Un recuerdo de los Méxicos

 Con las llamadas “fiestas patrias” volvemos a ver anuncios y productos adornados con la bandera, personajes vestidos de charros y demás referentes como cada año. Estos festejos no han cambiado mucho desde que soy pequeña, ni el himno, ni la bandera, ni el “¡Viva México!”, pero sí que ha cambiado la forma en la que yo me veo dentro de todo eso.

En algún punto me di cuenta de que estos festejos, en lugar de dedicarse a recordar la historia de México, pareciera que el punto es festejar el ser mexicanO. De ahí viene las preguntas que quisiera plantear hoy: ¿Qué es ser mexicano o mexicana? ¿Por qué festejar algo así?

Por definición, una persona es mexicana por tener la nacionalidad mexicana, la cual se obtiene de dos maneras: por haber nacido en México o por naturalización. Quienes la obtuvimos de la primera manera no tuvimos que hacer nada más que nacer, lo cual ninguna persona elige, no podemos escoger el lugar donde nacemos ni si queremos o no nacer. 

Quienes obtienen la nacionalidad por naturalización, además de tener que pasar por diversos trámites, han tenido que enfrentar ciertas diferencias ante quienes simplemente nacimos en México. Hasta hace poco se discutía sobre leyes que establecían que, para acceder a ciertos cargos públicos, debías tener la nacionalidad mexicana por nacimiento.

Esto hiciera parecer que entonces hay personas más mexicanas que otras, aunque ambas fueran legalmente mexicanas. Y es que, para mí, se reduce a eso, a una concepción de nacionalidad establecida por la ley. El problema es que toda la vida nos enseñan que es algo más.

Desde nuestra niñez nos enseñan que debemos sentir orgullo por nuestra nacionalidad, que “pertenecemos” a este lugar, que es “nuestra patria”. Esta idea de “la nación es la casa” romantiza la construcción jurídica del Estado, enseñándonos como “propiedad privada” algo que es un público.

Muchas veces pareciera que en México se vive un nacionalismo territorial, este arraigo definido por lo que en algún momento de la historia hombres definieron como fronteras, cuyo objetivo es “proteger lo nuestro” de lo “de afuera” y tratar como una propiedad privada a la tierra que nunca había tenido dueño.

En el nacionalismo se han sustentado muchas violaciones a derechos humanos, el uso de la fuerza para proteger “nuestra frontera”, para proteger “nuestros edificios”, para proteger “nuestros monumentos”, para proteger “nuestro país”, etc. 

Y a mi me parece muy fuerte esta concepción de “nuestro país”, ¿México me pertenece?, ¿yo le pertenezco a México? Me gusta pensar que no le pertenezco a nada ni a nadie, ni nada ni nadie me pertenece a mí, que todo lo que me rodea es parte de un presente, y como tal, momentáneo.

También me es difícil pensar en celebrar a un “México”. Me parecería que no podemos hablar de un solo México, son muchos y lo hemos visto, no es el mismo México el de Ciudad de México que el México de Ecatepec, no es lo mismo el México de una mujer que el México de un hombre, así como no es lo mismo el México de una persona indígena que el México de una persona no indígena.

Justamente hablar de varios Méxicos no debe romantizarse pensando que solo hablamos de diversidad. Lo preocupante es que tenemos que hablar de varios Méxicos por las desigualdades, desigualdades que constituyen violencia.

En mi opinión, antes de celebrar a México, debemos preguntarnos qué hay para celebrar. Y es que en México hay mucha belleza, cultura y diversidad, pero también hay muchas violencias, desigualdades e impunidad.

Y es ante tanta violencia que surge la lucha. En su momento fue la independencia, pero han pasado y están pasando muchas otras luchas, luchas que resisten ante la criminalización y la persecución, como las familias de las personas desaparecidas que emprenden búsqueda ante la ausencia de las autoridades, las feministas que ponen la cuerpa para exigir el cese de la violencia contra nosotras, las personas defensoras de la tierra y el territorio, y muchas más.

Ojalá estas “fiestas patrias” sirvan para visibilizar estos Méxicos, para intentar ver más allá de una nacionalidad y vernos como personas a las que nos unen desigualdades históricas, violencias, pero que también nos unen luchas y esperanza.

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Estudiante de décimo semestre en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Yucatán. Miembro del Colectivo Más Derechos Humanos y de Amnistía Internacional Yucatán.

Escribo de temas de interés social con perspectiva de derechos humanos.

"Cada quien necesita viajar a su propio tiempo por su propia distancia".

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