Por una representación que no sea simulación

Por Láurel Miranda (Twitter: @laurelyeye)

La representación importa, pero ésta debe incidir en un mayor acceso a derechos e igualdad para los grupos vulnerados; de lo contrario, se trata únicamente de una simulación.

El mes del orgullo LGBTTTIQA+ es uno de fiesta y celebración, sí, pero también es uno de reflexión, lucha, rabia y autocrítica. Reunir todas y cada una de las distintas orientaciones sexuales e identidades sexogenéricas bajo el paraguas de esta hermosa comunidad nos ha dado la potencia y empuje necesarios para conseguir grandes victorias, pero también debemos reconocer que de entre todas las letras mencionadas hay una que sobresale en lo que respecta a la conquista de derechos y visibilidad. Y lo celebro con dicha y gozo. Lo celebro tanto como en mi día a día busco que se trate de una realidad para el resto de nosotros, nosotras y nosotres.

Sin duda, una forma de avanzar hacia esa realidad es a través de la visibilidad, de una mayor y mejor representación de nuestra comunidad en los medios de comunicación. Por ello es que resulta tan importante junio, un mes en el que los rostros y voces LGBT inundan el espacio público, las conversaciones, las portadas de revistas. Es el mes en el que somos más visibles que en cualquier otra fecha del año; de ahí que me parezca que cuidar cómo se construye dicha visibilidad es de vital importancia.

Lo digo porque me parece que la visibilidad puede ser un arma de doble filo. Durante muchos años de mi vida crecí pensando que sólo existía una forma de ser gay: ya saben, esa caricatura encarnada por ¿actores?, ¿comediantes? como Eugenio Derbez, Adrián Uribe; también crecí pensando que la única forma en que una mujer podía lucir era como nos las pintaban en cine y televisión: hipersexualizadas, precarizadas y con una necesidad de aprobación y validación inmensas. ¿De qué sirven la visibilidad y la representación cuando éstas dictan una especie de destino manifiesto que nos indica que el único lugar que nos corresponde en la vida es el de la burla, la risa, la tragedia, la explotación y la muerte?

En el lado opuesto, en años recientes hemos comenzado a presenciar una visibilidad de la comunidad LGBT mucho más diversa… pero sólo en lo que respecta a la sexualidad. Pareciera que el término diversidad nos remite como sociedad única y exclusivamente a orientación sexual o identidad de género, pero nos olvidamos de los distintos estratos sociales, de las distintas formas y tamaños de los cuerpos, de las distintas capacidades con las que contamos e, incluso, de nuestros distintos tonos de piel. Aunque para algunas personas estos últimos factores pudieran significar poco o nada en su vida, lo cierto es que para muches de nosotres, nosotros y nosotras, son elementos constitutivos de nuestra identidad.

Si en el movimiento feminista hay una rama que considera que la realidad sexuada de los cuerpos es el elemento principal (y a veces único) del que deriva la opresión hacia las mujeres, en la comunidad LGBT y personas de las disisencias sexogenéricas no deberíamos seguir el mismo camino: las distintas violencias y opresiones que nos atraviesan no proceden única y exclusivamente de nuestro sexo, orientación sexual o identidad de género, sino de todo un complejo entramado de factores que conforman nuestra identidad. De ahí que sea tan importante comenzar a vernos y escucharnos entre nosotres, porque si no lo hacemos primero entre pares, será mucho más difícil que esto pueda llegar a buen término en instituciones, asociaciones y medios de comunicación.

Las pruebas saltan a la vista: basta con ver la mayor parte de campañas que estos días circulan alrededor de la comunidad LGBT para notar que para sus organizadores las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans somos un tipo de cuerpo (delgado; alto, la mayor parte de las veces), de un tono de piel (blanco… o blanqueado, cómo no), y de un estrato social (privilegiado… o cuando menos no precarizado).

No voy a negar que conocer historias de éxito en los medios sea un gran avance luego de años o décadas de encontrar únicamente notas rojas. Sin embargo, que en un mes como junio todo lo vinculado a la diversidad sexual sea narrado bajo la idea del éxito, del progreso o la felicidad, me parece sumamente problemático, casi que la construcción de un espejismo: nuestra realidad dista mucho de eso, nuestras identidades distan mucho de ser hegemónicas, como nos lo hacen creer durante estos días las revistas y los espectaculares. Lo cierto es que para ocupar espacios, para acceder a derechos, para acariciar la tranquilidad que brinda la estabilidad económica, las personas de la disidencia sexual antes debemos enfrentar un sinnúmero de retos, y de esos retos, de esas violencias, de esas malas experiencias también vale la pena hablar.

Lo vale para que cada vez sean menos, para que cada vez sean más sencillas de transitar. En fin, para que para las identidades no hegemónicas que vienen atrás, les sea mucho más alegre y revolucionaria la vida.

Seamos visibles. Celebremos la representación. Vigilemos que ésta sea ética.


 

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