TODO PASA POR EL CENTRO.

GENEALOGÍA DE UNA HISTORIA ÚNICA LGBT.

 

Llegó junio, mes del orgullo LGBTTTIQAP+, mes en el que las redes sociales se llenan de infografías al respecto con el fin de proporcionar información acerca de temas relevantes sobre la población de la disidencia sexo-genérica y también es el mes en el que crece la oportunidad para las empresas con bandera arcoíris para sacar provecho y llenarse los bolsillos. Claro, todavía siguen siendo tiempos de pandemia pero el capitalismo nunca duerme. Al contrario se pone coqueto y más aliade que nunca. Es fácil perderse entre tanta oferta y demanda, promoción, contenido multimedia e informativo elegebete que puede dejarnos saturades por tanto bombardeo de información, que para sospecha de une, vaya a ser verídica o no. No es para menos, habrá quienes le quieran vender una narrativa romántica de nuestra historia como una “comunidad”.

No me mal entiendan, no somos comunidad porque, en primer lugar, se hace comunidad, se construye y todavía llevamos tiempo tratando de edificar algo desde los cimientos. Somos un grupo de personas que comparten ciertas características en común y que apostamos por tratar de organizarnos para defender nuestros derechos humanos, es decir, perseguimos un objetivo político en común. La historia de esta “comunidad” en México ha sido escrita desde el centro, la blanquitud y el activismo chilango. No ha sido plural, mucho menos decolonial ¿quiénes cuentan la “historia oficial”, la que es asumida como verdadera? ¿A quiénes deja fuera esta genealogía blanca de abolengo cuir?

Los movimientos de disidencia sexual tienen como un proyecto político el orgullo y la dignidad para hacer frente a los prejuicios y estigmatizaciones a los que hemos sido sujetes históricamente. Se buscaba desde las primeras manifestaciones apostar por darle un giro a esa narrativa de patologización y criminalización hacia toda identidad sexo-genérica disidente. La estrategia de centrar el orgullo como estrategia discursiva tiene como antecedente coyuntural, una serie de disputas que surgieron a finales de los años noventa en Nueva York, Estados Unidos debido a la fuerza policiaca a la cual eran sometides personas elegebeté y cuyo evento cúspide fue el disturbio de Stonewall en 1969, rebelión orquestada principalmente por personas trans, gays y lesbianas racializades.

Sin embargo, si bien hay cierta importancia en mencionar estos eventos sucedidos en Estados Unidos, hay que tener claro que los tiempos y los contextos en los que sucedieron estos disturbios no resultan siendo tan significativos para la historia de la disidencia sexo-genérica en nuestro país. Hay que entender primero que las coordenadas geopolíticas son distintas y quienes fueron los protagonistas también; así como el contexto histórico, social y político que catapultó el surgimiento de los primeros esfuerzos por colectivizar una lucha de disidencia sexual en México.

La primera aparición de la homosexualidad en la mirada pública mediática fue en 1901 con la aprehensión de cuarenta y un hombres homosexuales que se encontraban en un baile ubicado en la calle de la Paz. En este evento, la mitad de los participantes eran hombres tenían vestimenta considerada culturalmente como “femenina”. Este suceso no pasó desapercibido pues fue noticia para varios de los periódicos de la época que caricaturizaron y ridiculizaron la mariconería. Durante el periodo del Porfiriato se tenían medidas punitivas que sentenciaban las vidas de las personas homosexuales a vivir en lo marginal, excepto para quienes resultaran hombres con abolengo o un rango militar o político importante como el caso del maricón número cuarenta y dos, Ignacio de la Torre, quien fuera el yerno del presidente y resultara exento a ser sentenciado.

Setenta años después, en medio de un panorama social e histórico turbio que demandaba acción política, se gestó el Frente de Liberación Homosexual de México (FLHM), el primer colectivo a favor de los derechos humanos de las personas LGBT+. Después del nacimiento de esta asociación le siguieron otras más, el activismo LGBT+ empezó por multiplicarse en la CDMX. El movimiento de disidencia sexo-genérica tuvo lazos de alianza con la izquierda, el feminismo y el movimiento estudiantil. Es importante entender que esta alianza se forjaba porque en ese momento había un régimen priísta que trataba de desarticularles, censurarles y que también trataban de perseguirles mediante brutalidad policiaca.  En 1978, en conmemoración del aniversario de la Revolución Cubana, un pequeño número de personas homosexuales participaron como miembros del FLHM. Meses después, para la marcha conmemorativa de los diez años de la represión estudiantil del 68 se formó otro contingente conformado por integrantes de diversas asociaciones LGBT+. Ambos eventos fueron precursores de lo que ocurriría un año después, la primera Marcha del Orgullo Homosexual en la Ciudad de México.

De forma resumida, es todo aquello mencionado parte de la historia del movimiento de disidencia sexual en nuestro país. Una parte ínfima, parcial, blanca y burguesa de lo que se conoce como historia de una población de diversidad sexual, que he de decir, historia que no ha sido plural ni diversa Por ejemplo, es hasta el 2019 que el nombre de la marcha que se realiza anualmente en la Ciudad de México cambia el nombre a ser Marcha del Orgullo LGBTTTI. Sí, cuarenta años más tarde que se realizara la primera marcha.Actualmente, la situación sigue siendo la misma, todas las políticas públicas, los pequeños y medianos avances en la protección y garantía de derechos humanos y el acceso a una vida más o menos digna para las personas de la diversidad sexual se han concentrado en el centro del país. Todo pasa por el centro, es donde se orquestan todos los esfuerzos colectivos con más fuerza. La historia que se cuenta es más en referencia a un elles que a un nosotres.

La historia le pertenece a quienes lo cuentan, lo protagonizan, lo crean. En este caso al centro del país; específicamente a cierta clase acomodada, aburguesada, de abolengo. Le pertenece a les intelectuales y activistas, a los gays y a las lesbianas de las ciudades metropolitanas. A les estudiantes LGBT+ de la Ivy League chilanga: ITAM, COLMEX, Universidad Iberoamericana, CIDE ¿No hay otra historia? Corrijo ¿No hay otras historias desde los márgenes, desde la periferia? No, no es que esas historias no existan, es que todavía no han sido contadas porque se sigue reproduciendo una actitud paternalista, se sigue reproduciendo un racismo epistémico y existe una colonialidad del conocimiento que no permiten que esas voces reivindiquen mediante sus narrativas que han existido y resistido desde antes de aquel baile de los 41.

Hay que apostar por poner lo marginal en el centro, por rescatar una genealogía LGBT+ que sea contada por quienes sus historias les han atravesado sus cuerpos. Hay que apostar por una escritura en comunalidad, en el que desde las diferentes coordenadas en el que nos encontremos podamos articular narrativas heterogéneas, diversas y que nos permitan entender la importancia de no contar historias únicas e incompletas que no hemos vivido. Que sean quienes han escrito su propia historia quienes tengan el derecho de contarla a su manera, con su gente y con su legítimo derecho a reivindicar su existencia rebelde.


Fuentes

“La construcción de cuerpos y subjetividades sexo-género disidentes en Latinoamérica”. Monroy, N. (2020). Revista De Estudios De Género, La Ventana, núm. 52, pp. 100-128, ISSN 1405-9436/E-ISSN 2448-7724

https://www.gob.mx/cultura/es/articulos/breve-historia-de-la-primera-marcha-lgbttti-de-mexico?idiom=es

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Psicólogo. Interés por la educación y consejería de la sexualidad, estudios queer y literatura latinoamericana.

Amo las películas de Yorgos Lanthimos, el jazz, la trova y leer artículos del New Yorker.

Mi libro favorito es “Los recuerdos del porvenir” de Elena Garro.

Convencido de que “lo personal es político”.

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