¿Por qué entre hombres nos molesta tanto hablar de machismo?

El jueves pasado me invitaron a participar en un conversatorio titulado “Construcción de paz desde un enfoque de masculinidades” con funcionarios varones de esta administración pública estatal, interesados en discutir sobre cómo frenar la violencia de género ejercida desde nuestros espacios como hombres.

Me llamó particularmente la atención que al término de éste, el moderador nos comentara que tuvo muy buena recepción pero que la audiencia que nos escuchó estaba conformada en su gran mayoría por mujeres. De inmediato pensé en que no estábamos haciendo llegar el mensaje a nuestros congéneres varones.

Y es que si quisiéramos lograr el objetivo de hablar de nuestras actitudes machistas dentro  del público masculino, y no solamente desde espacios institucionales sino en encuentros informales o casuales también, deberíamos considerar en plantearnos otra forma de abordar la problemática, porque percibo que a pesar de que ya existe difusión de campañas de sensibilización, publicación de folletos o realización de charlas, parece que mis congéneres no se identifican con algunas de las propuestas planteadas para vivir otras formas de ser hombre sin llegar a la violencia. Entonces, no podría decirse que hay falta de información al respecto.

Pero, ¿por qué entre hombres nos molesta o incomoda hablar sobre machismo? He visto de todo. Desde los que hacen como que el problema no existe y genuinamente piensan que “el feminismo es una moda” y que los hombres que tenemos acercamiento con estos temas lo hacemos “para quedar bien con las mujeres”, hasta los que fervientemente se atrincheran en ideas machistas y adoptan actitudes a la defensiva, que en algunos casos son hasta violentas.

Si bien es cierto que no todos los hombres son/somos violentos (NotAllMen?), todavía se suele esperar de nosotros que en determinados momentos en los que nos sintamos incómodos o molestos respecto de algún tema, seamos capaces de ejercer violencia hacia los/as demás para demostrar nuestra “hombría”. Lo que pasa es que desde pequeños se nos enseña a competir, a destacar, a “defender” nuestras posiciones y querer tener siempre la razón, y a no manejar nuestras emociones. No hay nada más triste para un hombre que pasar desapercibido, entonces a veces actuamos de ciertas maneras y/o con actitudes que reflejan comportamientos machistas y no necesariamente para obtener recompensas, sino por un verdadero miedo o inseguridad que no queremos ver o no hemos querido escuchar.

Ahora vemos cómo los privilegios de los que antes disfrutaban nuestros tíos o nuestros abuelos están cada vez más cuestionados socialmente. Y está bien. El problema recae en que vivimos un modelo masculino hegemónico que si bien ya cuestionamos a nivel institucional y por algunos sectores de la sociedad, o a veces entre nuestros grupos de amigos, sigue siendo el vigente, y que además todavía es asumido por muchos de nosotros como hombres.

Los argumentos de justicia e igualdad son principios que no debemos perder de vista, pero que no nos suelen movilizar a muchos hombres en cambiar actitudes, a no ser que esa injusticia o desigualdad recaiga sobre nosotros mismos.

He tenido la fortuna de ya poder platicar estos temas con otros amigos hombres y sí he sentido avances. Ya pasamos del “no todos los hombres somos iguales” “yo respeto a las mujeres, no a las feminazis” a ya poder hablar de nuestros sentimientos y emociones, a dejar de hacer chistes misóginos, y a hacer espacios de autocrítica y reflexión reconociendo que hemos, aunque sea una vez, ejercido machismo y actitudes violentas contra las mujeres. En fin, es un avance, y eso quiere decir que sí se puede, que sí podemos transitar a ser más responsables y maduros frente a estos temas y frente a nuestros comportamientos.

Amigo: no se te va a caer el pene ni vas a dejar de ser hombre por tener autocrítica frente a tus actitudes machistas ni por hablar de tus sentimientos o emociones. Lo dejo pa’ la reflexión.

Abogado, servidor público, activista en derechos humanos y fan del rock ochentero.

Escribo mis inquietudes personales y jurídicas en este blog.

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