas otras violencias que, hasta la fecha, carecen de nombre. ¿A qué se debe tanta crítica a sus fundamentos? ¿Desde dónde empieza el psicoanálisis y dónde termina? ¿Es una práctica que refuerza el orden social? ¿Existe una sola forma de verlo? Y, por último, ¿es una práctica clínica hecha para todes?

Antes que nada, la persona que escribe estas líneas, es alguien que se identifica como una persona no-binaria, además de intentar practicar un psicoanálisis cuya dedicación reciente es estudiar tratados versados en el inconsciente y que se ha interesado en los estudios críticos de género, feminismos y teoría cuir para darle cabida a muchas experiencias situadas de la disidencia sexo-genérica y entender la lógica cisheteropatriarcal que disciplina los cuerpos durante su transitar por el mundo; empero, con la perspectiva de intersectar desde un psicoanálisis híbrido, propuesta catapultada por Thamy Ayouch. Aquí mi incipiente interés en el tema.

Para empezar, es menester destacar que se puede pensar desde el psicoanálisis en posiciones disímiles: desde la academia, la teoría y la clínica; generando encuentros y desencuentros con muchas formas de contemplar el sentido de la vida. Es por esta razón que se ha interpelado varios de los conceptos rígidos propuestos por su precursor, Sigmund Freud, de los cuales poseen connotaciones falocentristas y patriarcales, mismos que han sido utilizados para homogeneizar referencialmente el uso del psicoanálisis al nombrar prácticas de la vida cotidiana.

Para esto, darle cabida al psicoanálisis es cuestionar muchos de los fundamentos que fueron preconizados desde un etnocentrismo masculino, blanco y burgués para hablar sobre los conflictos originario(s) de la(s) persona(s) y su metamorfosis al momento de entrar al filtro cultural desde la familia, por consiguiente, es entender que los preceptos recibirán acepciones erigidas desde distintos contextos, ya sean históricos o geopolíticos. Como resultado, su significación debe ser situada en el presente al contemplar las distintas formas de ver al sujete, al cuerpo y a las relaciones sociales. Entonces, ¿por qué sigue existiendo un rechazo contundente al psicoanálisis? Aquí algunas reflexiones:

A pesar de que hubo un viraje histórico desde la aparición del psicoanálisis, varies personajes postfreudianes legitimaron prácticas analíticas dentro de un marco ignominioso y, de facto, excluyente al momento de aceptar psicoanalistas apegados a un código privilegiado, lo que fue una aposteosis dentro de la academia al rechazar a muchas mujeres y homosexuales como psicoanalistas,  repercutiendo al mismo tiempo en la creación de  sesgos al momento de intervenir en la escucha: ya sea desde visiones e intervenciones acaecidas por una óptica masculina o por la resistencia de parte de cambios estructurales exigidos por movimientos contra-culturales.

Una vez que el psicoanálisis acrecentó en distintos escenarios, hubo un giro discursivo al momento de hablar sobre la sexualidad y el enigma de la represión en la neurosis, sin embargo, este edificio conceptual freudiano fue un referente para distintos contextos y personalidades que se apropiaron de los tratados al querer mantener un orden social, relacionados con la diferencia sexual, el cuerpo y el síntoma. Y así fue como trascendió políticamente el uso de varios planteamientos psicoanalíticos articulados por la hegemonía blanca, eurocéntrica y colonial.

Fue hasta los años 70 en donde hubo un hito por parte de la feminista Juliet Mitchell en su libro Psicoanálisis y feminismo, al pregonar que el Psicoanálisis no se constituye necesariamente para reforzar la sociedad patriarcal como criterio de síntoma o salud mental, en cambio, lo aglutina como una herramienta lúcida, crítica y analítica de los efectos del malestar provocados por la cultura patriarcal moderna. Por lo cual, muches autores contemporánees como Paul B. Preciado, Judith Butler, Byun Chul Hang, Slavoj Zizek, entre otres, han recurrido al psicoanálisis como objeto de enunciabilidad al profundizar sobre las formaciones del inconsciente con las formaciones históricas-sociales.

Aunado a esto, la ramificación actual que existe por parte de las epistemologías de la psicología clínica ha hecho que se cuestione efervescentemente varios de los psicoanálisis que siguen en constante evolución. Aunque, conviene subrayar que el psicoanálisis se ha cristalizado y mantenido por sus alcances en la clínica, no en la academia que es donde constantemente se crean diálogos y críticas valerosas.

Quizá el error más grande sería tener una acepción monolítica del entramado psicoanalítico. De cualquier forma, en cualquier ángulo que une contemple, existe reticencia en permitirse vivir la travesía de lo que implica pasar por el diván; es decir, apalabrar lo que implica el deseo, el sufrimiento, los (des)encuentros y todo aquello que no nos gusta y el cual desdeñamos de manera singular, además del poder utilizar su andamiaje para entender la complejidad humana.

En cuanto a la clínica, el psicoanálisis empieza desde el momento en que une se realiza preguntas frente a una persona que escucha, esto con la intención de poder escucharse a sí misme al articular su deseo y las implicaciones que se tiene desde el sentido de vida que nos creamos. Es decir: se trata de apalabrar su transitar y las sensaciones que despierta el cuerpo al momento de relacionarse con cualquier representación objetal.

Esto implica dos posicionamientos: El/la/le analizante (quien escucha) y la persona que desea iniciar un análisis con la intención de abrir un canal donde las condiciones subyacen de una transferencia (relacional). Una vez creado esto, llamado dispositivo analítico, se posibilita a mover las manifestaciones del inconsciente por medio de la asociación libre.

Antes de finalizar con este breve texto, no perdamos de vista que la idea de cualquier análisis es que sea una práctica asequible para todes, no obstante, es preponderante que todes busquemos al analista con quienes nos sintamos segures. Esto debido a la cantidad de malas experiencias en personas que han pasado por diván al sentirse juzgades y violentades, entreverando las malas prácticas realizadas por muchos psicoanalistas que abusan de su poder simbólico.

Recordemos que cada práctica es distinta y evitemos caer en el error histórico de monopolizar la idea de un psicoanálisis hegemónico (que a mi parecer prevalece). De ahí la importancia de que alguien pueda elegir a su analista y ver que existen varios psicoanálisis.

Para finalizar, el psicoanálisis ha sido un puente para muchas corrientes de pensamiento (filosóficos-políticos), movimientos artísticos y la práctica clínica (de donde surge paradigmáticamente al refutar con la psicología convencional). Incluso varios enfoques psicoterapéuticos retoman o parten del psicoanálisis. Como resultado, su dirección dependerá de quien lo utilice como marco referencial, y la crítica que tengamos será valiosa para enfatizar los sesgos y la contribución histórica que ha tenido contemplados ejes poscoloniales, anti-patriarcales y antiheteronormativos; asimismo, profundizar en las intervenciones de psicoanalistas diverses por sus puntualizaciones y su interés en aportar en un campo en el cual no nos alcanza por sí solo para dilucidar toda la demanda que se le adjudica, pero del que tampoco se puede explicar del todo sin él.

Escribo por aquí y escribo por allá. Soy psicologue y a veces intento hacerle de activista. Tengo una mente curiosa, por eso me gusta el psicoanálisis, la filosofía y la teoría crítica. En las mañanas escribo y edito textos en una comunidad de psicologxs diversxs y en la noches me dedico a la clínica.

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