Un monumento vivo

Al recorrer la antigua basílica de Santa Sofía, en Estambul, Turquía; es imposible evitar que el asombro se apodere de uno ante la belleza de esta construcción. La combinación de la arquitectura bizantina con la conversión hacia una mezquita por parte de los otomanos la hace un edificio único en el mundo y, sin duda, una maravilla patrimonio de la humanidad. Es una mezcla de culturas, un edificio cambiante a través de la historia. Lo genial de esta construcción es cómo ha ido mutando hasta ser la obra majestuosa que es hoy en día. Justamente, al caminar por el segundo piso, uno encuentra una de esas pequeñas características que llenan de vida a esta construcción: el grafiti de un vikingo, probablemente miembro del cuerpo de élite del ejército bizantino, en el que establece “yo estuve aquí”. Esta expresión tan simple y, algunos dirán, banal, es una de esas características que nos invitan a conocer el contexto del cómo llegó un hombre nórdico a grabar en este monumento una idea simple y la historia que tiene detrás. Estas runas, junto con el resto de partes del mismo edificio, son las que le dan vida: las que nos cuentan cientos de historias y nos trasladan a un pasado distinto al presente.

Para el ser humano, es natural buscar construir monumentos como Santa Sofía. Son reflejos de las aspiraciones humanas, de poder y de un contexto en específico. Mientras que las grandes pirámides de Egipto tienen su bagaje mortuorio, la torre Eiffel cuenta con su objetivo modernista y de clara majestuosidad frente al mundo. Construimos estatuas para recordar batallas, a personajes ilustres o sucesos que han tenido un impacto en la historia de un grupo de personas. Buscamos construcciones que trasciendan a su época y que recuerden a las generaciones futuras el triunfo de la lucha actual (el Arco de Triunfo de París) o de la desgracia que busca no repetirse (Monumento a los judíos asesinados de Berlín). Sin embargo, así como Chichen Itzá no se puede entenderse sin las pirámides previas debajo de sí misma, un monumento debe mantenerse vigente con la sociedad y en constante cambio, reflejando lo que en espíritu aspira. No puede mantenerse cercano al presente sin dejar de ver su pasado. No debe dejar de contar historias que generen empatía a los que hoy miran hacia atrás.

El estadio olímpico de Berlín es una obra majestuosa del siglo pasado. Visitarlo es un agasajo, hasta que uno recuerda que es reflejo de la cúspide del poderío racial Nazi. A este recinto se le despojó de toda referencia hitleriana, buscando dotar de vida a un edificio que estaba ya muerto al no ser vigente ni válido lo que buscaba transmitir en origen. Los edificios históricos y los monumentos mueren cuando lo que transmiten es discordante con la actualidad. Por otro lado, los que sobreviven son los que cambian, literalmente, mediante modificaciones muchas veces controversiales. Santa Sofía pasó de una catedral cristiana a una genial mezquita construyendo sus gigantescos minaretes. El Museo del Louvre tiene una enorme pirámide de Cristal, chocante con su estilo arquitectónico, pero que le ha dado más popularidad que nunca. Sin ir tan lejos, el casco central del propuesto Palacio Legislativo en la capital de nuestro país fue transformado en el esqueleto de nuestro actual Monumento a la Revolución. Estos son ejemplos de monumentos y construcciones que han sido modificados, y criticados, buscando mantenerlos vivos; buscando que contaran una historia distinta y vigente.

Ahora, una transformación planeada no es equiparable al “vandalismo” con el que se topa uno en muchos otros monumentos. Como ya vimos, el ser humano lleva dejando su marca en construcciones históricas desde hace tiempo, mismas que les dan vida y una historia nueva que contar. Algo tienen en común estas pintas y modificaciones hechas a través del tiempo en estos monumentos: casi siempre son a edificaciones y construcciones muertas, que lo que transmiten ya no es vigente o simplemente no va de acuerdo con la actualidad. Sí, los monumentos pueden transmitir un anacronismo que lleva a la población a simplemente inconformarse y hacerse visible a través de ellos, curiosamente, dándole nuevos bríos a lo que ya está seco y frío.

En 2018, un hombre pintó una paloma sobre la tumba de Francisco Franco en el Valle de los Caídos, en España. A principios de este año, una estatua de Hugo Chávez fue quemada y tirada en Venezuela. Cada 12 de octubre, diversos monumentos a Cristóbal Colón son pintados en el mundo por personas que creen que la idea que transmiten no es vigente. Los chalecos amarillos han rayado y pintado varias veces el Arco del Triunfo parisino en sus ya conocidas marchas. El memorial de guerra soviético de Sofía, Bulgaria; ha sido pintado y repintado innumerables veces, por personas que buscan visibilizar su postura ante un monumento que no tiene coherencia con el pensamiento actual. Y esto sin siquiera mencionar la cantidad de estatuas confederadas que han sido afectadas por ser consideradas racistas en los Estados Unidos. Los monumentos muertos son el lienzo perfecto para las personas que buscan reflejar una protesta justa en contra de lo que estas obras arquitectónicas pregonan o dejan de reflejar: un franquismo vigente, un partido autoritario en el poder, poblaciones indígenas históricamente discriminadas, la injerencia extranjera o simplemente la libertad que en teoría existe, pero no se refleja. Estas protestas físicas dan vida a estos monumentos otrora muertos, dándoles argumentos e historias que contar a futuro.

Con lo anterior no justifico la destrucción arbitraria de monumentos y patrimonio artístico. Simplemente aclaro que los monumentos, a través de nuestra historia, son mutables y que siempre, siempre, terminan vigentes y fuertes si retoman algo de su presente para reflejarlo a futuro. Si no, sí que morirán. Y tampoco es una apología a los actos intolerantes en contra de ciertas obras. Las pintadas antisemitas en mausoleos judíos en Europa, la destrucción de la ciudad milenaria de Palmira por el Estado Islámico o el derrumbe de ciertos monumentos favorecedores a una oposición al poder actual sí que generan una señal de alerta de los pasos en falso que el mundo como sociedad está dando. Hay muchos monumentos vivos que buscan ser silenciados, por lo que también debemos estar alerta.

El pasado viernes 16 de agosto, una multitudinaria manifestación feminista tomó el Paseo de la Reforma en Ciudad de México, gritando muy fuerte el peligro que tiene el ser mujer en México. Como consecuencia, el Ángel de la Independencia fue pintado y grafiteado, como nunca, con frases de protesta a favor de la libertad y derechos de las mujeres. Muchas personas se llevaron las manos a la cabeza alegando daño al patrimonio histórico. Sin embargo, las pintas, lo único que hicieron fue darle vida a un monumento que busca reflejar una libertad e independencia que no existe para ellas. Esta columna no tiene razón de ser si una mujer no es libre e independiente; es un monumento muerto ante el fracaso de nuestra sociedad frente a las mujeres que mueren diariamente por ser simplemente mujeres. Lo que han hecho con su protesta grafica es darle vida a esta obra, visibilizar su protesta, generando con colores intensos una exigencia explícita de libertad e igualdad. Mientras que algunos se quejan de un supuesto daño, yo me alegro de que le dieran nuevas razones de existencia y sentido de ser a la columna, exigiendo justamente lo que el monumento tiene como su génesis. Espero que, así como se encontró el grafiti del vikingo en Santa Sofía, las mexicanas del futuro encuentren una sutil pintada de este movimiento, recordando la lucha y la vida que estas mujeres le han dado al dorado ángel; contando una historia que durará y dará de qué hablar en el futuro.

Fondea el contenido joven

YucaPost es un proyecto autogestivo y sin fines de lucro. No recibimos patrocinios privados ni fondos públicos, pero tú puedes ayudarnos suscribiéndote a nuestro Patreon o haciendo una donación por PayPal. Tu apoyo será destinado exclusivamente a pagar costos de dominio, mantenimiento y alojamiento.

Desde muy joven he sido un apasionado de la política nacional y global, por lo que me empeñé en estudiarla a través de la carrera de Ciencia Política en el ITAM. Me encanta viajar y conocer nuevos sitios y culturas.

Soy yucateco de corazón. También soy gamer, y ávido seguidor de franquicias cinematográficas de superhéroes y ciencia ficción. Amo a los animales, apoyo la libertad del individuo y soy excesivamente una persona positiva.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *