¿Y si no es suficiente?

Más a menudo de lo que me gustaría me he cuestionado qué tanto impacto tiene realmente lo que hago. No me refiero a cosas como “¿qué efecto va a tener mi ensayo de 10 puntos en el mundo?”, sino más bien a acciones más concretas y cuya finalidad sea en pro del cambio social.

Por acontecimientos a escala tanto local como internacional, esta última semana me volví a preguntar eso reiteradamente; ¿qué punto tiene que haga yo algo si al final del día el mundo solo parece seguir yendo de mal en peor? Viéndolo de esa forma, parece que no tiene caso siquiera intentar hacer un cambio, porque no es un “cambio mayor”, no estoy modificando gran cosa.

Suele frustrarme un poco, por ejemplo, ver tanta insistencia en que cada quien utilice menos plásticos, y no lo digo porque no se necesite contaminar menos o reducir nuestra huella de carbono y en general tener una mejor relación con nuestro medio, sino porque por más que hagamos de manera individual, incluso todas las personas de la Tierra, el 71% de las emisiones contaminantes -al menos hasta 2015- son producidas únicamente por 100 compañías alrededor del mundo. Nuestro 29%, por más importante que sea, apenas y representa poco más de un cuarto de la contaminación que se produce a escala global.

Recalco que no por eso debemos dejar de hacer todo lo que esté a nuestro alcance por reducir nuestro impacto ambiental, pero evidentemente el mayor problema no lo genera cada quien, sino que son las grandes compañías quienes causan el mayor daño que al final del día nos afecta a todas las personas.

El problema está entonces en la estructura y en el sistema que lo permite, pero, ciertamente, ese sistema lo conforman las personas. Sin embargo, las personas que pueden generar un cambio a gran escala (como las que están a cargo de dichas compañías) no se preocupan por el impacto que tienen sus acciones y cómo afectan negativamente al medio y a quienes nos encontramos en él.

Es justamente por eso, por dimensionar un problema a escala macro, que siento que muchas acciones que son viables que haga no tienen sentido, no tienen repercusión real y debería no hacerlas y listo. Y es ahí donde intento, a veces sin éxito, recordar que quizá no esté “cambiando al mundo”, pero eso no hace “menos” lo que esté realizando. Asistir a marchas, a protestas, firmar algún documento; visto así no parece gran cosa, no parece que esté logrando algo y es inútil mi aporte porque las cosas se mantienen igual. La verdad es que no se mantienen igual y sí hay un cambio por más minúsculo que sea. Esa firma pudo lograr que liberaran a alguien a quien encarcelaron arbitrariamente; esa protesta puso el foco en nosotras y nuestro reclamo que consiguió que otras se sintieran acompañadas; esa cuenta consiguió que otras pudiesen alzar la voz y señalar a quienes las violentaron.

Con eso, también considero pertinente agregar que no solo ese tipo de acciones son necesarias, sino que incluso cosas de nuestro día a día: el no callarse al momento de escuchar en clase un comentario LGBTfóbico puede hacer que una persona LGBT+ se sienta menos sola; el escuchar a alguien que necesite consejo y apoyarla para encontrar una solución de manera conjunta; el hacer comunidad y hasta simplemente acompañar a alguien a hacer un trámite puede repercutir mucho en la vida de otra gente e influir de manera positiva en ella.

Esto me lleva a otro punto que suele inquietarme y está relacionado, y es el hecho de que hay tantas cosas horribles pasando alrededor del mundo que muchas veces no sabemos en qué enfocarnos. Me he dado cuenta que frustra y preocupa principalmente a personas jóvenes, quienes se abruman por escuchar tantas noticias, querer hacer algo y no saber ni por dónde empezar a intentar hacer algún cambio, o si se hace, sentir que no es suficiente o que no se les hace caso. Escuchas sobre los conflictos bélicos en Medio Oriente, sobre la segregación de musulmanes en India, sobre los tiroteos en escuelas, sobre la contaminación del agua de los cenotes, sobre los megaproyectos, sobre el Amazonas, sobre Brexit, sobre el alza de la ultraderecha y gente cuestionándose si los nazis no son solo personas que “tienen una opinión distinta”. Escuchas todo eso y sientes que no estás haciendo todo lo que podrías, que estás luchando por una cosa, pero estás descuidando mil más que son igual de importantes.

No podemos estar en todo y a todo momento, ni querer cambiar la estructura social de un día a otro. Es preferible que nos enfoquemos solo en unos temas para evitar tener todo presente al mismo tiempo. Por más que queramos apoyar en algo, a veces nos hace mucha falta vernos a nosotros, nosotres y nosotras mismas, y entra en juego nuestra salud mental. Nos exponemos a mucha información, mucha de ésta sobre catástrofes naturales y atrocidades cometidas hacia otras personas, pero no solemos detenernos a pensar en nosotras mismas y cómo estamos. A veces necesitamos una pausa, un descanso, distanciarnos un poco porque es agotador estar al pendiente de tantos sucesos, y eso está bien.

Desde antes de empezar a escribir todo esto sabía que al final no tendría muy claro cómo quería concluir tras intentar plasmar mis ideas y, efectivamente no lo sé. No sé qué aconsejar o sugerir para acallar esas preguntas que surgen sobre si “hacemos lo suficiente”, ya que muchas veces ni yo sé qué decirme para seguir intentándolo, para no rendirme y seguir luchando al nivel que sea. Lo único que sí sé, es que el sistema capitalista no puede continuar porque está destruyendo nuestro planeta, explotando y agotando los recursos; que urge un cambio que no se va a dar sin la unión de la gente, tanto de quienes están en el poder como de quienes no. Utópicamente, más temprano que tarde llegaremos a eso y podremos decir, como Picard en Star Trek VIII: First Contact, así como recalcan varias veces a lo largo de las series, que la adquisición de riqueza ya no es lo que motiva a las personas, algo que actualmente representa gran parte del problema, como en la cuestión ambiental. Mientras tanto, lo que queda es cuidarnos y saber cuándo necesitamos tomar un descanso, ya que requeriremos para poder seguir adelante, así como que no debemos rendirnos por más malo que se vea el panorama y por más que parezca que nuestras acciones no tienen efecto alguno.

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Estudio Comunicación Social y prefiero escribir antes que hablar. Considero que es muy importante realmente escuchar a las demás personas para así aprender de ellas.

Me gustan los libros de fantasía y las series de ciencia ficción de los 60’s. La mayoría de mis series favoritas están subestimadas.

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