Por la despatologización de las personas trans en el ámbito médico

En este mes se cumplen cuatro años de aquel 2018 cuando la Organización Mundial de la Salud dejó de considerar la condición trans como un “trastorno mental” y sugirió llamarle “discordancia de género”, instando a los estados miembros a adoptar esta definición a partir del 2022. Pese a ello, la patologización hacia esta población continúa reproduciéndose, tanto en las propias instituciones de salud como en el imaginario social. Y es que, si hacemos un breve recuento, resulta que, precisamente, fue la ciencia médica a través de sus múltiples sistemas de clasificación la que ha fomentado, por más de un siglo, la idea de que las personas trans* están “enfermas”.

Psychopathia Sexualis fue un texto publicado en 1887 por el psiquiatra alemán Richard von Krafft-Ebing, donde se hablaba de las personas trans como: “[…] una categoría especial de homosexuales que sufren de metamorfosis sexual paranoide: se identifican fuertemente con el sexo opuesto y quieren alterar sus características sexuales” (Pons y Garosi, 2016, p. 309). Esta primera noción se encontraba vinculada a la homosexualidad. Es decir, se pensaba que se trataba de una orientación sexual y no de una identidad, por lo que durante décadas se creyó que eran casi lo mismo; hasta que en 1910 el médico, sexólogo y también activista judío Magnus Hirschfeld estableció la distinción entre la homosexualidad y lo que, tiempo después, la ciencia médica denominaría “transexualidad”.

A mediados de la década de los cincuenta del siglo pasado, Harry Benjamin, un endocrinólogo alemán, radicado en Estados Unidos, utilizó por primera vez el término “transexual” para diferenciar a las personas que deseaban realizarse una cirugía de reasignación genital de las que no lo deseaban (Missé, 2013). Años más tarde, en 1966, la expresión fue difundida mundialmente con la publicación: The Transsexual Phenomenon donde mencionaba que, si la mente de la persona transexual no podía cambiarse, el cuerpo sí.

Dada la relevancia de Benjamin en el ámbito médico, es reconocido como el “padre de las modernas teorías médicas sobre la transexualidad” (Pons y Garosi, 2016: 310), y en 1979 se crea en Estados Unidos la Harry Benjamin International Gender Dysphoria Association. Conocida actualmente como la World Professional Association of Transgender Health (WPATH), organización encargada de establecer el protocolo –Normas de atención para la salud de las personas Trans y con variabilidad de género que rige a nivel mundial los procedimientos de las terapias hormonales y las cirugías de reasignación de sexo, patologizando la condición trans.

Para 1983, el así llamado “transexualismo” es catalogado oficialmente como un “trastorno mental” por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) en su Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés). Este hecho marcaría el inicio del tutelaje por parte de la medicina a través de psiquiatras, quienes, hasta la actualidad, se encargan de validar que, efectivamente, quien se dice trans lo es y que su condición no es parte de la diversidad humana, sino un trastorno. En 1995 se sustituye la palabra “transexualismo”por la de “trastorno de identidad sexual” en el DSM-IV, al igual que en la Clasificación Internacional de Enfermedades-10. Siete años después, en 2002 se da a conocer el DSM-IV TR (Texto Revisado, donde se mantiene la denominación de “trastorno de identidad sexual”.

Sin embargo, estas clasificaciones patologizantes y estigmatizantes tuvieron fuertes críticas por parte de activistas trans en varias partes del mundo. Por ello, en el 2009, se integró la Red Internacional por la Despatologización Trans y se lanzó la campaña internacional Stop Trans Pathologization 2012, que exigía la eliminación de la condición trans como trastorno mental del DSM. La presión de la Red fue determinante para que la última versión del DSM-5, publicada en el 2013, se sustituyera el “trastorno de identidad sexual” por el de “Disforia de género en adolescentes y adultos”.

Resulta evidente que las recientes modificaciones hechas por parte de la Asociación Americana de Psiquiatría y de la Organización Mundial de la Salud son minúsculas, pues continúan haciendo uso de un lenguaje estigmatizante al referir en sus definiciones términos como “disforia” y “discordancia”, lo cual refleja un nulo compromiso por contribuir a la despatologización de las personas trans desde las instituciones de salud. Dadas las condiciones de vida en las cuales se encuentran las personas trans, es urgente que la ciencia médica se posicione al respecto y empiece por reparar el daño que, por tanto tiempo, han ocasionado a esta población históricamente vulnerabilizada.  

autismodiario.com

Referencias

Pons, A. y Garosi, E. (2016). Trans. En H. Moreno y E. Alcántara (Eds), Conceptos clave en los estudios de género. Volumen 1, (pp.307-325). Programa Universitario de Estudios de Género, México: Universidad Nacional Autónoma de México. http://www.multimedia.pueg.unam.mx/lecturas_formacion/investigacion_perspectiva_genero/unidad_1/Conceptos_clave_genero.pdf

Missé, Miquel (2013), Transexualidades. Otras miradas posibles. Editorial Egales, Madrid.

Me encantan las Ciencias Sociales. Me inquieta aprender sobre disidencias sexuales, feminismos (no transfóbicos), producción de subjetividades, corporalidades, opresiones, desigualdades sociales, entre otros temas. Odio la injusticia. Cuestiono lo “normal”. Para mí, “lo personal es político”. Escribo en el blog para compartir reflexiones y opiniones desde un conocimiento situado, no intento generalizar.

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