Todo el cine es política

¿Cómo la ficción que consumes construye tus ideas sobre la realidad? ¿Cuánto es deliberado y cuánto pasa desapercibido? Todas las películas del mundo son películas políticas. Star Wars es una película política. El Rey León es una película política. Parásitos es una película política. ¿Qué culpa se tiene el niño? es una película política. Todas exponen, articulan sobre y como parte de la organización de la sociedad.

El cine es política por fuera: los contextos

El cine es política porque está adherido directamente a estructuras políticas. En México es difícil producir sin fondos de gobierno. En Francia, legislación proteccionista prioriza la exhibición de películas nacionales antes que extranjeras. En Hollywood, los estudios dependen de las deducciones de impuestos que ofrecen los estados, ciudades y países a cambio de filmar en sus jurisdicciones y emplear a sus ciudadanos.

El cine es política cuando es una industria sujeta a todo lo que hay dentro y alrededor de una organización empresarial. Sindicatos, derechos laborales, cabildeo, corrupción, créditos fiscales. ¿No todo eso es política?

El cine también es política cuando no es industria, porque lo amateur es personal y lo personal es político.

El cine es política porque es un medio de comunicación masivo participante en una organización económica capitalista.

En el libro seminal Manufacturing Consent, Edward Herman y Noam Chomsky exploran el rol propagandístico de los medios masivos en Estados Unidos. Más allá del rol coercitivo del estado común en modelos de propaganda soviética, los periódicos y noticieros americanos son instituciones ideológicas que funcionan a través de la autocensura para crear consentimiento en los gobernados (o sea, que se dejen gobernar).

Puesto simple: los medios son un negocio. Los negocios existen para generar ganancias, así que informar o entretener al público solo es un método, no un fin. Un negocio nunca va a retar al sistema del cual depende. Sus mensajes van a ser, activamente o por omisión, subservientes al capitalismo en el que operar.

El cine es política porque, como los medios informativos, tiene la “libertad” de decir lo que quieran, siempre y cuando lo que digan no choque con los poderes que les permiten ser.

Y si no, ¿con qué capital se va a producir? ¿Quién lo va a distribuir? ¿En dónde se va a exhibir? ¿Qué publicidad le va a acompañar? Hay espacios alternativos, sí, pero la imposición desde lo hegemónico es evidente.

Hasta las que se escapan bajo el radar, como Parásitos, están sujetas a la manufactura de consenso. A los Oscars les pareció muy útil para trazar una línea entre “ellos, ricos corruptos” y “nosotros, ricos nobles”, ignorando que su tesis es una crítica al sistema que permite que esos ricos corruptos existan. “No es burgueses contra proletariado, es gente buena contra gente mala” habrá pensado algún ricachón de Los Ángeles.

El cine es política por dentro: las ideas

El cine es política porque construye los imaginarios con los que el público entiende su contexto. Las temáticas que exploran, ideas que proponen y realidades que representan educan a las audiencias sobre qué y cómo deben pensar su alrededor.

Hay películas que son más obvias que otras en lo que argumentan. Es difícil ver Milk y no notar su postura a favor de la participación de personas LGBT+ en cargos públicos. Más complejo es ver El Rey León y percibir su promoción de conformismo a las estructuras de poder hereditarias (recuerden chicos, así como Simba regresa al poder por su propia valentía y liderazgo y no solo por herencia, la élite política y económica es poderosa por su propio esfuerzo y no por nacer en condiciones favorables).

La respuesta inmediata, claro, es que le estoy pensando de más. No hay forma de que a propósito hayan querido decir eso. Es solo una película, relájate.

A eso respondo: (1) hecho a propósito o no, el mensaje persiste; (2) se me hace un poco conveniente que una industria de círculos cerrados y magnates adinerados produzca, por pura casualidad, una película que argumente que el que algunos pocos nazcan arriba y otros muchos abajo es simplemente “el círculo de la vida”, ¿no?; y (3) cuando estas ideas no buscan fomentar reflexión es cuando más poderosas son.

¿Qué es la ideología, más que la mirada hacia la realidad que se enmascara como lo natural, incuestionable, que simplemente es lo que es? ¿No es eso lo mismo que decirle a alguien que “le piensa de más” a una película que no busca provocar?

Todo el cine es político porque las películas no existen en una burbuja. Se informan de su contexto, de las ideas dominantes o por lo menos permisibles, y las plasman a las audiencias. El Rey León le debe al Hamlet de Shakespeare, que a su vez le debe a leyendas europeas, todas difundidas por gente poderosa interesada en justificar la herencia de su propio poder. Si no es a propósito, es porque subconscientemente les validan.

Star Wars es política porque toca temáticas remitentes a la Segunda Guerra Mundial y entable discursos (deliberados y accidentales) sobre opresión y resistencia. ¿Qué culpa se tiene el niño? es política porque ofrece sin cuestionar una mirada conservadora hacia la autonomía corporal de las mujeres y las clases sociales en México.

No creo que las personas detrás de Ghostbusters: Aftermath busquen hilar una nostalgia paralela a la campaña trumpista. Tampoco creo que las películas de superhéroes se hagan para ser fantasías de supremacía blanca como dice Alan Moore. Pero los significados y representaciones están ahí porque están también en los contextos ideológicos donde esas películas se producen y consumen.

El cine es política porque, en su mirada y su proyección, forma una serie de ideas sobre cómo es el mundo y quienes lo habitan. ¿Cuáles forma Hollywood sobre, por ejemplo, el individualismo, la violencia, la raza, la identidad de género o la orientación sexual?

¿Es un protagonista latinoamericano representado de la misma forma o con la misma frecuencia que uno anglosajón? ¿Lo es cualquiera que no sea un hombre blanco cisgénero heterosexual? ¿Es pura casualidad, decisión deliberada de ejecutivos de estudio, o producto inconsciente del espacio donde se produce? ¿Qué prejuicios utiliza, crea y refuerza?

Las historias construyen realidad. Las representaciones son cómo entendemos lo representado. Y Hollywood decide sobre qué y quién, y para qué y para quién, son los cuentos que vemos.

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Comunicólogo, ensayista y crítico. Escribo sobre ese punto de encuentro entre cultura pop y las problemáticas socioculturales para entender a los poderes que las producen y los públicos que las viven.

Mantengo Plumas de Golondrina, un blog de análisis, crítica y reflexión.

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