“Políticamente Correcto”

Para bien o para mal, los últimos años las discusiones sociales se han convertido en discusiones de redes sociales. Ver a personas discutiendo por escrito acerca de clasismo, racismo, machismo y discriminación —tópicos que señalo de manera enunciativa no limitativa— es cada vez más frecuente, largas publicaciones o hilos con un marco teórico profundo y agudeza conceptual son el pan de cada día en cualquier timeline un martes por la noche. Además de lo anterior, los señalamientos de censura por “pensar diferente”, las críticas hacia “los liberales” y un creciente poder (aparentemente) hegemónico de lo políticamente correcto también ha invadido el mundo digital.

Muchas personas utilizan la expresión “políticamente correcto” como un concepto abstracto, partiendo de este supuesto, primero habría que saber de qué se habla para hablar del tema. En ese sentido, según el breve pero sustancial proceso previo de investigación que antecede a este artículo, la expresión tiene su origen entre camaradas leninistas que criticaban a aquellos que seguían con un fervor exagerado (y casi irracional) las directrices del partido; pronto, la expresión adquiría su forma más contemporánea en la década de los ochenta en Estados Unidos en círculos intelectuales-académicos que a manera de acción afirmativa, dejaron de utilizar un lenguaje que denigrara a las personas en situación de desigualdad, principalmente personas afroamericanas. En la actualidad, se usa políticamente correcto de forma despectiva, contrariando su origen.

Cabe mencionar que a quienes incomoda y quienes se empeñan en desdeñar el lenguaje “políticamente correcto”, generalmente, son personas que no se encuentran en algún supuesto de desventaja social o condición que convierta a esta persona en parte de un grupo en situación de discriminación. A este punto, tiene todo el sentido del mundo que vean como imposición una práctica lingüística que anula espacios de exclusión porque pone en evidencia su situación privilegiada.

El discurso del otro incomoda más cuando señala privilegios, porque señalar a las personas por razones de género, orientación sexual, situación económica, color de piel y demás, ya está normalizado, aceptado y validado. Entonces el problema de ser “políticamente correcto” adquiere una carga inversa para quienes se rehúsan a cambiar y aceptar que cotidianamente violentan y discriminan. Consecuentemente, ser exhibido socialmente como una persona poco empática e insensible a la desigualdad podría ser la razón por la que incomode tanto.

Es común que, para invalidar un movimiento social o la búsqueda de reivindicación, se ridiculice y exagere principalmente en el lenguaje. A muchas personas molesta la erradicación de expresiones homófobas como “maricón” y su argumento —si es que llegan a tener uno— es que se ha dicho así por mucho tiempo y nadie se molestaba. Lo engañoso de utilizar el pasado como argumento y comparar la situación actual con la década de los ochentas es que muchos colectivos y grupos ya tienen la voz y visibilidad que antes se les fue negada.

Del mismo modo, muchas personas señalaron que la nominación de Yalitza Aparicio a Mejor Actriz en los premios Oscar 2019 fue algo “políticamente correcto” porque ella era indígena, minimizando todo su trabajo y la calidad de la historia contada en la película dirigida por Cuarón. Nuevamente este tipo de ejemplos pone en relieve que la principal razón por la que este tipo de cosas molesta a muchas personas es la dignificación y el reconocimiento de cualquier cosa diferente a lo que están acostumbrados. Este ejemplo puede verse en todo el proceso de la película de Capitana Marvel, donde muchos hombres estaban profundamente ofendidos por un personaje femenino “sobrevalorado”, y sin temor a equivocarme, muchas de las personas que criticaron la película de Brie Larson, también criticaron la escena de personajes femeninos del Universo Cinematográfico de Marvel en Avengers: Endgame, llamándola “forzada”.

Pareciera que las únicas personas empeñadas en seguir condenando “lo políticamente correcto” —y seguir utilizando esta expresión— son aquellas que se niegan a aceptar la reducción de las barreras de exclusión, porque a diferencia de cualquiera que haya adoptado conciencia de la discriminación estructural y un lenguaje sin discursos que invisibilicen a otras y otros, quienes se encuentran en el segundo grupo no están en disposición de perder su tiempo en defender la utilización de un término, por otro lado, sí defenderían derechos y luchas.

De esta forma la expresión “políticamente correcto” se reduce a una herramienta que desde el privilegio se usa para reclamar una concesión para no tener que hacer una evaluación intrapersonal y una defensa en contra de la empatía.

Con todo lo anterior, es fácil concluir que mientras algunas personas se empeñan en ofenderse con lo que llaman “políticamente correcto”, el mundo avanza. La ruptura de las estructuras históricas de desigualdad es un asunto pendiente, pero los pequeños avances van cada vez más en aumento, y concluyo: ¿Qué clase de persona se tiene que ser para sentirse ofendida con la dignificación de otras y otros? Esto que parece confrontativo y contemporáneo tiene una larga historia detrás, quizá ahora sea en redes sociales y pueda parecer algo efímero, pero no lo es, la lucha por la dignidad y los derechos de todas las personas nunca va a parar.

Miembro de la Red Peninsular de Apoyo al Litigio Estratégico a favor de los pueblos indígenas y comunidades campesinas en los estados de Campeche, Yucatán y Quintana Roo, y de la Red Juvenil "Valiente” para defender la tierra, el territorio y el medio ambiente.

Escribo sobre política, sociedad y medio ambiente con perspectiva de derechos humanos.

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