Vulnerabilidad y resiliencia de las personas LGBTTTIQ+ durante la cuarentena

Moisés Hernández C.

Psicólogo, coordinador de La Hora Segura,

It Gets Better México

Para analizar una experiencia requerimos cierta distancia entre el acontecimiento y nuestra mirada. En ese sentido, resulta un poco aventurado sacar conclusiones del impacto de la actual pandemia sobre la salud mental de la población general y las poblaciones LGBT en particular, especialmente cuando los efectos del confinamiento (pérdida de empleo, vivienda o patrimonio, muertes de seres queridos, teletrabajo, educación virtual, etc.) siguen aflorando. Por tal motivo, quisiera solamente poner algunos datos sobre la mesa, para empezar a ponderar tanto las necesidades de atención, como las fortalezas de nuestra comunidad ante la crisis mundial por COVID-19.

Vulnerabilidad antes de la pandemia

Una de las grandes mentiras difundidas por los grupos de odio es asegurar que por ser LGBTTTIQ+ contamos con ‘privilegios’ sobre la población heterosexual. Por el contrario, estudios estadísticos como la Encuesta Sobre Discriminación Por Motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género 2018 señala que alrededor del 90% de las personas LGBTTTIQ+ deben mantener oculta su identidad u orientación y aun así son objeto de burlas y violencia verbal en la escuela (87%) y la familia (69%). Así mismo, una cuarta parte de las personas LGBT vive agresiones físicas en la escuela y prácticamente una de cada diez vive violencia física por parte de sus familiares. De acuerdo con la Consulta infantil y juvenil 2018, estas formas de violencia se presentan más frecuentemente entre los 13 y los 17 años. 

Con el confinamiento, resultaba esperable que estas formas de violencia si no se hacían más frecuentes, al menos sí que se recrudecieran, especialmente para quienes, siendo adolescentes, las viven en su propio hogar.  

Contención psicológica durante el confinamiento

It Gets Better México opera desde abril de 2018 el programa gratuito de contención psicológica La Hora Segura, mediante el chat de su página de Facebook, poniendo  un equipo de profesionales del área de psicología con experiencia en género y diversidad sexual, a disposición de la población LGBTTTIQ+.  Dicho programa, opera los miércoles de 8 a 9 p.m. y ha tenido una enorme demanda durante el confinamiento, llegando a recibir un promedio de 45 solicitudes diarias de atención. Cabe aclarar que, si bien las personas heterosexuales han sido beneficiarias ocasionales de este servicio, durante la cuarentena han recurrido masivamente al mismo, permitiéndonos comparar también las similitudes y diferencias de las problemáticas de ambas poblaciones.

El principal tema por el cual se recurre a la Hora Segura, con 1/3 de los casos, es la reacción desfavorable de la familia ante la salida del closet. Esto incluye un amplio abanico de situaciones que va desde el temor que acompaña al deseo de contarles, los conflictos de baja intensidad cuando hay un decir a medias entre la persona y su familia, hasta la violencia verbal, psicológica, física y económica después de salir del closet; además que en algunos casos hay expulsión del hogar y/o amenazas de muerte. En el caso de la ideación suicida, suele relacionarse con dificultades para manejar la situación que se está viviendo, de manera que hemos podido apoyar con éxito a las personas a superar ese tipo de crisis, al encontrar estrategias de empoderamiento en contextos que les eran adversos. La pandemia ha venido a intensificar dinámicas violentas y el reto ha sido mantener a las juventudes conectadas con su comunidad para mantener un horizonte de esperanza.

Mientras el closet sigue siendo un tema importante para la población LGBTTTIQ+, la gran afluencia de personas heterosexuales que solicitan contención psicológica a It Gets Better durante la pandemia puede ser abordada también con perspectiva de género. Hemos notado que en personas heterosexuales de entre 13 y 17 años existe escasa comunicación familiar, vergüenza de expresar emociones, desconfianza, presión por parte de los padres para someterse a estándares o exigencias patriarcales. En cuando a la ideación suicida de personas heterosexuales durante el confinamiento, la hemos registrado en edades desde los 13 hasta los 50 años, detonada en gran medida por rupturas de pareja, en las que los varones parecen poco dispuestos a reconocer la libertad de la otra persona para rehacer su vida o literalmente expresan “haber fallado como hombres” por no poder retenerla. Las mujeres también cifran su valor personal en la capacidad por mantener relaciones de pareja frecuentemente sostenidas en la violencia psicológica y económica de parte de sus novios o esposos.

En suma, hemos podido dar una mirada a las dinámicas entre personas LGBTTTIQ+ y heterosexuales que nos permite entender cómo en uno u otro grupo poblacional los mandatos patriarcales afectan la calidad de la vida de las personas. El confinamiento no hizo sino intensificar ese hecho.

Resiliencia LGBTTTIQ y redes de apoyo

No podríamos dejar pasar el hecho de que los retos que hemos debido enfrentar como comunidad durante la crisis del COVID-19, han demostrado que colectivamente somos capaces de generar estrategias ante la adversidad. Si bien las personas LGBTTTIQ+ frecuentemente enfrentamos violencias, documentamos en la comunidad gran disposición por buscar alternativas para salir adelante tanto individual como colectivamente.

En el acompañamiento de casos individuales, el empoderamiento se convierte en una alternativa a la patologización y permite tomar agencia y control de la propia vida, en pro de una salud mental que incluya participación social y respeto a los derechos humanos. A nivel colectivo, proyectos como el refugio Casa Frida, surgido durante el confinamiento y la propia Hora Segura, nos ayudan a fortalecer vínculos alternos a los de la familia de sangre, para dar acompañamiento y apoyo a nuestra población. La pandemia, si bien exacerba las violencias que sobre todo nuestras juventudes viven, también hace evidente la adaptabilidad de los lazos de solidaridad que tejemos comunitariamente y que nos permiten sostenernos a nosotros mismos y aún tender la mano a las y los jóvenes heterosexuales que, de manera diferente, muestran los estragos de la heteronormatividad. Esta crisis nos permite vislumbrar que la salud mental requiere replantearse fuera de los mandatos patriarcales.

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