Por ellas, las que no pueden estar

El domingo 8 de marzo, yo, como muchas otras, tomamos las calles de Mérida desde temprano, manifestándonos y haciéndonos ver ante el ojo público, ante el gobierno, ante todas aquellas personas que estaban con sus familias en la Biciruta. Nosotras, como muchas alrededor del país y del mundo, nos hicimos notar.

No había caído en la cuenta que esta fue mi primera marcha del 8M; había ido en 2018 a la del 25N, pero por varias razones no pude volver para la del 2019 ni fui para el 8M de ese año. En la de noviembre a la que fui, tenía miedo porque nunca había estado en una marcha; no tenía miedo porque me fuese a pasar algo estando con las otras mujeres de la manifestación, sino porque tengo ansiedad social y el estar en grupos de gente no me es cómodo, menos si son grandes. Yo fui con una amiga sabiendo esto, pero quería ir, quería estar porque podía. La verdad es que el inicio fue lo más difícil, el periodo de espera previo a la movilización hacia el primer cuadro de la ciudad, ese tiempo en el que veía a todas las demás mujeres alrededor de mí era muy abrumador. No sé bien en qué punto dejé de sentirme tan ansiosa estando allá, pero pasó, y terminé por sentirme más cómoda de lo que pensé que podría llegar a estar en tal agrupamiento.

Fue luego de esa experiencia que me he animado a ir a otras manifestaciones y marchas. La ansiedad sigue presente días e incluso horas antes de que yo llegue al punto de reunión, pero una cosa de la que también me di cuenta, fue de lo mucho que me ayuda el estar acompañada, de saber que estoy yendo con una persona que conozco y con la que me llevo. En verdad es eso lo que me ha permitido ir, y si no fuese porque he comprobado que me funciona, probablemente no hubiese vuelto porque me estaría poniendo en una situación que me incomoda y no disfruto, y me consta que muchas están en ese punto, que es sobre lo que quiero hablar.

La realidad es que no todas podemos marchar, no todas podemos salir a las calles a manifestarnos. Previo al 8M leí un artículo de una mujer chilena que no iba a poder unirse a la marcha, en donde exponía cómo la violencia en su país y las represiones por parte de la policía han hecho que su familia y ella teman por su seguridad. No es un miedo infundado, es totalmente válido porque es la realidad que vivimos, sobre todo en América Latina. Así como ella, muchas otras mujeres no pudieron salir por una gran variedad de razones: por temor, por no querer preocupar a otras personas, por la ansiedad, por ser mujeres trans que no están “fuera” (o incluso quienes lo están, pero no se sienten seguras o bienvenidas en las marchas), porque tienen alguna discapacidad y les agota estar en movimiento, por el ruido y estímulos del exterior… la lista sigue.

El no poder estar ahí, por la razón que sea, no demerita la lucha, y no hace menos a esas mujeres. Por el contrario, nosotras, las que podemos estar ahí, debemos tener muy presente que marchamos por las que no. Debemos marchar por las que quisieran estar y no nos pueden acompañar, porque es lucha de todas nosotras. No podemos olvidar que cada unalucha desde sus espacios, desde donde puede y cada que puede; nuestros espacios no son solo en la calle, que obviamente es parte importante, pero no lo es todo, y como bien sabemos, no es solo el 8 de marzo, porque tenemos que estar todos los días luchando contra el sistema patriarcal en la casa, en la escuela, en el trabajo, en todos lados.

Nuestros gritos feministas tienen que escucharse en todas partes, en todo el mundo, por las que estamos allá, por las que no pueden acompañarnos, por las que nos han arrebatado por la violencia hacia nosotras, por las que seguimos y por las que vendrán después.

Yo en 2019 fui una de esas que “no pudo marchar” el 8M porque no tenía con quién ir. Sé que si hubiese ido sola no hubiese estado insegura rodeada de las otras mujeres, y me pude haber pegado a algún grupo, o probablemente me topaba con alguna conocida y listo, pero no podía ir si eso era una incógnita, si no tenía la certeza de que iría con una amiga. Este domingo fui porque pude, porque no estaba sola, y marché por las que, como yo en un punto, no pudieron; este domingo fui con muchas otras que pudimos, con muchas que era su primera vez yendo a una marcha, con las que han ido desde el comienzo.

Nuestra lucha es en todas partes, batallamos cada una desde nuestras trincheras, y sé que donde yo no puedo estar, hay al menos una que sí. Cada que marchemos, que alcemos la voz, que no nos callemos, necesitamos tener presente que lo hacemos desde lo individual por todas nosotras. Y lo seguiremos haciendo.

Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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