Por qué a los fascistas les fascina Star Wars y Star Trek

Si dos franquicias han definido el espacio exterior en la cultura popular, son sin duda Star Wars y Star Trek. Miles de obras les deben de una forma u otra inspiración y millones de fans han disfrutado (y resentido) sus sinfines de series, libros, películas y videojuegos.

Desde televisión y cine, Trek y Wars son un vivo ejemplo de comparación y contraste. Mientras la tripulación del Enterprise en Viaje a las Estrellas vive un futuro utópico donde la Tierra evolucionó a un sistema post-escarcidad y post-dinero, nuestros héroes en La Guerra de las Galaxias se levantan en armas contra un malvado Imperio “hace mucho tiempo en una galaxia muy muy lejana”.

Gene Roddenberry y George Lucas tenían visiones muy diferentes para los mitos que construyeron. Gene, un optimista empedernido, quería aprovechar el poder masivo de la televisión para dar plataforma a ideas progresistas durante los movimientos de derechos civiles de los 60s. Lucas, obsesionado con el Viaje del Héroe de Joseph Campbell, buscaba dar a los niños una ópera espacial como las que cautivaron su imaginación de pequeño.

Los capitanes Kirk y Picard representan lo mejor de la Federación: una organización política interplanetaria gigantesca que abandera la libertad y la igualdad. Luke, Leia, Han y Chewie, en cambio, pertenecen a la rebelión contra un opresivo Imperio Galáctico.

Entre diferencias, son similares en una postura más o menos progresista. Trek mostró una sociedad racialmente integrada, mujeres en posiciones importantes y uno de los primeros besos interracial de la televisión americano. Enfrentó (con cierta torpeza) problemáticas sociales de la época con un espíritu de inclusión que sigue vigente.

Wars fue más figurativo y menos literal, pero representó esfuerzo colectivo, diverso y esperanzado como triunfante contra el homogéneo Imperio (diverso en disfraces de alienígenas, porque la primera trilogía es predominantemente blanca, masculina y heterosexual).

¿La similitud incómoda? Cuántos de sus fans son auténticos fascistas modernos.

Definir el fascismo es difícil, pero como resumen son útiles las catorce propiedades que enlista Umberto Eco, entre las que destacan el culto a la tradición y la acción, la guerra permanente, el nacionalismo y la xenofobia.

Por cierto, gran parte de lo escrito aquí se lo debo a Renegade Cut, cuyos video-ensayos sobre las respectivas franquicias de ciencia ficción iluminaron el camino que tomó este artículo. No puedo dejar de recomendar una suscripción a su canal.

Star Wars: nazis de caricatura

Lucas propone un encuadramiento simple de bien vs mal. Sabes quiénes son malos porque visten tonos sombríos, siguen rigurosidad militar y, en el primer acto de Una Nueva Esperanza, destruyen un planeta entero como método de extorsión. Sabes quiénes son los buenos porque tienen personalidad propia y la narrativa se focaliza en ellos.

Star Wars nunca se adentra en las políticas o legislaciones del Imperio. Primero, porque es difícil hacer cine entretenido con eso. Segundo, porque es difícil vender playeras de Stormtroopers si le dices al público que creen en la pureza racial y en un holocausto galáctico.

A Hollywood le gusta utilizar el nazismo y alegorías para sus villanos. Son visualmente reconocibles y absolutamente malvados. Es complicado hablar de opresión sistémica selectiva, de la construcción de un nacionalismo aberrante basado en narrativas xenofóbicas y de ciego arraigamiento a la tradición. Así que los cineastas han ofrecido al público una versión simplificada de lo que es el fascismo: una estética antes que una ideología.

Tal vez en clave de esto mismo, tal vez aparte, espacios en Internet, como el supuestamente irónico r/EmpireDidNothingWrong en Reddit o un amplio catálogo de páginas y grupos en Facebook, ofrecen una mirada diferente hacia el Imperio.

A veces roleplay irónico, a veces en serio y a veces “te voy a decir que es irónico pero realmente es de a deveras”. Hay fans que celebran al Emperador Palpatine, al Gran Moff Tarkin y a sus legiones de soldados como héroes. Después de todo, ellos brindaron paz y orden a la galaxia con una estructura política y militar fuerte. Jurar lealtad es simplemente patriotismo.

Estos fans (y digo “estos” como masculino genérico, porque son casi exclusivamente hombres) van más allá de creer que Darth Vader y las tropas se ven chidos. Crean memes proyectando sus posturas políticas en los malos de la historia, delatando un acuerdo con sus perspectivas, posiciones e ideas.

Dos cosas son ciertas: primero, entre la ironía se asoman verdaderos fachos que ven su ideología reflejada en el Imperio, cómodos en máscaras de juego y cultura popular. Segundo, aún quienes lo hacen irónicamente evocan argumentos fascistoides.

Si lo hacen de juego, ¿por qué? ¿Por qué esa estética y retórica se les hace, aún de chiste, tan atractiva? ¿Saben qué es y se burlan en sátira? ¿Lo desconocen y se dejan llevar por representaciones de líderes poderosos autoritarios? ¿Cuántos resienten las representaciones diversas del Star Wars más nuevo, aunque odiarlas contradiga la intención de las originales?

Star Trek: estructuras de poder, milicia e ideales masculinos

A las recientes series Star Trek: Discovery y Star Trek: Picard les llueven quejas de fans que desprecian la diversidad racial, sexual y de género mostrada en pantalla, tachándola de progresista, SJW y demás. ¿Odiar diversidad? ¿En una de las franquicias más progresistas del entretenimiento popular?

¿Cómo podría alguien disfrutar Viaje a las Estrellas y salir con ideas conservadoras? Uno podría argumentar que la grandeza de Trek trasciende ideologías, pero hay quienes cuya atracción se basa auténticamente en proyectar sus creencias en la serie.

A los fascistas les fascinan los nazis espaciales que antagonizan Star Wars, pero con Star Trek es casi lo opuesto: adoran a la organización a la que pertenecen los protagonistas.

El paralelo es interesante, porque en ambas historias optan por quien carga el status quo. Sin embargo, mientras que el Imperio es un estado opresivo, la Federación es una unión que garantiza la cooperación pacífica, el desarrollo científico y la igualdad universal. ¿Dónde encuentran fascismo ahí?

La cosa es que, a propósito o no, la utopía post-capitalista que retrata Trek también tiene elementos cautivadores para fans de extrema derecha.

En Star Trek, nuestros héroes son militares. Su función declarada es la exploración galáctica y el mantenimiento de la paz bajo un principio no intervencionista, pero militares se quedan, con rangos y funciones claramente delimitados.

La Flota Estelar es una fuerza armada inmensa, enormemente poderosa y profundamente jerarquizada. Como lo ejemplificó ese niño en tu clase de historia que estaba un poquito demasiado obsesionado con Alemania nazi, a los simpatizantes fascistas les atraen los ejércitos fuertes y las estructuras de poder dominantes.

Aún más: la Flota se representa de forma benevolente y protectora, la fantasía perfecta para quienes necesitan justificar una fuerza militar tan grande.

Ni hablar del Capitán Kirk, que representa el ideal perfecto de la hombría, líder nato y seductor experto. Visto desde el lente de una masculinidad patriarcal, es inmensamente atractivo como rol a seguir.

También hay un incómodo nexo hacia las tradición histórica y literaria de exploradores y navegantes, que retrata a las mujeres indígenas y a las tierras por descubrir como salvaje territorio de conquista. El Enterprise como nave de exploración y Kirk como enamorador de chicas alienígenas deben más inspiración que la que les gustaría admitir.

Les dejo con una pregunta: ¿No es la guerra eterna que destaca Eco como característica del fascismo accidentalmente reproducida en la infinita continuidad de ambas franquicias como producto mediático?

Comunicólogo, ensayista y crítico. Escribo sobre ese punto de encuentro entre cultura pop y las problemáticas socioculturales para entender a los poderes que las producen y los públicos que las viven.

Mantengo Plumas de Golondrina, un blog de análisis, crítica y reflexión.

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